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Ver la versión completa : Votaciones para el concurso de relatos



katxan
26/06/2014, 12:14
Acabado el plazo para la entrega de relatos para el concurso, procedemos a las votaciones para elegir los dos ganadores que se llevarán a casa las estupendas alfombrillas de ratón de lectoreselectronicos que regalamos.

Se ha decidido poner las obras en el orden de recepción de las mismas, sin ningún otro orden de preferencia.
Recordad que hay de plazo para votar hasta el día 2 de julio. ¡Suerte a todos!


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Recordad también que Premaebooks (http://premaebooks.wordpress.com/) se ha ofrecido amablemente a maquetar los textos participantes y recopilarlos en un archivo adaptado a los lectores electrónicos.

24 obras, 24, se enfrentan ahora al juicio del tribunal más despiadado que imaginarse pueda: los lectores. Que comience, pues, la competición.

katxan
26/06/2014, 12:21
Relatos participantes (podeis hacer click sobre el título para ir a cada uno de ellos):



Fumar alarga la vida (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221462&viewfull=1#post221462) , Seudómino
Microdinopornorelato (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221463&viewfull=1#post221463) , por Yu Yü
Vivir, comer... pecar (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221464&viewfull=1#post221464), por Éire
Barrio antiguo (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221465&viewfull=1#post221465), por Éire
Consecuencias de la reforma de mi casa (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221466&viewfull=1#post221466), por Éire
¡Qué sabrás tú de lágrimas! (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221467&viewfull=1#post221467), por Éire
Estaba en otro sitio (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221468&viewfull=1#post221468), por Fitechi
Velatorio (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221469&viewfull=1#post221469), por Nine
Un mal trabajo (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221470&viewfull=1#post221470), por Seudómino
Enramado (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221472&viewfull=1#post221472), por Nina
Ausencia (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221471&viewfull=1#post221471), por Nina
El cuaderno (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221473&viewfull=1#post221473), por Seudómino
Amor platónico (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221476&viewfull=1#post221476), por Virtual
Mi urólogo y yo (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221474&viewfull=1#post221474), por Virtual
El día prometido (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221477&viewfull=1#post221477), Anónimo
El sueño cumplido (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221478&viewfull=1#post221478), por Rey de oros
Ellos (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221480&viewfull=1#post221480), por Tacatá
Bichos (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221481&viewfull=1#post221481), por Pamparel
Los pantalones (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221482&viewfull=1#post221482), por Ripley
Roland Bou Vela (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221483&viewfull=1#post221483), por Fitechi
Es tarde, demasiado tarde (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221484&viewfull=1#post221484), por Virtual
Anuncios clasificados (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221485&viewfull=1#post221485), por Virtual
El perfume (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221486&viewfull=1#post221486), por Virtual
Los gusanos (http://www.lectoreselectronicos.com/showthread.php?16053-Votaciones-para-el-concurso-de-relatos&p=221487&viewfull=1#post221487), por Charro

katxan
26/06/2014, 12:22
FUMAR ALARGA LA VIDA


Puff! Puff!

COOOFFF!! COFF!! COFF!!

-Joder, cagüen Di-Coff! Cof! Cof!

puff! pu-COOOFFF!! COF!! COFF!!... cof! cof!

-Tiene cojones esto... no entiendo... cómo le puede dar a la gente... por fumar.

Puff! Puff!

- Bueno, ya le voy pi-COOFFF!! COOFF!! COFF!!

-Mejor no hablo...

Puff!! puff!!... Puuufff!!!

...

Puuuufff!! puuufff!!

-Pues mira, tampoco está tan mal, a lo mejor, si hubiera probado el rubio me gusta más y todo.

Puuuuuufff!! Puuuuufff!!

-Pssss... ahora que le he pillado el gusto y se me acaba. En fin, ¿quién lo iba a decir, verdad? A veces el tabaco alarga la vida... Bueno, a la mierda, he terminado.



CAAAARGUÉNNN!


APUNTEEEEEEENNNNN!!!


FUEGOOOOO!!!!

katxan
26/06/2014, 12:22
Microdinopornorrelato


Cuando despertó, el dinosaurio ya se había marchado. Pero le había dejado un billete de 50 euros en la mesilla.

katxan
26/06/2014, 12:23
VIVIR, COMER…PECAR

El aroma de canela y cáscara de limón hirviendo lento extendíase por la casa en espera del momento de recibir las yemas de huevo deslizándose una a una como una suave, intensa y larga caricia que caía en la leche espesando en una fructífera y dulce unión.

Mezclados los aromas y el colorido, una vez frío, regado con una fina capa de polvo de canela llega a la boca como un fresco, suave, tierno y delicado beso.

Al abrirse la puerta de la cocina llegó un beso de un sabor intenso y penetrante y mucho más dulce que todas las natillas del mundo.

Jamás soñé que unas modestas natillas tuvieran el poder de convertir un fin de semana que se presentaba lluvioso y frío en el más cálido y luminoso vivido hasta entonces.

katxan
26/06/2014, 12:23
BARRIO ANTIGUO

Cogida de la mano de mi padre conocí la ciudad desde mi infancia, mientras fui pequeña simplemente paseábamos por la calles estrechas y empinadas del Barrio antiguo.

Él siempre me decía que para amar algo a alguien hay que conocerlo, que forma más fácil de conocer nuestra ciudad que pasear por ella.

Tanto mis hermanas como yo se nos hacía la semana muy larga esperando el domingo, esperando que nuestro padre diera la voz de ¡vámonos!

Conforme íbamos creciendo él también hacía que sus explicaciones crecieran.
Así supimos desde bien pequeñas que somos de las pocas ciudades ricas en Catedrales ¡tenemos dos!
También fuimos conscientes de nuestra capacidad académica también tenemos ¡Dos Universidades!
Y así jugando, llegamos a conocer nuestro Barrio antiguo

El efecto que hace en una niña que conoce la Catedral, caminando por la Calle de la Compañía, cuando nos llevaban desde el Colegio guiadas por la monjas, formando en filas de a dos y sin alborotar por que era de mal gusto y además íbamos a un acto religioso, al llegar a la puerta del Nacimiento se abría ante nosotras como si fuera la boca oscura de un monstruo y que al llegar al interior oscuro y un frío helador que nos mantenía rígidas y aquellas voces que hablaban en latines retumbando hasta aturdirnos.

El nos decía que para apreciar la belleza hay que pararse, mirar no sólo el edificio. También el entorno y pensar el como, el cuando y el porqué de su existencia.

Cuando nos presentó mi padre la Catedral desde el fondo de la calle de la Rua conocimos a una Sra. esbelta, graciosa, amable y vestida con un elegantísimo vestido dorado. Con unos adornos que yo no había visto nunca. El efecto del sol sobre el traje me impresionaba porque trazaba unos fantásticos drapeados que daban movimiento y una gran armonía al conjunto. Parecía abrir sus brazos para acogernos Más que un encuentro con esta belleza fue un encontronazo. ¡Qué diferencia con la otra Catedral!
Esta no tragaba niñas.

El interior de esta Catedral tenía un Órgano que aunque era muy antiguo aún sonaba en la grandes solemnidades, además había capillas en las que si que llegaba la luz del sol, una gran cúpula. Estos y otros detalles fueron haciendo que la Catedral pasara de ser un edificio que nos intimidaba a ser una Iglesia muy grande con muchas cosas que ver y en las que fijarnos para ir aprendiendo para cuando fuéramos mayores y tuviéramos que estudiarlos.

Entrábamos por la Puerta de Ramos y salíamos por la del Nacimiento. Esta Catedral tiene dos puertas, no sólo la que tragaba niñas.

Una vez en la calle seguíamos caminando hasta la Catedral Vieja y al llegar a la puerta de la Torre (hoy Hierónimus) al enfrentarnos con una oscura escalera de caracol se abría ante nosotros un mundo lleno de emociones y misterios. Conforme íbamos ascendiendo el aire se enrarecía. Nuestras narices parecían cobrar vida propia y comenzaban a arrugarse, la mezcla de olores ponía las cosas un poco difíciles. La luz era escasa, los escalones irregulares y altos, desgastados en el centro, esto nos contaba la cantidad de personas que habían subido por ella, a cada tramo el olor era distinto en uno olía a humedad y a amoniaco, más arriba parecía que hubiera un gallinero y por fin como una explosión de fuegos artifíciales al llegar a la vivienda de los campaneros, el olor a repollo hervido y a cerdo añejo te empujaba a salir a la terraza inmediata.

Una vez en la fuera la cálida voz de mi padre nos animaba a respirar hondo y disfrutar de la belleza que se extendía como un gran cuadro ante nuestros atónitos ojos. Mirad al Sur, el río y el Puente Romano, iba haciendo que nos fijáramos en los cientos de detalles que desde allá arriba podíamos apreciar, así hasta que recorríamos los 360º en torno a la Catedral.

También escuchábamos con mucha atención la historia de las campanas y como sonaron cuando la riada de San Policarpo o el terremoto de Lisboa.

