Faisanes
30/05/2010, 20:19
Hay cantores que cantan a poetas, poetas que cantan, cantores poetas... Ahí están Serrat, Amancio Prada, María del Mar Bonet, Paco Ibáñez... Hay snobs (por no decir el recurrente gilipollas) que ven demodés a estos cantores y otros tantos (Horacio Guarany, Chavela Vargas, Mercedes Sosa, Joan Baez, Violeta Parra, tantos..., tantos)... En fin...
Viniendo a Madrid, volviendo del pueblo, oí hoy estas viejas canciones de esta pareja, los magos de Fulgor y Muerte de Joaquín Murrieta. Estas letras, me conmovieron como hace años. Son bellas per se, como obra literaria. Si además ustedes les oyen cantarlas, miel sobre hojuelas. :-)
Obra maestra
La mujer amada, él la inventó,
la pintó en la cama con un pincel;
de carmín y grana la dibujó
en su blanca almohada junto a su fe.
Le impuso vida
abriéndole la ventana
y la perdida
no ha vuelto más a su cama,
anda en tabernas
con hombres que la emborrachan.
Y le señalan,
dicen “Mirad a ese viejo,
no tiene barco,
no tiene mar ni gaviotas,
pinta mujeres
para que habiten su alcoba.”
Y todos ríen,
quieren pagarle una copa:
”Píntanos una,
para besarla en la boca;
píntala joven,
desnuda, blanca y hermosa.”
Se cansó de todo y se decidió
a pintar billetes de gran valor
primorosamente pintó y midió
cual si fuera un monje pintando a Dios.
Salió a la calle
con su tremenda bandera
de verde y oro
para que todos le vieran
se compró un barco
ahora es un rey de taberna.
Tiene mujeres
hermosas y verdaderas.
Los marineros
miran su obra maestra,
quieren tatuajes
hechos por su mano diestra.
Pero no entienden
que él solamente quería
amar de noche
lo que pintaba de día,
amar sus obras
que es como amar a la vida.
Todo en silencio,
todo de juego y mentira.
Te quiero al alba
(Él) Te quiero al alba
desnuda y blanca
como una estatua
nacida en la oscuridad,
como una rosa,
que entre mis manos,
forjé en la noche
con luz de luna y con sal.
(Ella) Te quiero al alba,
aún nocturno,
sobre mi almohada,
soñando el mundo y el mar,
y en la penumbra
buscar tu boca,
como una copa,
que sólo yo sé colmar.
(Ambos) Y, al despertar,
imaginar que soy la luz
y abres los ojos por mí
y verte entrar al mundo
por la puerta azul
de mi razón de vivir.
Verte crecer
sembrada/o en mí,
como un rosal,
atado a mi soledad,
y ser yo quien
te traiga un pez,
te traiga un pan
y te hable de eternidad.
Y, por las noches,
poner mis manos
sobre tu cuerpo
y comenzar otra vez
a descubrirte
las semejanzas
del universo
que laten sobre tu piel.
Y, al despertar…
(bis)
Almería
Si tuviera caballo iría
por Almería, por Almería,
a besar los pañuelos negros
de esas remotas abuelas mías,
viudas del viento y los arados,
preguntaría
cómo pasó lo que ha pasado
por Almería.
Ya me he quedado en los barrancos
abuelas mías,
como si el tiempo fuera un clavo
que crucifica
¡Abuelas mías!, ¡abuelas mías!
Como si fuera la tierra mía
cabalgaría por Almería,
con sus cenizas de lunas muertas
yo vestiría la sombra mía,
y en esas cuevas de los barrancos encendería
el fuego oscuro y el humo blanco del alma mía
y quedaría en los barrancos abuelas mías,
como si el tiempo fuera un clavo que crucifica.
¡Abuelas mías!, ¡abuelas mías!
Y en esas cuevas de los barrancos…
Si tuviera caballo iría por Almería, por Almería
Viniendo a Madrid, volviendo del pueblo, oí hoy estas viejas canciones de esta pareja, los magos de Fulgor y Muerte de Joaquín Murrieta. Estas letras, me conmovieron como hace años. Son bellas per se, como obra literaria. Si además ustedes les oyen cantarlas, miel sobre hojuelas. :-)
Obra maestra
La mujer amada, él la inventó,
la pintó en la cama con un pincel;
de carmín y grana la dibujó
en su blanca almohada junto a su fe.
Le impuso vida
abriéndole la ventana
y la perdida
no ha vuelto más a su cama,
anda en tabernas
con hombres que la emborrachan.
Y le señalan,
dicen “Mirad a ese viejo,
no tiene barco,
no tiene mar ni gaviotas,
pinta mujeres
para que habiten su alcoba.”
Y todos ríen,
quieren pagarle una copa:
”Píntanos una,
para besarla en la boca;
píntala joven,
desnuda, blanca y hermosa.”
Se cansó de todo y se decidió
a pintar billetes de gran valor
primorosamente pintó y midió
cual si fuera un monje pintando a Dios.
Salió a la calle
con su tremenda bandera
de verde y oro
para que todos le vieran
se compró un barco
ahora es un rey de taberna.
Tiene mujeres
hermosas y verdaderas.
Los marineros
miran su obra maestra,
quieren tatuajes
hechos por su mano diestra.
Pero no entienden
que él solamente quería
amar de noche
lo que pintaba de día,
amar sus obras
que es como amar a la vida.
Todo en silencio,
todo de juego y mentira.
Te quiero al alba
(Él) Te quiero al alba
desnuda y blanca
como una estatua
nacida en la oscuridad,
como una rosa,
que entre mis manos,
forjé en la noche
con luz de luna y con sal.
(Ella) Te quiero al alba,
aún nocturno,
sobre mi almohada,
soñando el mundo y el mar,
y en la penumbra
buscar tu boca,
como una copa,
que sólo yo sé colmar.
(Ambos) Y, al despertar,
imaginar que soy la luz
y abres los ojos por mí
y verte entrar al mundo
por la puerta azul
de mi razón de vivir.
Verte crecer
sembrada/o en mí,
como un rosal,
atado a mi soledad,
y ser yo quien
te traiga un pez,
te traiga un pan
y te hable de eternidad.
Y, por las noches,
poner mis manos
sobre tu cuerpo
y comenzar otra vez
a descubrirte
las semejanzas
del universo
que laten sobre tu piel.
Y, al despertar…
(bis)
Almería
Si tuviera caballo iría
por Almería, por Almería,
a besar los pañuelos negros
de esas remotas abuelas mías,
viudas del viento y los arados,
preguntaría
cómo pasó lo que ha pasado
por Almería.
Ya me he quedado en los barrancos
abuelas mías,
como si el tiempo fuera un clavo
que crucifica
¡Abuelas mías!, ¡abuelas mías!
Como si fuera la tierra mía
cabalgaría por Almería,
con sus cenizas de lunas muertas
yo vestiría la sombra mía,
y en esas cuevas de los barrancos encendería
el fuego oscuro y el humo blanco del alma mía
y quedaría en los barrancos abuelas mías,
como si el tiempo fuera un clavo que crucifica.
¡Abuelas mías!, ¡abuelas mías!
Y en esas cuevas de los barrancos…
Si tuviera caballo iría por Almería, por Almería