Ventilado El nombre del viento. Como comentaba Peto... no pasa prácticamente nada. al menos, nada excesivamente extraordinario. Pero como el autor escribe tan bien y es tan ameno que engancha bastante, aun cuando no ocurra gran cosa, y Kvothe apenas ha entrado en la adolescencia, es de suponer que aún faltan por salir las grandes gestas y hazañas del héroe.
¡Qué curioso!, la participación de Héctor Abad Faciolince en la última página de El País de hoy trata de una anécdota en torno a la búsqueda de un libro descatalogado e imposible de conseguir.
El cuento merece la pena ser leído, está aquí:
http://cultura.elpais.com/cultura/20...73_446433.html
Pero realmente lo que me mueve a relatarlo aquí es que este libro, tan buscado por el articulista, está en la página amiga, bien es verdad que desde hace pocos días. No me canso de repetir el gran invento que supone el concepto de libro electrónico, y ésta es otra de sus maravillosas posibilidades. Y en el caso concreto del cuento éste, la recompensa por encontrarlo es fabulosa.
Contra la seducción:
No os dejéis seducir / no hay retorno alguno. / El día está a las puertas, / hay ya viento nocturno / no vendrá otra mañana.
No os dejéis engañar / Con que la vida es poco. / Bebedla a grandes tragos / porque no os bastará / cuando hayáis de perderla.
No os dejéis consolar. / Vuestro tiempo no es mucho. / El lodo, a los podridos. / La vida es lo más grande: / perderla es perder todo.
Bertolt Brecht
El problema con los libros descatalogados es que las editoriales siguen teniendo los derechos de autor porque se firman por periodos muy largos de tiempo (un mínimo de 20 años).
A las editoriales, mientras los libros solo se editaban en papel, no les traía cuenta sacar una nueva edición de un libro que apenas se vendería, pero llega la era digital del libro electrónico... y siguen sin hacerlo, de modo que habrá miles de libros descatalogados que estarán pudriéndose en algún archivo de esas editoriales a pesar de que podrían estar sacando algún beneficio si los colgaran de sus webs de venta, y los autores tampoco pueden hacer nada porque tienen secuestrados (literalmente) sus derechos.
Otra "ventaja" del copyright.
Mal de muchos, etc, sin embargo es un alivio encontrar que a gente normal le sucede lo mismo que a mi.
Y el resto, no sé ni cómo lo hacéis.
Quizá tengáis varios libros abiertos a la vez, algo que yo hasta hace no mucho, no podía hacer. Ayer mismo terminé Tigana, de Kay Guy Gavriel, autor también de la trilogía El tapiz de Fionavar.
Lo leí por la recomendación de Jon Nieve, pero aunque según él, era mejor que Fionavar, bajo mi punto de vista, no puedo decir tanto. Pese a todo, es un libro muy entretenido que se lee muy bien.
Empecé también ayer El atlas de las nubes, después de haber visto la película, no haberla entendido en buena parte, pero incomprensiblemente, gustándome mucho.
Y el libro se lee muy bien. Me recuerda a Jack London en los relatos de los mares del sur, a Defoe, en Robinson Crusoe y a otras lecturas. Mas me cuesta entender la geografía que recorren, por eso la paso por alto. Supongo que cada lector toma del libro lo que puede. Por tanto a mi se me deben escapar un montón de detalles, todos importantes, y me quedo, tan sólo, con las historias.
Al tiempo, tengo abiertos, el Matadero 5, y Matar un ruiseñor, que aunque me gustan, no he decidido darles puntilla.
Y además pienso, qué puedo leer de fantasía, tras acabar Abercrombie y G. G. Kay.
Se aceptan propuestas, aunque no prometo seguirlas.
Gracias por leer. Saludos.
Hay un hilo abierto por Ersott donde pusimos varias sagas de fantasía interesantes.
Puedes acariciar a la gente con palabras. Francis Scott Fitzgerald
Leer surte un efecto peligroso: Encender fuegos artificiales en la intimidad del cerebro. Terry Pratchett
Creo que, al igual que otros muchos (incluso foreros de por aquí), me sentí impresionado por la maravilla que fue en su momento El Nombre de la Rosa, una intriga bien urdida y una narración impecable y elevada calidad artística y cultural.