Al fin llegaba la hora de bajar y de nuevo el trago del descenso por la escalera de caracol. Debíamos despedirnos de aquella familia de campaneros que nos decían adiós. Nos daba la sensación que aquellas personas estaban allí de siempre y nos parecía imposible que personas tan ancianas, ante nuestros ojos, pudieran subir y bajar por aquella escalera.

Al llegar a la calle respirábamos fuerte, nuestros ojos se cerraban cegados por la luz del sol y nuestro padre debía poner orden para poder contestar a las preguntas que las tres hacíamos a la vez sobre lo que habíamos visto y a veces hasta imaginado, sobre todo lo que nos había enseñado.

Bajando hacia el Puente Romano proyectaba el paseo del domingo siguiente. Universidad, San Esteban, Anaya….paseando por esas calles y callejuelas estrechas con un pavimento de cantos rodados y con charcos de origen incierto flanqueadas por unas casas viejas, decrépitas y oscuras que nos hacían regresar a la ciudad medieval. ¿Cómo habrían podido mantenerse en pie hasta el siglo XX?. De aquellas casas salía un olor extraño, a papel húmedo y viejo, el olor que salía de las cocinas nos llevaban de nuevo a la torre de la Catedral, de alguna de ellas asomaba a veces se una mujer tan vieja como la casa, vestida de negro, con un pañuelo también negro a cubriendo su cabeza, su boca desdentada, nos miraba con extrañeza como preguntándose que es lo que estaría haciendo aquel hombre con sus tres hijas por aquel barrio, algún hombre sentado a la entrada de la casa liando un cigarrillo y de repente como si los hubieran sacado de un encierro un grupo de chiquillos perseguían a un gato lanzándole piedras. Ocasión que no dejo pasar nuestro padre para darnos la lección sobre el respeto a las personas y a los animales.

De regreso a casa por la circunvalación nos contó las historias sobre la Peña Celestina y la Cueva de la Múcheres.

Hoy recordando estos fantásticos y felices paseos no puedo dejar de sentirme orgullosa del mejor Maestro que he tenido en la asignatura del amor a nuestra ciudad y en la de la vida.

katxan
26/06/2014, 12:24
Consecuencias de la reforma de mi casa

Hoy día 4 de mayo han entrado en mi casa un equipo fantástico de profesionales. Lo curioso es que yo les veo como una horda de bárbaros: unos lanza en ristre, otros arrastrando máquinas de guerra, destructivas, desafiantes; otros transportan distintas herramientas que no por ser más pequeñas son menos amenazantes, picos con finales agudos como colmillos de un vampiro, mazas, macetas, cinceles, piquetas… todas para la misma función: allá dónde llegan comienza un periodo de destrucción semejante a un terremoto doméstico, más largo, pero con los mismos efectos. No queda nada en pie. Herramientas fuertes, pesadas, ruidosas. Palas como coches fúnebres llevándose en grandes cestos los restos de mis magnificas escayolas, ¡adiós cortineros!
Ya no hay ni rastro de aquellas paredes celestes, rosadas y blancas.

La cocina ha quedado como un hospital robado. Solo permanece aquello que han dejado para más tarde, hay que ir seleccionando el material de deshecho para reciclar. Interruptores: cuadrados, sencillos, dobles, sobrepuestos, empotrados…

Descubro otro tipo de útiles, llanas, espátulas, pisones, plomadas, tenazas, alicates… herramientas con otro aspecto, no tan amenazadoras. Si no me equivoco, éstas no contribuyen demasiado a la destrucción. Todo lo contrario. Una gran artesa, cincel, cortafríos, espátulas, niveles de burbuja… Llama mi atención un pisón, alto, esbelto, con una base pesada, me atrae y la vez me hacer estar alerta. ¿Pensarán levantar también la tarima recién colocada? Si no, ¿para que necesitan un pisón?

Por último descubro la plomada, ya tengo la garantía que mis nuevas paredes serán perfectas, rectas, bien aplomadas. Me voy a comer horrorizado. Llevo grabados a fuego en mi cerebro todos los ruidos, martillazos, paredes que caen de golpe, nubes de polvo, ¡qué sensación de asfixia! Mis zapatos pisan yesos blancos, arenas de color incierto, trozos de placas de cerámicas y los chasquidos hacen que mis dientes experimenten un retroceso y aleteen como una mariposa.

katxan
26/06/2014, 12:24
¡Que sabrás tú de lágrimas!

Veo asomar a tus ojos una sonrisa irónica,
¿Te mueven a la ironía mis lágrimas?
¡Qué sabrás tú de lágrimas!

No entiendes mi llanto silencioso,
no sabes que me duele, ¡me duele el alma!
¡Que sabrás tú de lágrimas!

Me preguntas cómo se ha ensuciado la carta.
Te cuento que al leerla le cayeron unas lágrimas.

Comienzas a leer y veo en tus ojos un brillo especial
y tragando saliva lo haces desaparecer.

¡Los hombres no lloran!
¿Cómo vas a saber tú de lágrimas?

No entiendes que las lágrimas hablen de dolor,
de alegría, de emoción, de miedo, de rabia…

Todas son lágrimas, algunas amargas,
otras son como gotas de rocío
que perfuman el alma.

Si los hombres no lloran.
¡Cómo vas a saber tú de lágrimas!

katxan
26/06/2014, 12:25
Estaba en otro sitio

París no estaba brillante, como corresponde a su fama, sino triste y apagada, deslucida y sucia, como una ciudad cualquiera. No era París. Lo veía yo así, con mis ojos pequeños; tristes hoy. Nunca imaginé que fuera tan apagada mi esperanza.

La torre Eiffel, que recuerdo de niño, con mis padres mordiéndose a besos, parecía un monstruo de los que asustaban. Un monstruo bello como mis órganos aún trémolos. Un ardor falto de esperanzas.

«Yo ya no era tan joven», —pensé.

Es cierto que mi vida no tenía el alma clara, —como cuando me balanceaba en el Prater de Viena con aquél hombre de cara limpia—, pero esperaba algo más. ¿Sería el sueño no dormido, la vida intransigente?
Decidí no mirar más la Torre, esconderla en ese espacio y tiempo donde nadie pudiera verla. ¡París era una fiesta!, decían. ¡Siempre nos quedará París! —se oía en Casablanca.

Lo cierto es que esperaba ganarme la vida, como una mujer noble y, con mis francos, hacer de mi vida un sayo.
¿Qué podía esperar de tanta desilusión?

Aún no he contado lo que vi en el hombre del Prater. Era alto, no mucho, esquivo en su conversación, pero hermoso, lineal, de ojos oscuros, de presencia indomable, que con sus pies firmes saltaba de paso en paso, agradable en sus modales. Un hombre entero, aunque misterioso.

Me encantaba su presencia: siempre pendiente de mí, que era lo que yo esperaba. Pero no llenaba mi arca de deseos.

Nos tuvimos que separar a medio camino; por que él tenía asuntos que resolver.

Seguía yo paseando por ese París turbio, sin ánimo.

Algo me distrajo: había una fiesta junto al Sena. No sabía si unirme, o no, a ese jolgorio.

Pero me uní, ya que la ciudad no me daba lo que yo quería en ese momento.

Un ladrón —¡Au voleur, au voleur!—, había recogido algo que no era suyo. Ni caso. Mi afán de esperar algo más no me permitía derrochar energías.

De repente, como un sueño mal venido, apareció un chico joven, de buenas crines, portento de belleza, suave como el «lapsus» de los dioses; portador del ideal masculino: cara hermosa, hombros anchos, pelos enredados en suaves rizos entreverados, dichosa apariencia y gestos nobles.

Me quedé esperando, cuando ya todo el mundo le hacía corro. Levantó un brazo señalando algo. Cuando miré en su dirección, vi la Torre. Y él se reía.

«Maldita risa», pensé...

Cuando volví la mirada, él estaba señalando a la Torre, y lleno de codicia. La "Tour Eiffel" mostraba un brillo inusitado. Era suya.

Y era suya por sus lágrimas, repentinas que se le escapaban sin querer.

Esas lágrimas, —entendí luego— eran producto de un presente. Lo mío ya era pasado. Él lloraba porque era lo único que le quedaba de vida.

Le pregunté. Pero él sólo sabía llorar. Lloraba como sólo lloran los hombres.

¿Cómo sobreviví? Eso es un misterio, como tantos otros que nos acechan. Me acerqué a él, y, con ardor, le di un beso; que duró una eternidad...

Nos acercamos a un hotel. Pedimos una botella de champagne. Me contó que estaba de paso, que no tenía dinero, que su vida era un reflejo, que su amor era para París, que yo era algo de París. Me envolvió con sus labios...

Llovía lentamente.

Pero le digo al lector paciente, que el beso que vino otra vez tuvo la fuerza de la luz.

FIN

katxan
26/06/2014, 12:25
Velatorio


¡Cuánta gente está pasando por aquí! Ha sido un desfile constante de visitas desde que la sala del velatorio se abrió a primera hora de la mañana. Nunca pensé que esto se llenaría, y menos teniendo en cuenta que nuestra familia es tan reducida y están todos tan dispersos. Claro que todo el mundo en el barrio conocía a la abuela: el ser la dueña de la única juguetería la hizo muy popular, sobre todo entre los chavales. Pero de eso hace ya mucho tiempo, anda que no hace años que traspasó el negocio. Sus últimos clientes deben ser ya casi abuelos a su vez.

