Pues la parte laaarga es la que a mí me gustó particularmente.
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Lo estoy terminando y, a falta del final, puedo decir que me ha gustado mucho. Es el segundo que leo de Stephen King (el otro fue "Cementerio de animales") y me vuelve a sorprender, porque no consigo quitarme de encima eso de "escritor que escribe muchos libros = mala calidad".
Lo de que se me hace largo es porque tengo varios en la cola que quisiera empezar ya. No se me hacía pesado, es que cuando pienso en la lista de pendientes, soy un ansias.
En fin, primero el uno y luego el dos.
Pues yo ahora estoy con:
http://bibliotecadigital.tamaulipas....uevodragon.png
Ciencia-ficción dura como el Everest. Durísima. Si te gusta la ciencia, la física y la astrofísica, es tu novela. Fascinantes los Cheelas.
Es una novela muchísimo mejor que esa tontada (científica, pero tontada al fin y al cabo) que es Camelot 30K, del mismo autor.
Saludos
Huevo de dragón es espectacular! Quizás el ser yo físico influya ?
Me estais poniendo los dientes largos, pero me da miedo que sea muy dura .. Marte Rojo se me atragantó (por no tener un mapa de Marte para ir guiándome)
Sólo el primer capítulo de las investigaciones y análisis de datos que llevan al descubrimiento de Huevo del Dragón es para que se te caiga la baba. Parece un artículo del Scientific American.
Yo lo que he hecho ha sido leerme el anexo lo primero. Así entiendes mejor algunas partes de la novela. Y mira que me gustan la ciencia y la astrofísica.
Uf, a mí también se me están poniendo los dientes largos.
Juzgad vosotros mismos (y no es uno de los pasajes más duros):
Jacqueline se encontraba a la espera cuando el ordenador recibió el nuevo vertido de datos. Era casi medianoche —un horario de trabajo típico para un estudiante graduado—, pero ahora no se sentía tan solitaria como en los últimos meses, cuando trabajaba sentada frente a su terminal en las primeras horas de la mañana.
—Parece un buen vertido —observó Donald mientras contemplaba cómo iba apareciendo en su pantalla el informe de la Red de Comunicaciones del Espacio Profundo.
Jacqueline se giró para sonreírle, pero la detuvo otra voz menos amable.
—Despejad los datos de baja radiofrecuencia y haced en seguida una gráfica en la pantalla —ordenó el profesor Sawlinski.
Los experimentados dedos de Jacqueline volaban sobre el teclado, y muy pronto el ordenador tenía los datos de formato nave traducidos a formato gráfico. Ahora que habían aumentado el ciclo de digitalización disponían de muchos más datos, así que necesitó algún tiempo.
—Aquí lo tenemos —exclamó Donald al ver que empezaba a formarse el gráfico en la pantalla de Jacqueline.
El complicado diseño ondulado que representaba las variaciones de la baja radiofrecuencia serpenteaba de un lado a otro del visor, comprimiendo todas sus variaciones en unas pocas pulgadas de la pantalla. Jacqueline observaba atentamente el visor y poco a poco la línea blanco–verdosa cambió su textura, como si estuviera desenfocando.
—Está empezando la interferencia —anunció.
Todos miraron, mientras la lenta variación quedaba casi apagada por un mar de ruido.
Jacqueline anotó cuándo comenzaba la interferencia y detuvo el lento movimiento del gráfico con unas cuantas pulsaciones de la tecla delete. Unas pocas instrucciones más, y en seguida tuvieron en la pantalla una nueva gráfica. En ésta, las variaciones sinusoidales aparecían bien espaciadas, y la interferencia era ahora una pulsación nítida.
—¡No cabe duda de que es periódica! —exclamó Sawlinski—. ¡Expándalo aún más!
En la siguiente gráfica, las lentas variaciones que constituían la base de la tesis de Jacqueline se habían reducido a una tensa línea que ascendía gradualmente.
Y en esta línea desfilaban unas series de crestas de ruido, equidistantes como los soldados en un desfile, pero de tamaño muy variable.
