De Muñoz Molina sólo he leído el viento de la luna. Me gustó, aunque su estilo tal vez me resulte demasiado reiterativo en la forma en que prolonga sensaciones y descripciones.Yo he leído "Todo lo que era sólido" y, sinceramente, me parece que una idea que empieza siendo buena se transforma en una serie de repeticiones que hacen que parezca un pepino. Aparte, lo siento, ahora todo le parece mal, ¿antes no estaba allí, en sitios como el instituto Cervantes?
Sobre Todo lo que era sólido, sí, claro, da vueltas repetidas veces sobre las mismas cuestiones. Y, disiento contigo, no me parece mal. En este país, todos, absolutamente todos tenemos, parece, memoria de pez, aunque por dentro andemos lamiéndonos heridas de largos y correosos años atrás.
En realidad, el catálogo de debes que va enumerando es el que nos hemos labrado entre todos.
Y sí, resulta monocorde, porque monocorde ha sido el discurso que ha imperado demasiado tiempo y con el que tanto hemos gozado.
No obstante, tal vez no sea el mejor libro si el lector anda buscando discursos más optimistas o brotes verdes que pongan luz al final del túnel.
De su situación personal, ni entro ni salgo, a sabiendas que por lo que cuenta, también sacó tajada de la época y la situación.
Eso no quita mérito, si lo tiene, a lo que escribe.
Hace un tiempo recorté un artículo suyo, breve, en algún periódico o dominical, y a veces lo he leído a los padres de mis alumnos, y aunque no son palabras textuales, viene a decir que la salida de esta situación pasa porque cada uno nos dediquemos y nos responsabilicemos de nuestra tarea personal: los profes, a enseñar, los alumnos, a aprender, los padres a hacer posible que sus hijos aprendan. Y así con todo.
Señores, que ustedes lo disfruten. O lo olviden sin pena.
Saludos.



) a mí personalmente me terminan cansando.












