Gracias.
Ya los tenía. Menos mal que Amazon te recuerda los que has bajado. Muy útil. En este caso no me hubiera salido muy caro el olvido, pero es bueno que te lo recuerde, ya que a veces pasan meses antes de que me ponga a leerlos.
Gracias.
Ya los tenía. Menos mal que Amazon te recuerda los que has bajado. Muy útil. En este caso no me hubiera salido muy caro el olvido, pero es bueno que te lo recuerde, ya que a veces pasan meses antes de que me ponga a leerlos.
Contra la seducción:
No os dejéis seducir / no hay retorno alguno. / El día está a las puertas, / hay ya viento nocturno / no vendrá otra mañana.
No os dejéis engañar / Con que la vida es poco. / Bebedla a grandes tragos / porque no os bastará / cuando hayáis de perderla.
No os dejéis consolar. / Vuestro tiempo no es mucho. / El lodo, a los podridos. / La vida es lo más grande: / perderla es perder todo.
Bertolt Brecht
Acabo de caer en la cuenta de que no te comenté nada aquí, aunque ya sabes por goodreads que la leí hace poco.
Si alguna vez sueño con un payaso mohoso, ya sé de quién es la culpa.
Y dicho esto, Las risas… es un buena historia de suspense, que engancha y mantiene al lector aferrado al hilo argumental desde el primer capítulo al último. Desde mi punto de vista, sus capítulos cortos y ágiles van encajando como si se trataran de piezas de un puzzle, llevándonos hasta el final, digno de cualquier novela negra que se precie.
Dos cosas me gustaría destacar de la novela, una el dinamismo, el efecto de avance continuo, como si estuviéramos siendo arrastrados por un mecanismo de engranajes. La otra, es la atmósfera irreal, como de espejismo, que acompaña en gran parte de los capítulos, reforzada por el hecho de que el misterio se nos sirve en muy pequeñas dosis.
Los personajes requieren un pulido, como ya te comenté, pero tienes buenas ideas y las plasmas de un modo que a mí, particularmente, me gusta.
La siguiente, ya está en mi pocketbook,![]()
Puedes acariciar a la gente con palabras. Francis Scott Fitzgerald
Leer surte un efecto peligroso: Encender fuegos artificiales en la intimidad del cerebro. Terry Pratchett