¡Pobre abuela, qué vida más triste! Se quedó viuda muy joven, con un hijo pequeño en aquellos tiempos tan duros, que apenas había para comer y mucho menos para andar comprando juguetes... Fueron años de mucho trabajo y muchos sacrificios, pero logró sacar adelante el negocio y ahorrar lo suficiente para darle estudios a mi padre. Se la ve tan feliz en las fotos de la graduación, y después en las de la boda y en las de mi bautizo, conmigo en los brazos. Y entonces, cuando parecía que la vida le sonreía, la mala suerte quiso que mis padres se mataran en un accidente de coche. ¡Menudo palo! Su hermano Gabriel siempre me decía que, de no haber sido porque me tenía a mí, estaba seguro de que se habría pegado un tiro con la escopeta de caza de su padre, esa que me daba tanto miedo cuando yo era pequeña.

Me alegro de que el tío Gabriel se deshiciera de aquella escopeta; así estoy segura de que la abuela no la usará cuando acabe el velatorio, cierren la tapa de mi ataúd, me lleven al cementerio y ella se quede sola de nuevo.

katxan
26/06/2014, 12:25
UN MAL TRABAJO

- Yo nunca quise este trabajo. Jornadas inacabables, a deshoras, de aquí para allá todo el día, siempre viendo caras largas... Lo mío eran los prados, el olor de la hierba recién cortada, el trino de los pájaros surcando el cielo y el agradable cansancio de la tarea bien hecha... pero esto, esto es un sinvivir.
- Tío, me estás matando.
- No, si tú ya estás muerto. Venga, vámonos y no me pongas esa cara... que yo nunca quise este trabajo.

katxan
26/06/2014, 12:26
AUSENCIA

Quizá pueda parecerte que mi casa es un nido vacío, pero no, no esta vacío, esta lleno de ausencias. Puedes pensar que es una paradoja, mas seguro que vas a entenderme.

Es cierto, faltan los chicos pero ellos han tenido el buen gusto de no llevarse “todas sus cosas” en sus cuartos esperando su regreso permanecen sus libros, sus discos, los recuerdos de alguno de sus viajes, ropa y cuando vuelven siempre buscan algo que llevar y dejan cosas nuevas, la última novela, aquellas fotografías que un día prometió que traerían.

En definitiva, en sus cuartos están ellos, huelen a ellos…, la casa esta llena, como si estuvieran en ella. Y mi corazón guarda sus esencias, la sonrisa de uno, los ojos decidores del otro, las bromas de cualquiera de ellos, los mimos, los besos y las caricias que me llenan en su ausencia y que es lo que cada mañana me hace ir a sus cuartos, levantar las persianas y pedirle a Dios que no les deje de su mano y les ayude en su caminar.

katxan
26/06/2014, 12:26
ENRAMADO

La vista de un enramado me retrotrae a mi infancia. Nuestros padres en el verano nos llevaban a casa de la Abuela Paz, ella vivía en un pueblo de la meseta castellana, su casa durante las vacaciones se transformaba de tal manera que a sus amigos les parecía que vivíamos en una permanente revolución y así era ciertamente.

Allí llegábamos como una plaga todos los nietos y la abuela ponía manos a la obra organizándonos inmediatamente.

Los chicos con los hombres a obedecer y a hacer lo que les encargaran y las chicas a limpiar debajo del enramado y a colocar las sillas para sentarnos a coser con ella.

¡Que mañanas tan deliciosas! Allí la Abuela, una mujer menudita pero de gran carácter controlaba a sus chicas a las que cada verano enseñaba a hacer además de todo aquellas labores que debe saber hacer una mujer de su casa, aquellas otras que ella consideraba de adorno, bolillos, punto de cruz. ganchillo… etc. ¡Cuantas agujas perdíamos! y ¿dedales? incluso alguna tijera desaparecía sin movernos de nuestras sillas, pero no importaba siempre había repuesto, nunca se dejaba la tarea por falta de herramienta.
Un buen día uno de los chicos se subió en lo alto del enramado y descubrió el nido de la urraca, tenía allí un auténtico tesoro compuesto de nuestros útiles de costura.

Por la noche el enramado tomaba otra dimensión, después de la cena salíamos al patio a jugar y cuando ya agotados nos sentábamos en el enramado los chicos mayores narraban cuentos de miedo y según crecía la historia, crecían las sombras, los ruidos aumentaban y ya asustados no distinguíamos si lo que se oía era el arrullo de una paloma, o el gato al que alguno de nosotros habíamos pisado el rabo o si se trataba del mugido de una vaca, nuestro miedo nos iba encogiendo y pegando a la silla, era el momento que nos llamaban para ir a dormir.

Cuando los pequeños desaparecíamos, el enramado tomaba otro papel en el teatro de la vida, se convertía en testigo mudo de los primeros amores, de las promesas veraniegas que cada año cambiaban de protagonistas, el único que nunca perdió su papel fue el enramado

katxan
26/06/2014, 12:27
EL CUADERNO

Una gota de sudor nació en la sien de la mujer y descendió lentamente por la delicada línea de su mandíbula hasta la barbilla, donde se unió a una compañera y cayó sobre la pechera del uniforme. La mancha de humedad apenas creció.

La nave se desplazaba a velocidad sublumínica mientras rastreaba el espacio con el transradar. Parecía que la suerte les había sonreído por una vez. Nada indicaba que les siguieran el rastro.
La mujer se levantó del asiento del piloto, cruzó la sala de mando y se dirigió al recinto de congeladores a través del pasillo central. Se sentía sorprendentemente en calma y la alivió respirar el aire algo más limpio del pasillo.

En el recinto de congeladores, o cubiteras como ellos las solían llamar, el caos era casi total y el aire volvía a estar contaminado. El incendio causado por el combate había arrasado la zona de rehabilitación y casi todas las unidades de animación suspendida. Parecía como si los impactos hubieran sido realizados con un fin concreto… Quizá esa era la razón por la que les había dejado atrás.

Se dirigió a las dos únicas unidades que continuaban en funcionamiento. El rostro del hombre permanecía sereno y tranquilo al otro lado del cristal. Tenía una protección sobre el lado izquierdo del rostro y un muñón por encima del codo derecho. Apenas doce días atrás, había recibido en la cara el roce del disparo que le seccionó el brazo con el que trataba de cubrirse. El calor del haz de energía había cauterizado la herida y curaba bien, pero la región donde antes tenía el ojo se infectó y le había dado problemas. Por suerte, para cuando despertara, sus heridas habrían cicatrizado.

Se limpió inconscientemente una lágrima y miró al niño que reposaba en el habitáculo de al lado. Tenía siete años y era más joven que la guerra. No conocía otra forma de vida. Era uno más en la misma situación que tantos y tantos otros, en tantos y tantos sistemas. Esperaba que en Arweg fuera diferente para él. Aunque eso ella no lo vería. Dos para tres no era suficiente.

Apartó el pensamiento de su mente. Se besó la yema de los dedos, rozó con ellos el cristal que protegía el sueño de su hijo y giró sobre sus pies para volver a la sala de mando. Los impactos afectaron al sistema de salto del vehículo, lo que hacía imposible emplear la navegación instantánea con precisión. Había arriesgado tres saltos a través del espacio interestelar para acercarse lo suficiente al sistema de destino. El programa guía se mantenía operativo, por lo que, si el planeta estaba donde indicaban las coordenadas de contrabando, conseguirían llegar a Arweg en unos siete meses. Sin control preciso de salto no podría acercarse más al planeta en mil intentos, y antes se quedaría sin energía, o aparecería demasiado cerca de su sol. El problema era que, sin animación suspendida, ella no contaba con recursos para sobrevivir más de cien días...

Miró hacia el exterior a través del panel frontal. Las estrellas devolvían su mirada con frialdad, ajenas a sus problemas, ocupadas como estaban en consumirse hasta su propia destrucción. Ya no las veía con fascinación ni romanticismo. Sólo sentía cansancio.

Se peinó su pelo moreno hacia atrás con los dedos y lo recogió en una coleta baja con una goma. Suspirando, desvió la atención de la ventana y se acercó al asiento del navegador mientras se secaba el sudor de la barbilla con la manga en un gesto inconsciente. En la mesa de cálculo había un cuaderno de papel. Lo tomó y pasó las hojas manuscritas hasta llegar a la última. Releyó el párrafo del final, cogió el termolápiz, ajustó el grosor de trazo para escritura y siguió con su tarea. Tenía mucho que escribir y contaba con el resto de su vida para hacerlo.

