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Tema: Antigua Vamurta - Saga Completa

  1. #11
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    Predeterminado Re: Antigua Vamurta - Saga Completa

    Buenas Curecrow.

    Lo cierto es que he profundizado mediante un puñado de relatos que puedes encontrar en el blog:
    - El Canto de Ulam
    - Un día y una noche, de la Ermesenda joven.
    - Taonos o las Gargantas del Diablo, sobre el joven veguer de la Marca sur
    - Y La Mujer de Nieve, sobre un magíster de las Colonias.

    Están bajo la pestaña de "Cuentos Fantásticos". Quizá más adelante escriba algún otro, sobre el murriano, sobre el Doplo, sobre los sufones también me gustaría añadir algo. Eso, pues con los años. Ahora mi prioridad es trabajar, llegar a fin de mes, que lo tuve demasiado desatendido eso.

    Es verdad lo que comentas sobre que da para más. Yo también lo percibo. Y si lo pienso mucho, hiervo, me puede la rabia. Cuando, tres años atrás, empecé a escribir el segundo libro de Vamurta me enfrenté al siguiente dilema: ¿Será capaz de acabar? Escribir es destinar grandes esfuerzos a algo que flota. Luego, me hice la siguiente pregunta: ¿hasta qué punto es justo dejar colgado a un lector a quien a lo mejor le ha gustado la historia? Me parece terrible eso, algo así como una estafa. Así que decidí comprimir dos libros en uno. Y llegar al mar, como los guerreros de la Anábasis alcanzaron el Mar Egeo para poder volver a casa.

    Así que acabé la historia y ahora la he publicado. Te juro que hoy, a esta hora, y ayer a la misma, me veo incapaz de escribir algo así. Quizá en verano piense otra cosa, pero ahora me vería incapacitado para un tercer libro. Sería como si me pideran que subiera el Everst.

    Bueno, lo del éxito. Un libro de éxito o bestseller en España requiere de una inversión de entorno los 700.000 euros (medios, publicidad, críticos, etc.). Estaría bien tener éxito porque sería comprar tiempo para escribir más. Mis previsiones son muy modestas.

    Curecrow, es un placer. Además, con tus comentarios me has hecho recordar cosas importantes y me hacen pensar.
    Un abrazo.
    Última edición por Igor; 06/04/2013 a las 22:08

  2. #12
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    Predeterminado Re: Antigua Vamurta - Saga Completa

    Antigua Vamurta (I y II) - la Saga Completa. Un largo y fascinante viaje por un mundo fantástico de cientos de páginas. Se cierra así este relato de aventuras que es también una historia de amistad, amor, guerra y esperanzas. Una epopeya, al fin, por un universo de fantasía antiguo y nuevo a la vez. Si os gusta la literatura fantástica el libro no os defraudará.

    Antigua Vamurta I y II es uno de los títulos notables del 2013 en el panorama literario, aunque su éxito sea modesto. Es una novela “grande” por su envergadura, por su ambición —pues se erige todo un nuevo mundo—, por reformular el género de fantasía, que está algo anquilosado, y por la calidad de su factura, en cuanto a la propia narración y su corrección.




    Antigua Vamurta - Saga Completa, combina el realismo y lo fantástico. Se describen unas razas, unos pueblos y unos protagonistas a partir de una hipotética veracidad, de modo que al lector le parezca que todo lo narrado sucedió en verdad. Hasta a mí me lo parece. Ese es el gran reto. La trama funciona como una novela histórica, con la excepción de la aparición de la magia a partir del segundo libro. Aún y así, creo haber logrado una reformulación de los viejos tópicos, creando una novela de lectura aparentemente sencilla que arranca con el asedio al viejo mundo de los hombres grises.

