Recibido el nuevo Kindle con pocas alegrías, la impresión general es que han reducido peso y tamaño, la carcasa parece de un material más rígido y duro, mientras que el diseño en conjunto y en detalle se orienta hacia un minimalismo funcional con reminiscencias industrializantes que coordina incluso en la elección de los salvapantallas, apostando por el color gris rata urbana como elemento de percepción visual neutralizante. Por supuesto es de agradecer el menú en español y la inclusión del DRAE.
Hasta ahí las relativas buenas noticias, porque las demás son bastante malas ya que la pantalla, si bien refresca con liviandad al paso de las páginas, ha perdido de manera visiblemente catastrófica gran parte de la nitidez y contraste del K3 de forma medible. Ya en los vídeos de alta definición colgados en la red se podía atisbar el fenómeno, especialmente durante las secuencias comparativas, que ahora hemos constatado en la visión directa. El fondo está blanqueado, y parece como si se les hubiera ido la mano en el uso del detergente, quizá para ofrecer una apariencia más limpia y comercial, pero el resultado es que se les ha ido por la cañería hacia las cloacas no solo el tono de la desleída carcasa sino la esencial calidad de visualización de la pantalla, empobreciendo la saturación de la tinta líquida y difuminando el perfilado de las letras contrastadas sobre el fondo claro.
En fin, no es lo que esperábamos algunos de la hasta ahora excelente evolución del Kindle. El producto no nos parece rematadamente mal pero supone un cierto paso atrás en un aspecto fundamental para la buena experiencia de lectura como es la nitidez de la pantalla.


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