Pero tendría que darse prisa.

katxan
26/06/2014, 12:27
MI URÓLOGO Y YO

Todos los hombres, tarde o temprano tenemos que pasar por el urólogo. Yo hasta ahora ni me lo planteaba, a pesar de tener unos plastas-amigos que siempre estaban con los típicos chistecitos y que si no hay que dejarlo, que al llegar a los cuarenta y tal y tal. Pues bueno, heme aquí esta misma mañana en la sala de espera del especialista en cuestión. He llegado con 15 minutos de adelanto. La televisión chirriaba los resultados y análisis de las elecciones. No me apetece. Que hartura ya, oyesss. Pues nada, saco un libro y me pongo a leer. Pues Freud. Pues no se que pasa que leo y leo y tengo que volver a empezar porque no me entero de nada. Paso páginas y páginas y no presto atención. Tengo la mente no se donde. Entonces miro a mí alrededor. Todas son personas de una avanzada edad. Y yo. Y yo allí. ¿Y yo aquí que coño hago?. Tranquilo. No pasa nada. Va a ser un momento y te vas a currar. Bueno. Freud. Pues “na” que no me entero. Pues en eso que aparece un caballero mayor. Mayor con garrota. Y una tía... ¡joder que tía!. Yo no soy de los que se “tiran” a las tías con la vista. Ni de los que me las quiero follar solo por estar buenas. Pero esa tía...Entonces se sienta a mi lado. Y su falda se levanta... y veo que lleva ligueros. Medias negras y ligeros. Joder!!!. A ver si me voy a empalmar ahora y me llaman. Joderrrr!!. Entonces ella le llama al viejo, “cariño”. Pero es que la tía debe de tener unos 25 y el tío unos 70. Maaadre míaaaa!. Yo quiero tener una tercera edad así. Y de repente me vienen cosas a la cabeza. Me invento un cuento –lo siento, yo soy así-. Me empiezo a inventar un cuento que no me sabía y sonrío. La tipa se conoce que me ve reír y me mira con cara de complicidad.


No es el día de Freud. Voy a cambiar de libro. Tomo uno de filosofía. Pero la cosa sigue igual. Afortunadamente me llaman. Y entro...


- Buenos días, que te trae por aquí?
- Pues las ganas no, verá, recientemente me han realizados unos análisis de sangre y parece que tengo el PSA un poco alto... no se por qué me han pedido pruebas de próstata a mi edad y...
El buen doctor –que no es joven, pero tampoco mayor- me hace preguntas relacionadas con mi salud en general, si me levanto a mear por la noches, alergias... esas cosas. No se por que pero nace entre los dos un buen rollo “especial” y hacemos algunas risas. De repente, a traición, me dice:
- Pasa ahí, que vamos a hacer una exploración rectal.
- Uh...mmm...? ¿cómooo?
- Bájate el pantalón y el calzoncillo, ahí mismo.
- Pepepe...ro, buenooo, mi doctora me dijo que esto, con una ecografía...
- ¿Quién te dijo eso?
- Mi doctoraaaa
- En una ecografía no se ve una mierda. Venga pasa –entre risas-
- Pero es que yo... soy virgen... vamos que quiero decir que con las tías, vale, si, pero con tíos... que mis prejuicios...
En esto, la enfermera que estaba distraída confeccionando mi historial, levanta su vista por encima de sus gafas de vista cansada, me mira y sonríe. Y ya no despega la vista de mí. Unos 50 tacos, evidentemente, tampoco es un pibón.
Resignado, me dirijo a “ahí”, que realmente es la misma estancia donde emerge una pequeña cortina que apenas tapa una especie de camilla-mutada en una máquina tipo elemento de tortura.
Joder!,ahora entiendo a las tías y su repulsa de visitar al ginecólogo. No entiendo como la “fantasía sexual” de alguna amiga pueda ser hacerlo ahí, me recuerda a los nazis... campos de concentración... sus experimentos...


- Súbete en ese escalón, bájate los pantalones, los calzoncillos y apoya los codos ahí.
- Perooo, los guantessss, ponte los guantesss.
- Jajaja. No, es que como estoy acostumbrado a viejetes pues, carne frescaaaa. Jajaja
Se pone los guantes y me doy la vuelta. Procedo con la ropa, me pongo en posición y pienso... “mujer, ante tu eminente violación, relájate y disfruta...”
- Pero saca más el culo, hombre. Más, más...
En esto me giro un poco y veo a la enfermera que se lo está pasando en grande. Con una sonrisa de oreja a oreja y... ¡lo siento!. ¡Lo siento!. No sé si es un dedo, dos, la mano, el brazo, un especulo, o que... pero... lo siento, lo siento...
- Ahora es cuando me dices eso de “yo también te quiero” –me dice-
- Gozasss, vidaaaa –me atrevo a contestar-
La enfermera se levanta, se acerca –y eso que de donde estaba se veía muy bien-
- Doctor, necesita ayuda???
- ...
- En esta profesión, ¿no hay urólogas? –la pregunto mientras noto que la presión se desliza hasta que desaparece-
- A veces, estas exploraciones las hago yo, pero hoy el doctor me tiene castigada. --Risas, mutuas y yo... también río porque no sé que hacer ni decir...-


- Está un poco duro, no es normal a tu edad, así que voy a mandarte una cultivo y así nos quedamos tranquilos, “amor”. Además me gustará verte. Y ya sabes. Revisión anual... ¿vas mucho a mear?


- Pues depende. Cuando no bebo agua, me puedo tirar prácticamente todo el día sin ir al baño. Si bebo más, pues voy más. Pero vamos...


- Hombre claro, si a mi no se me empina, tampoco puedo penetrar


Joder, no doy crédito. ¿Qué contesto a eso?. Pues nada, más risitas, y cuando me marcho no sé si le tengo que abrazar, darle un beso o la mano. Opto por lo último y le oigo decir “hasta pronto... mi amolll, jajaja”. A lo que contesto, “fue un placer...”
Cuándo salgo, oigo quejarse a los pacientes que esperan que el urólogo este es “sieso” que no habla, que es muy serio... ¿¿?¿?¿?¿??!!!
Miro a la chiquita del viejo, ella me mira, me pongo rojo –creo que ya lo estaba, pero aún más-, me guiña un ojo... y salgo corriendo a toda velocidad para el curro.


De esto ya hace como unas seis horas, pero continúo notando el puto dedo –o lo que sea que metiera- ahí dentro. No sé si es dolor... que me he enamorado –no lo creo, por Dios-... o es gusto retenido... o es amor propio de “macho ibérico” ultrajado (el único tabú que no he podido superar es el de la repulsa a los hombres en el ámbito sexual)-... pero lo que no se es si la experiencia fue grata, horrible... o que coño!!!
Lo que está claro que no es... es... para tanto... para escribir este “mamotreco”. Lo que no sé... es... si es que yo veo las cosas así, de una forma tan diferente como lo ven el resto de los mortales. Pero bueno. Para los aburridos, pues ya han pasado un rato.


Un abrazo a todos y que os toque un buen urólogo –mejor una uróloga, claro-

katxan
26/06/2014, 12:28
AMOR PLATÓNICO

Inmerso en mis pensamientos caminaba apresuradamente como es mi costumbre. Atravesaba un destartalado, medio salvaje y abandonado parque de un barrio obrero. El barrio de mi niñez. Un amigo de la infancia logró convencerme de asistir a la inauguración de un restaurante que iba a regentar. Hacía años que no pasaba por allí y la melancolía comenzó a embargarme.

Improvisadamente, de entre unos matorrales, alguien se me abalanzó tan por sorpresa que instintivamente me asusté y di un pasa atrás. “¿Tienes fuego, corazón?”. Saqué mi Zippo del bolsillo y lo encendí sin soltarle. Ella, rodeó mis manos entre las suyas y encendió un Fortuna mientras yo la miraba. Mi corazón comenzó a bombear alocadamente y sentí cierto pánico. Estaba cambiada y muy deteriorada pero era ella...

“Una mamada 20 pavos, cariño, ven, ven”. Tomó mi brazo y yo me dejé arrastrar hacia un viejo tresillo rojo totalmente destrozado que ocultaba la vegetación. Logré salir de mi atontamiento cuando hizo ademán de bajarme la cremallera del pantalón. Tomé sus manos entre las mías y las acaricié. Luego abarqué su cara con mis dedos y la miré a los ojos. Era ella, claro que era ella. “¿Qué pasa, no te gusto?, lo dejamos en 10 pavos, ¿vale?”. Su voz delataba un estado adormilado, autómata, desgarrador... colgada, estaba muy colgada...

Saqué de la cartera 50 euros y se los di. En sus ojos me perdí y los recuerdos llegaron a borbotones. Me vi como en un sueño. De cuerpo entero. Como en una película. Yo no tendría más de 12 años. Ella sobre 17. Demasiada diferencia de edad.

Yo iba contando las ganancias de mis canicas aquel día. Pensaba en que tendría que dejarme ganar de vez en cuando o nadie querría volver a jugar conmigo. Igual que con las peonzas, igual que...

Entonces la vi. En mis recuerdos, su imagen lanzaba rayos de colores que se proyectaban desde ella hacia todas partes. Su blusa blanca marcaba unas protuberancias que jamás había notado hasta entonces en ninguna mujer. Su cortísima minifalda roja de tablas escocesas sugerían unos muslos perfectos en la ascensión de sus preciosas piernas. Y... se me cayeron al suelo más de 100 canicas que botaban en todas direcciones por el temblor de mis manos, de mis piernas, por lo acelerado de mi corazón. Fue la primera vez que me subieron los colores por una chica.