    Atigua Vamurta, la saga completa, es una autoedición. Como muchos sabréis, publiqué el primer libro con la editorial Grupo Ajec. Este sello de Granada ha desaparecido incumpliendo lo pactado. ¿Por qué autopublico y no busco otra editorial? Son muchas las razones y esta fue la primera de las decisiones, ir por libre. Me falta fe para buscar otra editorial. No sólo fe, también tiempo. Y, además, me hice la siguiente pregunta: sabiendo que el libro está acabado y la trama cerrada, ¿cómo me puedo justificar frente a aquellos que leyeron y disfrutaron del primer libro? Porque buscar otra editorial significaba publicar de aquí a un año, o dos o tres, en el mejor de los casos.
    Lo de “Saga Completa” es para evitar confusiones. Para remarcar que la historia se cierra, que llega hasta el final.

    En la portada figura mi seudónimo, Igor Kutuzov. Realmente quise salir con mi verdadero nombre, pero la diseñadora de la portada olvidó este detalle. Al ver los primeros resultados del diseño, al ver la fuerza que tenía “Kutuzov” le dije: “¡no toques nada!” Así, por accidente, sigo siendo Igor y no Lluís. Soy un escritor al servicio de la historia, del relato, de los sueños.

    Disfruten Antigua Vamurta.

  3. #13
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    Predeterminado Re: Antigua Vamurta - Saga Completa



    Y ahora podéis descargar gratis en PDF los 5 primeros capítulos de Antigua Vamurta - Saga Completa. No se necesita darse de alta en nada, es descarga directa.

    https://sites.google.com/site/antiguavamurtapdfgratis/

    Disfruta Antigua Vamurta

  4. #14
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    Predeterminado Re: Antigua Vamurta - Saga Completa

    Y otro fragmento para degustar...

    Dos pequeñas sombras se desplazaban sobre la nieve. Una esperanza los impulsaba a continuar: ver en el horizonte la Ciudad de los Lagos. Alcanzaron los campos que circundaban aquel gran burgo cuando el sol era intensa luz naranja. Seguían adelante sin casi sensibilidad en sus extremidades, las manos escondidas en las mangas, la cabeza encorvada bajo las capuchas. Sara se frotó las manos y le pareció que palpaba un trozo de madera helada.
    A medida que avanzaban, empezaron a coincidir con otros, gentes de los campos, que como ellos se dirigían hacia la seguridad de las murallas, tapados con ropas viejas y mantos cubiertos con polvo de nieve. Aquello significaba que se encontraban en la vía que llevaba a los lagos y eso ayudó a serenarlos. A sus espaldas, a lo lejos, vieron un grupo que se movía muy deprisa. Parecía una caravana. A medida que aquellos se acercaban, vieron que se les acercaban unas extrañas cabalgaduras.
    —¡Renos! —gritó un hombre que los seguía. Acto seguido todos los que se encontraban en el camino se apartaron para dejar paso a aquella hilera de jinetes. Sara y el conde empuñaron sus armas con discreción, pero nada pasó. Un grupo de sufones montados sobre grandes animales de poderosa cornamenta retumbó sobre el camino.
    Era la primera vez que veían renos, hermosos, sus enormes testas protegidas por frontales de cuero endurecido que se alargaban hasta las pecheras. El oscuro color de su piel y cabellos contrastaba con las corazas blancas de sus caballeros. El conde pensó en los ciervos de combate murrianos, pero aquellos animales parecían más temibles, dotados de largas patas peludas y cuellos anchos como un palo mayor.
    Se quedaron sobre la nieve, inmóviles, viendo pasar la caravana como una exhalación, el relinchar de los renos, los vahos que emanaban sus grandes fosas nasales. Quince, veinte sufones contó el conde, todos armados con ballestas ligeras, lanza corta y espada. Los renos, al pasar, dejaron una nube de nieve en suspensión y profundas huellas en la calzada.
    —¿Hay guerra aquí también? —preguntó Sara, impactada ante aquella imagen.