—En efecto, parece igual que un pulsar —prosiguió Sawlinski—. ¿Cuál es el período?
—Haré un análisis espectral de esta sección —respondió Jacqueline.
El análisis espectral apareció rápidamente en la pantalla. Había mucho ruido y algunas crestas estaban fuera de sitio, pero resultaba evidente que la mayor parte de los datos se centraba en una frecuencia de 5,02 hertz, es decir, un período de 199 milisegundos.
—Algo tan regular sólo puede estar hecho por el hombre o por un pulsar —afirmó Sawlinski—. Quiero que busque usted las otras secciones de la interferencia y compruebe si el período es el mismo. En caso afirmativo, verifique si una sección coincide en onda con las que le preceden. Consultaré en la biblioteca para conseguir los últimos datos en púlsars. —Atravesó la sala y activó otro terminal.
Jacqueline observó su pantalla y sugirió:
—Si va a consultar los períodos de los púlsars, yo podría decirle que el período es de 199,2 milisegundos, aunque la última cifra puede estar equivocada en unos pocos dígitos.
Mientras Sawlinski pasaba su terminal al modo biblioteca y obtenía una lista de los púlsars conocidos con períodos menores de un segundo, Jacqueline averiguó que las pulsaciones eran sincrónicas y que aunque se apagaran y reaparecieran al día siguiente a medida que la nave iba girando lentamente, la nueva línea de impulsos coincidentes seguía en concordancia de fase con la teórica prolongación de la anterior. Controló las pulsaciones a lo largo de toda la serie de datos: no se había producido ninguna variación en toda la semana.
—El período es ahora 0,1992687 segundos, con exactitud por lo menos hasta la sexta cifra significativa —informó Jacqueline en respuesta a una inquisitiva mirada de Sawlinski.
El profesor revisó las tablas de períodos de púlsars en su pantalla.
—No hay púlsars conocidos que tengan este período —observó—, pero ha de ser un pulsar. Si supiéramos dónde buscarlo quizá los radiotelescopios terrestres lo encontrarían.
Jacqueline decidió, por fin, explicarle su decisión de incorporar una orden adicional a las órdenes originales.
—Profesor Sawlinski —empezó—, cuando Donald y yo trabajábamos en los detalles de las instrucciones a la nave para que aumentase el ciclo de digitalización de los datos, nos dimos cuenta de que si alargábamos la cadena de órdenes esto no representaba incremento alguno en el coste de la operación. Además, supusimos que, tras una semana de recogida de datos a régimen alto, ya dispondríamos de casi todas las informaciones referentes a la naturaleza de la interferencia de alta frecuencia, lo que nos daría la posibilidad de obtener algo más.
—¿Qué dice que hizo? —vociferó Sawlinski.
Jacqueline le miró a la cara y pacientemente explicó:
—Tras esta semana de recolección de datos a alto régimen, programamos la nave para mantener el alto régimen pero conectando cíclicamente los cuatro brazos de la antena, uno después de otro. Confiaba en que la interferencia sería más clara en un brazo que en los otros, dándonos por lo menos una idea aproximada de cuál era el cuadrante espacial del que procedía la señal.
La cara de Sawlinski enrojeció mientras digería la explicación, pero luego se relajó y dijo:
—¡Horoscho!
Se volvió hacia Donald y le preguntó cuándo se recibiría el siguiente vertido de datos.
—Dentro de una semana, descontando una media hora.
—¡Horoscho! Les veré entonces —dijo—. Mientras tanto Jacqueline, lo mejor es que prepara usted toda esta información para publicarla en las Actas Astrofísicas. Necesitaremos el período, la intensidad aparente, y todo lo que pueda usted descubrir de esos datos. Antes de mandarlo para su publicación, esperaremos a ver los datos de la semana próxima. Dohrí Vecher.
Giró sobre sus talones y echó a andar.
Saludos
Hablando de hard, ¿habeis leído Mision en gravedad?