Ella se acercó y yo creí morirme. Me sonrió y yo no tuve otra salida que salir corriendo de allí, asustado, dejando todo mi botín desparramado por doquier y en un gran estado de ansiedad por temor a lo desconocido, ¿qué me estaba pasando?, ¿quién era esa chica?, ¿qué tenía de especial?.

No paré de correr hasta que no pude más. Me fui a casa con sumo cuidado de no volver a encontrármela. Pero algo en mi había cambiado. Dejé de interesarme por los juegos habituales y por los amigos. Jamás conté este episodio a nadie. Me dediqué a buscarla, seguir sus pasos, saber donde iba que es lo que hacía, pero siempre a cierta distancia para no ser visto. La excitación y la obsesión que me transmitía era tan fuerte como la vergüenza de afrontarla de cerca. Mil veces pensé hablar con ella, que decirla, como decírselo pero cuando la tenía a una cierta distancia, ante la posibilidad de que tan solo me viera era presa del más profundo pánico y desistía.

A pesar de mi corta edad, la pasión el erotismo y el deseo aumentaba a medida que pasaba el tiempo. Ella se relacionaba con chic@s bastante más mayores. Acudía a fiestas y guateques en los que a mí me era imposible la entrada. No la conocí “novio” ni chico que la cortejara lo que incrementaba mis esperanzas. A la vez, espiando esos “saraos” observé los primeros besos y sobeteos robados entre sus amigos y comencé a asimilar las primeros apuntes sexuales de mi vida...

“No tengo cambio”, me despertó una voz perdida y gangosa. “¿Quieres follarme?, déjame que me coloque un poco primero”. Mi dedo índice se depositó en sus labios en signo de pedir silencio y la besé en la frente a modo de despedida.

“Oye, no te voy a pegar nada, estoy sana como una manzana... todos se mueren por follarme, tío, no seas raro, ¿es que no se te levanta?, déjame probar, soy buena... suelo estar por aquí, ven cuando quieras...” me decía mientras me alejaba. Una lágrima corrió por mi mejilla traicionando mi hombría. La verdad, no sé si fue por ella, por mí, por los dos, por la inocencia perdida, por la crudeza de la vida... pero yo no lloro. Los hombres no lloran.

Tampoco conté nada a mi amigo pero él me notó raro, pensativo, melancólico, triste.

Hoy casualmente termino de enterarme que ella murió ese mismo año. De Sida. Y quiero rendir un homenaje con esta historia real a todos los amores platónicos de cada uno de nosotros. Aunque como en este caso... nunca conté esta historia a nadie y sobre todo... nunca llegué a cruzar una palabra con ella, no hizo falta, todo fue magia. La magia del amor platónico...

katxan
26/06/2014, 12:29
EL DÍA PROMETIDO

Nací en un mundo salvaje, lleno de animales sedientos de poder. En esta selva la única ley que importaba era la del más fuerte. Desgraciadamente, sólo era una oruga, un mísero bicho que puede ser aplastado fácilmente. Y además, era el alimento preferido de muchos. Mi débil cuerpo era deseado por aquellos que mandaban allá arriba. Muchas veces estuve presente mientras uno de mi especie era desgarrado sin misericordia alguna, veía cómo su carne se hacía trizas entre las garras de esas bestias. A diario vivía aterrorizada porque no sabía qué me iba a deparar el futuro, a lo que todos llamaban destino. No quería pensar ello, prefería ignorar lo que me iba a suceder, pero era consciente, no podía escapar. Desde pequeña me inculcaron que todo esto debía ser así. Yo estaba en el eslabón inferior, yo era la presa. Mis primeros recuerdos eran de un hogar diminuto en la rama de un árbol mustio cuyas hojas siempre estaban podridas. Era hija y hermana, de eso estaba segura, pero desconocía todo ello. Lo único que recordaba era abrir mis diminutos ojos y no ver nada, porque todo estaba oscuro. Los olores que nadaban en el aire eran pesados y desagradables, bajo mi cuerpo, lo único que palpaba era una corteza dura y de tacto áspero. Cuando salí al mundo exterior, la cosa no cambió mucho. Me encontraba bajo muchos árboles de gran tamaño que no dejaban llegar los rayos de luz al suelo, por lo que los alimentos de los que yo iba a disponer iban a ser escasos. Desde pequeña iba vagando de hoja en hoja y conocía a muchos otros pequeños animales. Todos me hablaban de aquellos que se encontraban por encima de las copas de los árboles. Poco a poco, mis conocimientos se iban unificando. De lo que me había dado cuenta era que yo no era nada, sólo una más en un mundo inmenso y cargaba conmigo muchas normas que debía cumplir. Me hablaron de los innombrables, eran aves majestuosas pero malvadas, se apoderaban de todo aquello que querían y nunca nadie se podía interponer. Nosotros teníamos que ser su alimento, debíamos intentar vivir nuestras vidas aun conociendo nuestro trágico final. Teníamos que seguir el orden de la naturaleza. Nosotros, los más insignificantes, luchábamos por sobrevivir. Me había de arrastrar por húmedas plantas en busca de alimento para subsistir hasta el momento en el que, por capricho de un ser al que todos alababan, mi destino me diera muerte con la única visión de un esbelto cuerpo cubierto por el plumaje teñido de la oscuridad que me aguarda.
Conocía muchas cosas nuevas de este mundo, pero no entendía la causa. No entendía por qué mi futuro tenía que ser ese, por qué no era libre, por qué unos seres que no conocía iban a conducirme hacia la muerte de esa forma. Conocía las normas pero desconocía el motivo por el cual yo debía cumplirlas.
En uno de mis viajes por aquella selva inmensa, me encontré con seres de mi misma especie. Me invitaron a formar parte de su pequeña comunidad. Tenían como lema que la unión hacía el poder, peor yo sólo veía un buffet para las abominables criaturas. Tras varios días viviendo con éstos, fui adaptándome a su forma de pensar. Acepté mi destino y dejé de pensar los motivos y las causas. Empecé a trabajar y a buscarme la comida como una más. Ayudaba en lo que podía y convivía como podía.

Pasaron los años y mi vida era muy monótona, parecía un ciclo infinito en lo que todo se repetía una y otra vez, mis mañanas, tardes y noches eran simples “deja vu”. Hubo momentos en los que me sentía agotada, quería vivir, porque me sentía muerta, hacía lo que me mandaban pero no era lo que yo deseaba, no sentía vida dentro de mi cuerpo, era una esclava sin dueño, o eso creía.

Un día, nos invitaron a una reunión dentro de un nido hecho con pelos, plumas y hojas secas. Estábamos todas reunidas y al frente, encima de una ramita, posaba un viejo oruga. Todos decían que él estuvo frente a esas caprichosas aves para negociar paz y protección para su especie. Él era nuestro salvador, o eso decían, y nunca llegaríamos a ser como él. Además, era muy generoso y no le importaba compartir su sabiduría con nosotros. Y eso es lo que intentaba hacer en ese momento.

Empezó su discurso saludándonos cordialmente. Varias orugas cuchicheaban emocionadas, y otras orugas más jóvenes andaban mordisqueando las hojas secas. Tras el saludo, todos se callaron y un silencio frío ahogó la “sala”. El sabio dio paso a su discurso: “Queridos amigos y familiares, os he convocado hoy para informaros de las nuevas decisiones de aquellos que mandan allá arriba”. La “sala” volvió a alborotarse, todos temblaban al oír hablar sobre los majestuosos. Provocaban un miedo atroz en todos nosotros y era inevitable no pensar en la muerte siempre que se hablase de ellos. El sabio pidió silencio y siguió su discurso: “Amigos, amigos, cálmense. Les traigo muy buenas noticias, en realidad. Los monarcas me han proporcionado una oferta imposible de rechazar”. Empezó de nuevo el ajetreo en la sala, pero esta vez no era miedo, era una mezcla de alegría y curiosidad. Esta vez, mandaron a callar los guardaespaldas del sabio. El viejo oruga se acomodó, mojó un poco sus labios con saliva, pidió agua y se quedó en silencio, pensativo. Los demás empezaron a preocuparse. En ese momento pensé que algo nos escondía.

El sabio se levantó de la ramita y se acercó a nosotros con una sombra que cubría toda su cara, parecía estar nervioso y pude notar que sus ojos lagrimeaban. Se paró en medio de todos, se sacudió la cabeza y dijo: “Sé que todos tenéis miedo de nuestro destino, sé que estáis cansados de ver cómo cada día muchos de vuestros parientes son devorados por nuestros amos, sé que pensáis que no lo podemos cambiar, y es verdad, así es. Pero, he pensado que si las muertes no se hicieran todos los días, nos dolería menos. Quiero decir…Los majestuosos piensan que es mejor si nos sacrificamos sólo un día a la semana. Lo haréis por vuestra propia voluntad, pero, si nadie cede, es posible que se utilice mano dura. El caso es que, todos los domingos, cada miembro de cada familia será sacrificado…” Todos en la “sala” se levantaron sollozando, el ruido era atroz, era una mezcla de llantos, gritos de almas desesperadas que pedían compasión, una salvación, rogaban por vivir, sólo querían disfrutar de ese regalo, de la vida. Los guardias personales empezaron a disolver la reunión golpeando a las orugas con una especie de armas hechas por ramitas con una piedra puntiaguda en la punta. Todos corrieron a sus casas, pero los sollozos y gritos no cesaron. El sabio gritó desde la rama donde se encontraba la sala de reuniones, “Nadie podrá negarse, es vuestro deber, es vuestro destino y no podéis escapar”.