  5. #15
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    Predeterminado Re: Antigua Vamurta - Saga Completa

    Ah, olvido siempre decir una cosa: el ebook de Antigua Vamurta (Saga Completa) está libre de DRM, creo que se llama así. De modo que puede pasarse el archivo de un dispostivo a otro. Me lo señaló un lector y creo que es más importante de lo que yo creía.
    Saludos.

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  7. #16
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    Predeterminado Re: Antigua Vamurta - Saga Completa

    Tengo que sacar tiempo para leerte, Lluís,
    Puedes acariciar a la gente con palabras. Francis Scott Fitzgerald
    Leer surte un efecto peligroso: Encender fuegos artificiales en la intimidad del cerebro. Terry Pratchett



  8. #17
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    Predeterminado Re: Antigua Vamurta - Saga Completa

    hola Anabelee,

    No te arrepentirás de cruzar las puertas de Vamurta. La niebla se levanta y el camino queda libre, para que lo explores.

    Por cierto, fantástico el poema de Poe que te da nombre. Y gran versión de Radio Futura, ¡qué canción!

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  10. #18
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    Predeterminado Re: Antigua Vamurta - Saga Completa

    He aquí el segundo avance. Disfruten.




    «No muy lejos de allí, junto a la entrada de la ciudad, el antiguo conde de Vamurta se mordía el labio, prisionero de sus dudas. «¿Con cuántas lanzas cuento realmente? A muchos de los que hemos sacado de sus casas apenas los conozco de vista. ¿Cuántos sabrán luchar?». Miró la bóveda oscura del cielo y se dijo: «el vesclano tiene razón. Los mercenarios de Asch cuentan con renos, por mucha distancia que pongamos de por medio esta noche… Y nuestro rastro será como seguir a un buey herido en la nieve». Se encontraba rodeado de gentes de armas, pero también de tenderos, herreros, niños, curtidores y ancianos. No podrían escabullirse en el bosque y desaparecer.
    —Lateas, acércate —dijo.
    El viejo vesclano se aproximó, arrastrando su cola con cuidado. Sus grandes ojos redondos esperaban algo, chispeantes.
    —¿Dónde se han atrincherado los vesclanos de Icet?
    —En un almacén del muelle. Uno de los nuestros los vio resistir allí antes de que cayera la noche. Han fortificado el edificio, pero están rodeados. Hay arcabuceros de Asch parapetados en los edificios cercanos, esperando a la infantería al amanecer para lanzar el asalto.
    —¿Cuántos son, vesclano?
    —Muchos. Quizás sesenta de los míos y una nutrida compañía de mercenarios, hombres grises. Sin pequeños, prestos para luchar.
    En las penumbras, Serlan podía adivinar la sonrisa esperanzada de aquel ser retraído, cuya voz parecía emerger de la oquedad. Con las fuerzas de Icet, la huída contaría con mayores garantías.
    —¿Cómo podemos avisarlos, sabrán que vamos a ayudarlos a romper el cerco?
    —¡Oh, Señor! ¿No lo sabéis? Claro. Usaremos el código de Sende, la voz de pájaro. Pero, ¿y los arcabuceros?
    —Me atrevo a pensar que no saben que estamos aquí. Y de noche, con un enemigo que les llega por la espalda, las bocas de sus muchas armas de poco servirán —contestó Serlan—. Además, el murriano está creando confusión en su patio trasero.
    Al otro lado de la Ciudad de los Lagos los incendios en el barrio sufón empezaron a formar una pared de fuego, una línea que crecía voraz. Desde la puerta se oía perfectamente el desconcierto causado por el murriano y los dos grises.
    —Y, ¿cómo se saca a una rata escondida de su guarida? Ocúpate de ese canto de pájaro, vesclano, y agrupa a la mitad de los nuestros, a los de confianza. Que Sara y Eszul se queden aquí, asegurando nuestra retaguardia.
    El conde se había girado para dar las nuevas a los suyos, cuando notó los dedos largos de Lateas sobre su espalda.
    —En ese almacén están nuestros jóvenes —dijo el vesclano—. Algunos de los mejores de cada linaje. Mi pueblo no olvidará vuestro gesto.


