Después de La soberbia juventud, de Simonetti, Pablo, que se puede leer, sobre homosexuales, pero sin tintes negros, empiezo El guardián entre el centeno, de Salinger —que me daba un poco de miedo por no poder dormir. Voy despacio, como siempre, por que tiene tela marinera, pero es una preciosidad a los ojos de los dioses.

¿Cómo puedo leer cosas tan dispares?: Que le pregunten a Joserri, que yo no tengo la culpa...