Pasaron los días y los sacrificios de los domingos se cumplían tal y como mandó el sabio. Nadie más en aquella especie de aldea volvió a sonreír, ahora las rutinas eran aún más pesadas. Sentía que vivía un infierno. No era la única que se sentía muerta en vida, todos empezaron a sentir las mismas miserables punzadas que golpeaban el corazón y que te hacían llorar sin querer.

Cierta tarde de un cielo que no puedo ver, pero que imaginaba como todos los demás, empecé a deslizarme por la orilla de un río. Deseaba caerme accidentalmente, me gustaba la idea de morir de ese modo. Sería mucho mejor que morir entre el pico de una de esas malditas criaturas. Pero la idea del suicidio no me llenaba, no sería capaz, me enseñaron que estaba mal, que eso es controlar el destino y que sería una pecadora. A veces, cuando me ponía a pensar sobre las historias que me contaban mis maestros, historias recogidas en un tronco de un árbol que llamamos Chrona, que todos nuestros ancestros estuvieron escribiendo durante años y años, me reía a carcajadas por lo ridículo que me llegaban a sonar, pero no me atrevía a decírselo a nadie, seguramente me tacharían de traidora y me matarían ente todos.
Las semanas siguieron pasando y todos los domingos se oían de nuevo los sollozos y los alaridos de las almas desesperadas. Yo no tenía familia, seguía siendo una oruga solitaria, pero la simple idea de ver esas situaciones me desgarraba el corazón, mi sangre vibraba y la sentía hervir, mi cuerpo temblaba y me sentía imponente, y como una cobarde salí corriendo.

Cuando recuperé el sentido, me encontraba sentada encima de una piedra fría, varias mariquitas y hormigas me rodeaban. Seguí mirando a las hormigas, me fijé en cómo trabajan en equipo, en todo lo que habían construido, en cómo se protegían y se cuidaban la una a la otra. En ese momento me di cuenta de todo. Yo podría hacer lo mismo con mi aldea, nosotros podríamos hacerles frente a todos, si nos unimos contra ellos podríamos dar un paso. Pero eran mucho más fuertes, ellos volaban, vivían en lo alto de las copas de los árboles, surcaban los cielos y lo veían todo. ¿Qué podría hacer? Una simple y desdichada oruga. Intenté calmarme y pensar bien en lo que quería hacer. Tenía miedo de equivocarme, pero algo debía hacer. Recordé que desde un principio yo no me encontraba en el mismo sendero que todos. Mis ideas eran diferentes pero ellos me manipularon. Ahora, tenía la posibilidad de volver a retomar todas esas ideas e intentar responder a las preguntas que siempre me había hecho. ¿Por qué debíamos cumplir las órdenes de individuos ajenos? ¿Por qué se creían superiores a nosotros? ¿Por tener alas? ¿Por qué teníamos que aceptar ese destino, quién lo escribía? ¿Por qué no somos libres? ¿Por qué trabajamos para otros? ¿Por qué todos nos mandan y nadie nos da explicación alguna?

Ese mismo día, volví a la aldea. Los sacrificios ya hacían acabado, la plaza se encontraba vacía, apenas algunas mujeres tendieron unas hojas y unas bellotas a secar. Me subí a una pequeña piedra y llamé a todos mis vecinos. Durante varias horas estuve haciéndoles esas preguntas y otras más. Todos quedaron boquiabiertos y confundidos en un principio. Luego empezaron las carcajadas y los comentarios ofensivos hacia mí. Pero no me rendí, seguí insistiendo. Exigía respuestas y nadie conseguía dármelas. Las mujeres empezaron a llorar, los hijos intentaban consolarlas. Muchos hombres me amenazaban para que me bajara y me fuera a mi casa. Yo no iba a ceder, necesitaba respuestas y no me iba a rendir hasta conseguirlas.
Cansados, todos se sentaron y mantuvieron silencio. Estuvimos así largo rato y se volvieron a levantar en orden, uno tras otro. Conforme se iban levantando, iban formulando nuevas preguntas, nadie podía afirmar nada, pero al menos había conseguido hacerles pensar, dudar y buscar respuestas como yo. Estaba anocheciendo y decidimos retomar el tema a la mañana siguiente.

Unos golpes en mi puerta me despertaron. Era un vecino, me dijo que todos me estaban esperando en la plaza, que el tema de ayer debía tener una conclusión. Y esa era mi intención, acabarlo. Estuve pensando en el tema durante toda la noche, y ya sabía la respuesta a todas esas preguntas.

Llegué a la plaza, todos me miraban con ojos de esperanza, confusión, tristeza…rogaban compasión. Volví a subirme a la piedra y proseguí: “Os he vuelto a reunir aquí para daros la respuesta a todas vuestras dudas, os lo diré de manera muy breve, y espero que me entendáis. Nada importa, todo da igual, todo es mentira, esas órdenes, ese destino, esas teorías, esas historias, falso, todo falso.” Los vecinos se quedaron aún más confundidos, todos querían seguir preguntando, sentían que su cabeza iba a estallar, lo único que había hecho era provocarles más dudas. Nadie entendía que “Todo es mentira”. Carraspeé y pedí silencio, volví a alzar la voz, firme y clara: “No tenemos tiempo que perder preocupándonos por buscarles respuestas a esas preguntas. Os digo, señores, que todo lo que ellos no han estado metiendo en la cabeza es mentira, nada de eso es verdad, creedme. Lo que debemos hacer ahora es destruirlos. Nos han engañado, nos han manipulado, debemos cambiarlo todo.”

Durante todos esos días, estuvimos planeando qué hacer para destruir el trono de la monarquía. Nos reunimos en pequeñas comunas y nos comentábamos las ideas. Surgían pensamientos revolucionarios y rebeldes, lo cual me llenaba de alegría, porque estábamos cambiando. Tras varias horas de reflexión, nos dimos cuenta de que nuestros débiles cuerpos no iban a conseguir ninguna victoria frente a los cuervos, debíamos usar nuestra mente. Sólo teníamos dos opciones, huir como cobardes o manipular a los cuervos. No sabíamos cuál escoger, así que decidimos cumplir las dos. Nos dividimos en dos grupos, uno iba a huir en busca de la libertad y otro, se plantaría frente a los majestuosos.
Pocos días después, nos llegó la noticia de que los que simplemente querían huir habían sido devorados. Eso nos hizo comprender que no debíamos ignorar las fuerzas que nos controlaban, no podríamos ser libres simplemente huyendo.

En una mañana fría y seca me levanté decidida para plantarle cara al rey de los cuervos, pero no podría conseguirlo, no tenía alas, no iba a conseguir nada, sólo era una simple oruga sin poder alguno. Pero mi corazón ansiaba esa libertad, tenía sed de libertad, lo deseaba, no quería seguir siendo una esclava de normas estúpidas.

Empecé a deslizarme por el trono de un árbol con la intención de llegar a la copa, donde decían que estaba el castillo del rey de los cuervos. No sé cuánto tiempo pasó, pero se me hacía infinito. Estaba agotada y hambrienta. Me había alejado de las hojas del suelo y tampoco llegaba a las hojas de las ramas. No me quedaba más que seguir subiendo para sobrevivir.

Cuando llegué a la copa, el ambiente era aún más oscuro, y el olor era horrible, encontraba pequeños trozos de animales muertos y no quería imaginar de qué podrían ser. Aguanté la respiración y profundicé en la copa del árbol donde cada vez olía peor. Llegué, era un nido inmenso, hecho de pelos, plumas, piel…era horrible. Tragué saliva y me adentré aún más. Con cada paso mi corazón se ajetreaba aún más, en pocos segundos me iba a encontrar frente a la muerte y seguramente, sería mi perdición.

“¿Qué deseas pequeña oruga? No tengo hambre por lo que puedes volver por donde has venido.”, dijo una voz grave y siniestra. Carraspeé y tomé aire, iba a dar comienzo a una conversación con el rey de las tinieblas. Le dije que mi nombre es “Wenry” y que mis deseos eran los de hacerle varias preguntas que daban vueltas en mi cabeza. Sorprendentemente, me dio permiso. Comencé a mostrarle mis ideas, abrí mi mente hacia ese cuervo y él sólo parecía callar y escuchar. Sentía que mis palabras tenían poder, me sentía viva. Le exigí respuestas pero sólo me observaba por sus oscuros y saltones ojos. Cansada, le dije: “Todo esto es una mentira, nos controlas a tu placer y crees que no podemos pensar por nosotros mismos. Tú eres el que no existe, tú eres nada, eres una realidad falsa.” El cuervo estiró sus alas y se acercó a mí amenazante. Y dijo “No es mi culpa que tengáis una mentalidad de rebaño, vosotros os llevasteis por este camino, vosotros creísteis en mis palabras, vosotros os mentís, sois unos hipócritas.”. “Te equivocas”, le dije, “Hemos cambiado, no creemos en ti, se acabó tu poder.” El cuervo salió del nido e intentó mirar al cielo, pero no pudo, las ramas lo tapaban, y dijo “Sólo quería alcanzar ese mundo”. Me reí y me miró curioso, “No existe nada más que este mundo”. Se acercó a mí y me atrapó entre sus garras, ese era mi fin…Quiso volar y traspasar las ramas del árbol. Trágicamente, una rama le arrancó un ojo y cayó directamente al suelo, yo cerré los ojos y sentía que era mi fin junto al suyo.