    En fila de a uno, pegados a las fachadas de la Avenida del Tardo que partía de la puerta, se adentraron en el barrio de los muelles, hasta ocupar en silencio los alrededores de los embarcaderos. Serlan había prohibido los filos largos; al igual que una pandilla de bandoleros, iban armados con dagas, cuchillos, puñales y hachas para no estorbarse una vez dentro de las viviendas. Les llegó el eco de un barullo formidable desde la otra punta de la urbe y el conde temió por Aldier o por el inicio de un ataque de las gentes de Asch.

    Los vesclanos señalaron con gestos el almacén donde se habían hecho fuertes sus hermanos. Tal y como le había anunciado Lateas, era un edificio sólido de una única planta aunque su techumbre era de madera, lo que convertía aquella posición en insostenible en el caso de que los sufones lograran incendiar el tejado. Aquel depósito, muy cercano a la orilla y a los pontones, quedaba aislado. Enfrente, parapetados tras puertas y ventanas de un edificio, asomaban los vigilantes arcabuces del señor sufón. «Las armas de Leandra», recordó el conde, con un hilo de melancolía entretejido con la tensión del momento. Aquella amenaza se repetía en dos casas más, escogidas por sus muros de piedra. Viendo los cuerpos sin vida tendidos sobre la arena y sobre el empedrado del Tardo, resultaba evidente que los vesclanos habían luchado hasta ser forzados a buscar refugio, sin posibilidad de huída. Los sufones habían cerrado su puño de acero sobre aquellos desdichados.
    —Escuchad, la sorpresa es nuestra mejor arma. Entraremos en tromba en el primer edificio. Metedles la daga entre las óseo-placas o cortadles las trompas. Los primeros en actuar, conmigo. Subiremos a la segunda planta sin descanso —ordenó el conde.
    —¿Y los otros sufones? —preguntó Lateas.
    —Liberando un flanco debería ser suficiente. Repetid la orden al resto y, vos, os lo ruego, empezad a cantar.
    Se oyó la quejumbrosa voz de un búho sobre el constante romper del lago contra los embarcaderos. Una hembra pareció contestar y el macho replicó, con un canto que era alegre. El hombre rojo y dos grises, entre los más corpulentos, se habían situado delante de la portezuela lateral de aquella casa atestada de enemigos. «¡Ahora!», escucharon. Los herrajes saltaron por los aires y, con el conde detrás de ellos, penetraron en la casa como una exhalación, barriéndolo todo. Los sufones, sorprendidos y pendientes de los vesclanos que tenían delante, nada pudieron hacer para frenar la furia de aquella acometida. En el caos, Serlan acuchillaba con una daga en cada mano todo lo que tuviera un rostro blanquecino y una túnica roja. En las tinieblas de aquel interior el entrechocar de los aceros resonaba como mil martillos besando, incesantes, los yunques. Por un instante, rodeado en una esquina, el conde gritó: «¡Al primer piso!». Una cerrada descarga recibió a los primeros en subir, destrozando los cuerpos de un joven vesclano y Ventura. Pero aquella fue la única resistencia. La casa fue tomada en un abrir y cerrar de ojos, con tan solo dos muertos y un herido.
    Al asomarse por una de las ventanas, Serlan observó a los vesclanos de Icet intentando abandonar el almacén para llegar hasta ellos, pero varias andanadas de los sufones apostados en los otros dos edificios les impidieron la salida. Entonces volvieron al interior del edificio e intentaron dañar a sus enemigos disparando sus arcos y ballestas.
    Desde el fondo de la avenida les llegó el eco de un estrépito de cascos. No podían vislumbrar nada, pues las sombras devoraban la calle, pero pudieron intuir que algo se movía muy rápido. El conde distinguió un aullido, un sonido desgarrado que conocía».

