Hace unas semanas terminé El curioso incidente del perro a medianoche y, en general, me gustó. Más la primera parte que la parte final en la que entra en escena los dramas cotidianos de tanta gente. Pero durante gran parte de la novela, me parecía muchas veces que estaba en el cuerpo de Christopher, viendo a través de sus ojos, comprendiendo el mundo a través de su privilegiado cerebro. Me ha gustado cómo me ha envuelto en ese mundo tan personal, tan exclusivo.
Ahora leo Cordero. No es un libro de carcajada, pero está bien explorar ese otro punto de vista.
Y, en plan audiolibro, para amenizar mis paseos, me he oido Como agua para chocolate, Drácula y Emma, y otros cuentos y obras menores. ¡Qué buen invento lo del audiolibro!