El cuervo no murió por el golpe, sus huesos eran huecos, pero no se quiso levantar, abrió sus garras y me liberó, me pidió que me acercara y me dijo: “Tienes razón”. El cuervo cerró los ojos y yo me posé en su pico. Ya no respiraba. Lo había conseguido, había acabado con esa mentira. De entre los arbustos empezaron a aparecer más orugas que se acercaban al cuervo que yacía bajo mí. Entonces le dije “Esta es nuestra hora, creemos nuestro mundo, ya somos libres”. Todos nos quedamos en silencio y una pequeña capa de pelusa empezó a rodearnos hasta que nos cubrió por completo. Pasados unos meses, el caparazón empezó a romperse, unas nuevas alas estaban asomando, era nuestra llave hacia la libertad.

katxan
26/06/2014, 12:29
EL SUEÑO CUMPLIDO

Tenía 17 cuando su padre le hizo llamar a su lecho de muerte. Allí sus palabras fueron duras pero esperanzadoras. Le dijo – no dejes que nadie te diga lo que tienes que hacer, nunca te rindas ante una adversidad ya que tú llegarás lejos. Sé una buena persona querida y respetada-. Su padre tenía la esperanza de que su único hijo llegara lejos y no dependiera de unas vacas y un carro para vivir. Samuel Gibson vivía en el seno de una familia afro-americana que vivía humildemente en un pequeño caserón, a las afueras de Kansas City, vendiendo la leche que producían sus vacas y con la cual ganaban algunos centavos.

Pasados unos años mientras Samuel realizaba el reparto matinal vio un anuncio de la Armada Americana en el cual aparecía la cara de Abraham Lincon y debajo una frase que decía: “Te quiero para la Armada de los Estados Unidos de América” . Vio ahí su oportunidad ya que no tenía ningún tipo de estudios y si quería conseguir algo la Armada era un buen camino. Decidió alistarse al Ejército del Aire donde lucharía para llegar a ser el mejor paracaidista de la historia. Al mes siguiente y con mucho pesar salió de su casa en busca de una vida, en busca del triunfo. El 2 de enero de 1930 con 20 años de edad se subió al autobús que le cambiaría la vida por completo. El autobús estaba lleno de jóvenes radiantes de energía que se quedaron atónitos al ver entrar a un hombre de raza negra en el autobús.

Al amanecer con una luz anaranjada que cegaba la vista llegó a la base de aérea de adiestramiento de la Amada después de un viaje incómodo y frío mientras escuchaba numerosos murmullos a sus espaldas. Bajó del autobús con miedo y se dirigió hacia el patio de armas donde les esperaba el Capitán Soup, un veterano de guerra frío y elitista el cual había conseguido muchos méritos militares en diferentes campañas. Silbó con fuerza y mandó a los soldados a formar. Cuando estaban todos en línea y firmes paseó lentamente observando detenidamente el rostro de cada uno de los jóvenes. Paró delante de Samuel con una cara arrogante y soltando una carcajada dijo – ¡Vaya si tenemos a un “tostadito”!-. Samuel permaneció quieto en su sitio en indiferente a sus palabras. El capitán añadió: - señoritas esto no es un campamento de verano ni unas vacaciones, esto será el peor periodo de vuestra asquerosa existencia- y se marchó con paso indiferente.

Un sargento los condujo a los barracones donde tenían sus “aposentos”. Allí surgió el problema cuando todos los jóvenes se negaban a dormir junto a un negro. Se fueron marchando uno a uno hasta quedar Samuel solo con otro joven, Mark Price , un chico muy joven con buen porte y un cabello rizado , pues era el único que no tenía ningún tipo de problema con los negros.

El primer día de instrucción fue duro, el Capitan Soup los levantó a las cinco de la mañana con un frío insoportable y en paños menores les hizo correr la pista del aeródromo veinte veces. Samuel cogió rápido la ventaja y cuando sus compañeros llevaban quince, él ya había terminado. Cuando paró de correr el Capitán le preguntó - ¿Por qué paras tostado?- Samuel respondió – Ya he terminado las 20 vueltas señor- el capitán añadió- bien hecho tostado, ahora da otras veinte más, los demás a la ducha y a comer-. Cansado por el esfuerzo Samuel llegó al comedor pero ya estaba cerrado, Mark le había guardado una manzana que se comió ansiosamente mientras los demás le comentaban lo buena que había sido la comida hoy.

Samuel se mostraba indiferente y en la sesión de entrenamiento de la mañana siguiente volvió a correr las veinte vueltas sin desfallecer ni un solo segundo y siendo el más rápido de sus compañeros. El Capitán frustrado mandó que le diera otras treinta vueltas más, y sin mostrar ningún tipo de resentimiento siguió corriendo sin parar y sin bajar el ritmo mientras sus compañeros disfrutaban de una ducha caliente. Obviamente solo pudo comer la pieza de fruta que Mark le tenía reservada.

Pasaron los días y todas las mañanas Samuel seguía siendo el más rápido corriendo en el aeródromo. Comenzó a ganarse el respeto de algunos de sus compañeros que veían que nunca se rendía ante nada ni nadie, y el odio de muchos de ellos pues no soportaban que un negro tuviera más coraje. Se sentía mejor consigo mismo y sabía que era capaz de correr hasta cien veces el aeródromo si fuera necesario. Sabía que el Capitán quería ponerlo a prueba para que se rindiera, y no iba a darle ese gusto y renunciar así a todo lo que creía.

Comenzó el adiestramiento para combate de los soldados con interminables maniobras donde Samuel siempre era el que más trabajaba, el que más ayudaba , el más rápido en montar el equipo de paracaidismo sin ningún tipo de error, además de ser el que mejor blanco hacía en la prueba de tiro . Él siempre estaba por delante de todo el pelotón y consiguió permanecer cuarenta y ocho horas agazapado en la prueba de camuflaje, unas diez horas más que los demás.

Soap comenzó a verlo como un problema pues él no quería que un negro se graduara en el la Academia Militar pero sabía que la prueba teórica, en la que los muchachos debían demostrar sus conocimientos de física y mecánica, Samuel no tendría ninguna oportunidad ya que no había ido a la escuela ni tenía ningún tipo de estudios.

Se acercaba la última convocatoria y Samuel no había aprobado ninguno de los anteriores. Esto significaba que si no pasaba esta convocatoria no podría graduarse.

En sus ratos libres mientras los demás salían a la ciudad a divertirse y a conocer chicas él se quedaba en la biblioteca con inmensos libros de aerodinámica pasando interminables horas de estudio. Tenía esa tensión de ir a contra reloj, pero en esos momentos se acordaba de las palabras de su padre y continuaba con más fuerza.

Pasaron los días y llegó la fecha del examen. Soap sabía que el examen era por la tarde y tenía que asegurarse de que Samuel no llegara al examen fresco, por ello esa mañana le mando a correr las 100 vueltas dejándolo nuevamente sin comer. Después de esto Samuel estaba agotado y sin energía alguna. Comenzó el examen, millones de números y letras pasaban por su cabeza rápidamente mientras pensaba en una cama y una gran hamburguesa que saciasen sus necesidades, sabía que no podía rendirse ahora y comenzó a escribir y a recordar todo lo que había estudiado.


A los pocos días salieron las notas. Esa noche no pudo dormir al no saber si sus esfuerzos habían merecido la pena. Miró al corcho y ahí estaba, en un papel recién impreso: Samuel Gibson apto. Se le salto una lágrima al ver que lo había conseguido.

El Capitán estaba realmente impresionado de cómo el “tostadito” había conseguido pasar la prueba teórica y encima con una nota superior a la media.