Basados en esta novela, devoramos, o, mejor dicho, lo intentamos, al menos yo, hacer lo propio con El Péndulo de Foucault. No sé si por excesivas expectativas, o porque el libro era realmente demasiado cerrado, demasiado erudito, yo no logré pasar de las veinte páginas. Era el primer libro que dejaba colgado (también he dejado colgado el Ulises, y también de haber disfrutado con otras obras como El Artista Adolescente o Dublineses).
Después de este preámbulo, conocí la novela Baudolino, y, de alguna manera, parecía que tenía una deuda para con Umberto Eco por el feo que le hice al Péndulo. Así que me puse a leerlo, y a terminarlo. Y me ha gustado, es una novela de aventuras, casi al estilo de la Odisea, nada convencional con muchísima fantasía, unida a escenarios e historias reales, mezclándolas sabiamente.
Al que la inicie que no se sobresalte por el primer capítulo, escrito en una jerga casi ininteligible e inventada. Solo es el primer capítulo, del que pongo un párrafo:
et mientra vamos ke hya veíanse los campamentos llega una compannia de caualleros todos bardados ke en el momento ke nos veen ponense de hinojos et abaxan las astas et las ensennas et cinxen los espadas, pero ke ha de ser heme dicho et esotros a grytar Chaiser kaisar de acá et Keiser de allá et Sanctissimus Rex et bésanle la mano aqvel sennor et yo qasi váseme la mandíbula fuera del so lugar por esso de la boca abierta como un forno porke solo al ora enteindo ke aquest sennor barbirrojo era el imperator Fridericus en karne et huesso et yo auiale contado bolas tuta la noch como si fuere un Chulandario qual quiera
Esto es cosa del traductor ya que, aunque difílcilmente, casi se puede seguir el hilo. Yo lo he hecho con un par de párrafos, la verdad, y, alarmado, salté al capítulo segundo y a correr.
El lenguaje de toda la obra es notable, con algunas palabras del dialecto natal de Baudolino y muchas otras que lo parecen pero ¡existen!. Aconsejo leer en un lector con diccionario porque hay palabras bellísimas, ya perdidas u olvidadas, que siguen teniendo significado en la actualidad. Por ejemplo:
El Diácono se excitaba, pedía que te siguiera contando, preguntaba cómo eran los cabellos de Melisenda, condesa de Trípoli, los labios de aquellas fúlgidas bellezas que habían encantado a los caballeros de Brocelianda más que el santo Greal; se excitaba. Dios me perdone, pero creo que una o dos veces tuvo una erección y sintió el placer de derramar el propio semen. Y aún intentaba hacerle entender lo rico que era el universo de especias con perfumes enervantes, y, como no las llevaba conmigo, intentaba recordar el nombre de las que había conocido así como el de las que conocía sólo a través de su nombre, pensando que aquellos nombres lo embriagarían como olores, y le mencionaba el lauroceraso, el benjuí, el incienso, el nardo, el espicanardo, el olíbano, el cinamomo, el sándalo, el azafrán, el jengibre, el cardamomo, la cañafístula, la cedoaria, el laurel, la mejorana, el cilantro, el eneldo, el estragón, la malagueta, el ajonjolí, la amapola, la nuez moscada, la hierba de limón, la cúrcuma y el comino. El Diácono escuchaba en los umbrales del delirio, se tocaba el rostro como si su pobre nariz no pudiera soportar todas esas fragancias
Lo recomiendo.
Contra la seducción:
No os dejéis seducir / no hay retorno alguno. / El día está a las puertas, / hay ya viento nocturno / no vendrá otra mañana.
No os dejéis engañar / Con que la vida es poco. / Bebedla a grandes tragos / porque no os bastará / cuando hayáis de perderla.
No os dejéis consolar. / Vuestro tiempo no es mucho. / El lodo, a los podridos. / La vida es lo más grande: / perderla es perder todo.
Bertolt Brecht
El péndulo de Foucault se me atragantó en la página 48. Literalmente se me cerraban los párpados a las dos páginas leídas.
Solo la constitución española ha tenido un efecto en mi igual de soñoliento (no por ideas políticas, sino por lo insufrible de su lectura).
Fue uno de los libros de cabecera en mi despertar como lector, y le tengo cariño.
Cuando salió la del Péndulo, la leí, pero no llegué a entender gran cosa.
Baudolino, pese a estar bien, no me convence. Ya no parece Eco.
Quizá por lo que dices de las expectativas.
Y Ulises... el libro que nunca empiezo.
Gracias por compartirlo.