  11. #19
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    Predeterminado Re: Antigua Vamurta - Saga Completa



    37
    oquadé




    Mientras se dirigían a la puerta de la ciudad, Eszul avisó al conde:
    —Esas de allí, las que nos reciben. Son sacerdotisas, todas.
    — Está bien. No tenemos nada que esconder, Eszul. Nos mostraremos tal como somos.
    Siete damas de altura formidable aguardaban, rodeadas por una cohorte de guerreros sosteniendo el emblema negro y rojo de la ciudad, que flotaba sobre una gran asta. No era lo que tenían en mente, cuando les hablaron de Oquadé como una ciudad permisiva. Abrigadas con varias capas de tejidos finos de algodón negro, bajo los mantos se podían entrever una infinidad de argollas de acero que las aprisionaban. Sonreían, pero sus miradas eran gélidas como una mañana de invierno zaherida por el viento. Querían saber, eso el conde lo entendió enseguida. Los capitanes de la hueste caminaban lentamente, como si estuvieran en una ceremonia. Bajo los grandes aros, las sacerdotisas vestían una malla blanca que sobresalía en cuello y
    mangas. Las largas uñas de las damas trazaron gestos extraños en el aire. ¿Los bendecían, los exorcizaban? No eran mayores, eran féminas de mediana edad y jóvenes también, pulcramente pintadas para la ocasión. Negro en torno a los ojos, morado oscuro en los labios, rojo chillón en las mejillas. Hermosas a su modo ancestral. Al llegar a su altura, observaron sin disimulo a la Bálkida, Eszul.
    —Una mujer roja con gentes grises y vesclanos —dijo una.
    —¿Para qué los seguirá? —preguntó otra.
    —¿Por qué habéis venido a Oquadé, ciudad del límite? —inquirió una tercera.
    Serlan dio un paso al frente. Antes de que pudiera abrir la boca, la más pequeña de todas ella, que era algo más alta que el antiguo conde, se situó frente a él. Cerró los ojos y apoyó sus palmas cobrizas sobre la frente del estratego. Se hizo un silencio absoluto, los hombres de armas de la aldea los vigilaban con atención.
    —Podréis entrar en la ciudad —dijo la mujer, despegando sus manos del cráneo del capitán.
    —Entrar pero no dormir —añadió otra.
    —Y queremos saber. Saber quién es esa mujer roja, saber de la muchacha sin mano, saber. Saber sobre vosotros, los errantes. Sois nuestros invitados.
    El conde asintió y les prometió contestar a sus preguntas. Sara las miraba, callada, sin que su expresión delatara lo que pensaba. Eszul, altiva, sonreía con malicia. Las sacerdotisas se hicieron a un lado, y los capitanes avisaron a la tropa de que se les permitía entrar.
    Oquadé no se parecía al resto de ciudades libres. Se podría decir que solo existía una calle, tan amplia que por ella podrían transitar cuatro caravanas pegadas las unas a las otras, y el resto eran viviendas con fachada a estrechísimos callejones. Todas las casas tenían amplias ventanas para absorber la poca luz que llegaba del cielo y pequeños balcones floridos. En algunas azoteas se habían construido minúsculas jaulas de vidrio donde, acaso, alguien podía meditar o simplemente ver la lluvia caer sin mojarse. Lo sorprendente era que las fachadas estaban profusamente adornadas con bajorrelieves y pinturas de motivos alegres, desde estrambóticos conjuntos florales hasta animales y representaciones de los oficios. Unas imágenes que contrastaban con el acre olor a hierro fundido que se esparcía en el aire. Algunos propietarios de viviendas incluso plantaban árboles y flores sobre los tejados, lo que, a veces, daba la sensación de estar bajo un jardín. En aquella humilde urbe norteña, sus habitantes se preocupaban por ser felices.
    La hueste avanzaba maravillada por la única avenida, abriéndose paso entre el gentío; los renos lanosos y malolientes, los mercaderes que se frotaban las manos viendo a tantos posibles compradores juntos ante sus puestos de venta. Los niños corrían entre sus piernas, admirándolos. Lemas, jugueteando con su cuchillo de matarife, pensaba que nunca los habían recibido con tanta cordialidad. Una de las callejuelas hedía a cuero curtido, la calle de los carpinteros a madera cortada y de la de los tejedores llegaba un caos de voces. Allí los aprendices cantaban mientras hilaban.
    —Algo en vos les ha gustado a esas sacerdotisas, señor —dijo Eszul a Serlan—. Cuidaos de ellas.

