Todo vino de un comentario que le hice a Alberto y que todavía creo, que era que la historia, como libro, valía poca mierda, pero que había visto películas de CF con historias bastante más chungas. A patadas.
Alberto nunca tuvo la intención de intentar siquiera publicarlo, hasta que pudo hacerlo por la cara. El cálculo es que le han leído unos 60 amigos y unos 10 o doce desconocidos (creo que es el recuento que salió aquí, junto a alguna amiga de ExVagos y alguna otra amiga de ExVagos y de aquí

. Las críticas de los amigos (incluso las de las amigas de X) fueron bastante mejores que las de Lectores electrónicos, lo que dice mucho de la calidad cultural de las amistades que Alberto y yo compartimos, de la gente de X y de la poca idea que tenéis vosotros, panda cabrones
Que me voy del tema. La cosa es que de charleta, bebiendo alguna birra y rulando unos petas, como de costumbre, surgió una frase que a veces usaba para mi guitarra y que también he aplicado posteriormente a los libros (fue la razón por la que regalé casi todo mi papel) y que será lo más poético que he dicho nunca (es que no soy muy poético, yo): Un libro que nadie lee queda mudo. Seguro que algún otro jodejuegos lo ha dicho también, pero yo también.
Había que hacer algo con la historia, porque nos gustaba, porque era nuestra (bueno suya, pero un poco mía también), porque no podía quedar muda en una estantería (en aquella época tenía una copia en papel, con tapa dura de cuero encuadernada y cosida a mano que le curré cuando dio la historia por terminada y revisada).
Dado que no valía como novela, a lo mejor podía valer como guión (o guion), pero no en España, que no había pasta para hacer una peli así, mejor en USA. Y a quién le mandamos el libor a USA, en español, con la mínima esperanza de que se lo pueda leer? A nadie. Y a quién se lo podemos mandar aquí con la mínima esperanza de que pueda llevarlo allí? A Antonio Banderas.
Ahí entró en juego un tercer amigo, el que tocaba la batería en el grupillo que tuve (bueno, lo llamo grupillo como llamo a lo otro novela, con mucho morro), que tenía familia en Marbella y que pasaba allí todo el verano. Su hermana curraba en un restaurante majete y nos consiguió la dirección de Antonio Banderas. El Batera tenía mejor opinión de la historia que yo mismo yel verano siguiente, metió la historia en el buzón de la puerta del chalet de Antonio, con una carta que le invitaba a leer un par de páginas y mandarlo a hacer puñetas si no le enganchaba.
Por supuesto, no pasó nada. Nadie le llamó, nadie le robó la historia. Probablemente, alguien del servicio de Banderas la cogió y la tiró directamente a un cubo de basura lleno de obras iguales o mejores que la nuestra. Incluso es muy posible que ni siquiera tuviéramos la dirección correcta. A saber. No importó, no importa. Lo que nos motivó fue la convicción de que no se podía dejar la historia, cualquier historia, en un cajón, a pudrirse, muda. Había que intentar algo y era precisamente en intentarlo donde estaba nuestro fin y nuestro premio. Lo intentamos. Fracasó, por supuesto. Pero lo intentamos, joder.
Como dice Libe, por Brod
Y moló mazo.