    A su lado, Éccate se intranquilizó. La pronta aparición de unos malabaristas que pedían la voluntad por su arte, lanzando aros de colores, los distrajo.
    —De cualquier modo, cuidémonos de no disgregarnos por este bello laberinto —avisó Serlan a los mandos.
    El griterío aumentaba. Llegaban a la plaza cuadrada, la única en toda la aldea, donde se aglomeraban las caravanas, el mercado y los dioses de todas las procedencias. Olía a especias y a metal, a pan recién hecho. Las estatuas de Onar y Sira convivían en armonía con las de Zintala, Osapa y Tamboras, de los hombres rojos. Lateas se alegró de ver un pequeño templo dedicado al Boadhais, cuya fachada estaba prácticamente forrada con musgo en toda su superficie, cuidadosamente regado y cortado.
    —Aquellos son los edificios del Consejo —señaló el viejo vesclano—. Aunque parecen un gran bazar, si no fuera por esos guardias imponentes. Y aquel gran palacio es el de las sacerdotisas, llamado del Consejo, donde deciden junto a los prohombres de Oquadé. La plaza la llaman Las mil puertas, y es bien conocida por nuestros mercaderes.
    Enseguida comprobaron que la colonia de hombres rojos era la dominante en la urbe y que su gobierno permitía y alentaba a cualquier recién llegado, fuese de la creencia que fuese.
    Icet, que se había quedado atrás con sus vesclanos más próximos, lo observaba todo con su mirada taimada. En aquel gran mercado que era la plaza central de Oquadé, llegaban expediciones comerciales de todos los rincones de las colonias. Incluso podían encontrarse armas y artesanía que nunca antes habían visto: espadas exageradamente curvadas, arcos pequeños y manejables para jinetes, arcabuces de cañón esbelto, cerámicas esmaltadas de cuello alto y estrecho, tejidos con brocados y ribetes suntuosos.

  12. #20
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    Predeterminado Re: Antigua Vamurta - Saga Completa

    VAMURTA, LIBRE DE DRM
    Al publicar Antigua Vamurta – Saga Completa en Amazon tuve la opción de elegir entre “libre de DRM” o “con DRM”. Leí que esta licencia causaba muchas molestias en los lectores, así que escogí “libre de DRM” y así está.
    Recibí un mail de un lector que se está leyendo el libro. Me puso contento. Dice así:

    «Y aprovecho para felicitarte por la nueva distribución del libro. En mi caso ha sido relativamente sencillo, a pesar de que admito que no conocía como funcionaba en este aspecto Amazon. Y una vez visto cómo funciona, ¡Chapeau! Tienes los libros comprados en algún lugar en la nube y te los puedes leer y bajar en los dispositivos que tengas conectados. Por tanto, nunca los pierdes. Y además te guardan y recuerdan el punto donde te quedaste, y cuando abres el dispositivo que sea, aula, allí está Vamurta. Una vez experimentado, esté método es mucho mejor que el de las licencias DRM, sobre todo cuando has de cambiar o actualizar el dispositivo.»

    Disfruten de la lectura, en ebook o en tapa blanda. Saludos.

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