Solo faltaban unos meses para el día de la graduación cuando estaban realizando unas maniobras de salto a unos 4000 metros de altitud para aterrizar en la costa. Todos los muchachos estaban preparando el equipo sentados en los fríos bancos alargados que el avión tenía en la parte trasera. La maniobra consistía en realizar un salto de aproximación a la costa y nadar hasta conseguir llegar a tierra, una vez allí buscar el punto base y esperar órdenes. Estaban un poco asustados pues era invierno y una tormenta llegaba a la costa al mismo tiempo que ellos, pero no tardaron en empezar a saltar uno a uno. Un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando abrieron la compuerta y un viento atroz les golpeó fuertemente, cuando llegó su turno tragó saliva y saltó con los ojos cerrados sin pensarlo. Notó como el aire gélido le daba fuertemente en la cara acompañado de la lluvia, sabía que a los 20 segundos de caída tenía que abrir el paracaídas y también sabía que no estaba cronometrando el tiempo así que tiró de la anilla fuertemente y noto como el paracaídas tiraba de él fuertemente. Cuando llegó al agua se desenganchó rápido el paracaídas y comenzó a nadar hacia el norte que marcaba su brújula pues según sus cálculos posteriores tendría que estar a un kilómetro de la costa aproximadamente. Mientras nadaba oyó una voz muy que gritaba aterrorizada pidiendo auxilio, paró de nadar y levantó la cabeza, a unos cien metros de él vio una bengala roja flotando en el agua y sin pensarlo comenzó a nadar rápidamente hacia allí. Encontró a Mark con un brazo roto e intentando flotar como podía, pues se le había quedado enganchado el brazo en una cuerda del paracaídas y se le había quebrado el radio y el cubito. Samuel estaba muy nervioso pues solo escuchaba los gritos desesperados de su amigo y el sonido del fuerte mar embravecido, pero lo desenganchó del paracaídas y lo cogió del pecho comenzando a nadar hacia el norte de nuevo. Tenía la sensación de no avanzar ni un solo metro pues todo estaba oscuro y la lluvia dificultaba aún más la visión, tenía los brazos y las piernas llenos de calambres y había tragado suficiente agua como para llenar una bañera. Le invadió una sensación de alivio cuando su pie toco la arena del fondo, sabía que lo había conseguido.

Desde ese día de maniobras el Capitán se había dado cuenta de que el “tostadito” era un chico que merecía la pena y que había conseguido una hazaña heroica arriesgando su vida para salvar la de su amigo. Se ganó el respeto y la admiración de toda la base que aplaudieron su valentía.

El 20 de mayo de 1940 fue un día inolvidable aunque tenía un poco de fiebre y nauseas. Vestido de blanco y con decisión subió al estrado donde el Soup le impuso la medalla de paracaidista de élite. Se sentía completo pues había conseguido una meta en la vida, sabía que su padre estaba orgulloso pero todavía podía conseguir más, su próxima meta era ser oficial.


La fiebre y las náuseas del día anterior no cesaron y decidió ir a ver al médico de la base el cual lo envió al hospital de la ciudad. El 25 de mayo de 1940 le diagnosticaron cáncer de colon. Cayó en una profunda depresión y no quiso recibir ningún tipo de tratamiento, solo quería morir.

Una noche tuvo un sueño en el cual vio a su padre llorando y se dio cuenta de que no se podía rendir ante esta enfermedad, tenía que luchar para vencerla y poder llegar a ser oficial del ejército.

Comenzó a someterse a un tratamiento muy duro y radical que no le dejaba dormir ni una sola noche con los repetitivos vómitos y mareos. Dos años después el doctor le dijo que había evolucionado correctamente y que dentro de unos meses podría volver a ejercitarse para regresar a la base. Estuvo meses metido en el gimnasio recuperando la forma física y comenzó a realizar algunas maniobras sencillas en la base junto con su pelotón.

El 1 de junio de 1944 fue llamado a combate para llegar a territorio francés por lo playa de Normandía. Llevaba mucho tiempo esperando entrar en combate, hasta ahora solo había realizado maniobras de simulación de combate. Sabía que iba a ser una misión dura y que difícilmente los alemanes lo dejaran con vida, pero el deber lo llamaba y mucha gente lo necesitaba.

Su misión era aterrizar en territorio hostil y allí informar por radio de la situación de las líneas enemigas, además de encontrar un pelotón aliado para poder salir de allí. Era una noche oscura y desde el avión se escuchaban los disparos y las bombas estallando en tierra. Realizó un salto limpio y aterrizó en un pequeño bosque sumido en la más absoluta penumbra. Desengancho rápidamente su paracaídas pues la tela blanca enganchada en los árboles sí era visible para el enemigo, corrió hacia una posición elevada y allí se apostó. Desconecto la radio para que el enemigo no lo escuchase y monto su Henry Repeating calibre 22, solo se escuchaban disparos y explosiones lejanas que de vez en cuando iluminaban el cielo. Percibió un grupo de hombres que se aceraba a su posición, los escucho hablar en alemán entre ellos y cuando los tuvo a unos 10 metros abatió a los tres con 6 precisos disparos. El corazón le latía rápidamente y notaba como la adrenalina le corría por las venas. Fueron las seis horas más largas de su vida, hasta que amaneció y vio acercarse a un pelotón aliado, sabía que volvía a casa.

Fue galardonado con la medalla al mérito militar, pues esos tres alemanes eran espías que iban a revelar la posición de las líneas americanas para que fueran bombardeadas. También fue ascendido a capitán y conoció a una gran mujer de la que se enamoró y con las cual tuvo varios hijos.

Siempre pudo tirar la toalla pero luchó hasta el final por lo que quería con mucho esfuerzo y sufrimiento e hizo que su padre se sintiera orgulloso.

katxan
26/06/2014, 12:31
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katxan
26/06/2014, 12:32
Bichos

La mosca se estaba jugando su miserable vida. Era la tercera vez que me molestaba. Primero se había posado sobre mi pantorrilla; después, en el brazo diestro; y, ahora, acababa de cambiar de brazo. En las tres ocasiones me había producido ese típico y desagradable cosquilleo. Normalmente, a la tercera vez no aguanto más y me la cargo. Pero hoy me sentía generoso y decidí concederle una oportunidad más.

No la aprovechó. Contemplé impasible cómo sobrevolaba mis piernas y acababa aterrizando sobre el muslo. Sin duda había llegado su hora, ya que tras muchos años de práctica en la caza de moscas he llegado a conseguir una maestría admirable. Acerqué mi mano derecha lentamente, hasta que quedó a unos quince centímetros del insecto y, con un movimiento rapidísimo, rozando la superficie del muslo, catapulté la mano hacia adelante, como si se tratara de la mortal lengua de un camaleón.

Aunque, en general, uno no nota la presencia del insecto en su mano cerrada, la asidua práctica de la captura de la presa hace aventurar –con un altísimo porcentaje de acierto– el éxito o el fracaso de la tentativa. No fallé: la mosca estaba atrapada en mi mano. Me dirigí hacia una pared y, un par de metros antes de llegar a ella, lancé con fuerte impulso el contenido de la mano contra la dura superficie. El movimiento tiene que ser violento, ya que de lo contrario la mosca puede vencer la fuerza que la proyecta y remontar el vuelo. Normalmente, el impacto no causa la muerte del díptero, sino que lo deja malherido, en el suelo, incapaz de volver a volar. Uno tiene que decidir entonces entre rematar el bicho definitivamente o abandonarle a su suerte. En esta ocasión, elegí la segunda posibilidad, y me enfrasqué de nuevo en la lectura de la revista que había dejado sobre la mesa momentos antes, mientras realizaba la caza.

Unos minutos después bajé la vista al suelo. Había entrado en escena un nuevo personaje: una hormiga. Ambos insectos mantenían una lucha encarnizada. La mosca, vivita y coleando, pero imposibilitada para elevarse en el aire, intentaba evitar que la feroz hormiga la atenazara con sus potentes mandíbulas. No lo consiguió. La hormiga logró asestar el decisivo mordisco, que hizo que la pugna se decantara de su lado, y comenzó a arrastrar a la mosca. Las fuerzas de ésta iban decreciendo por momentos. Al principio, a la hormiga le costaba un gran esfuerzo mover a su presa siquiera un centímetro, pero el tiempo corría en favor del presunto vencedor, y las pocas energías que le quedaban a la víctima no podían impedir que fuera acarreada por el suelo cada vez con mayor rapidez. Pese a ello, tardaron muchos minutos cazador y presa en recorrer los cinco o seis metros que separaban el punto donde se había iniciado la lucha de un montón de ladrillos, cerca del cual se encontraba presumiblemente el hormiguero donde iba a tener lugar el desenlace del trágico suceso. Salvó la hormiga con su carga el primer ladrillo y ambos insectos cayeron de nuevo a la arena. Entonces la hormiga pareció dudar. No se decidía a continuar su camino en una dirección determinada. Había perdido momentáneamente el sentido de la orientación necesario para regresar a su guarida. Transcurridos unos segundos de suspense, volvió sobre sus pasos e intentó ascender por la cara opuesta del ladrillo que anteriormente había franqueado. Esta vez le costó más. Las tres primeras intentonas fueron fallidas: cuando estaba a punto de coronar la casi lisa superficie del ladrillo, un paso en falso o una repentina reacción de la mosca le hacía caer al suelo. Por fin, en la cuarta ascensión, logró sus propósitos. Recorrió el canto del ladrillo y puso rumbo a un agujero que se encontraba a pocos centímetros de ella. Presumí que vencedor y vencido estaban ya decididos.

Y, sin embargo, me equivoqué. Por el agujero del ladrillo asomó súbitamente la cabeza de una lagartija y se zampó a los dos.

katxan
26/06/2014, 12:33
Los pantalones

La rutina de todos los días. Bajo las escaleras en un estado similar al sonambulismo. Si me preguntaran, ni siquiera sería capaz de recordar el número del autobús que me ha traído hasta aquí. Y sin embargo, me acuerdo del rostro de esa mujer de ceño fruncido que no dejó de mirarme durante el trayecto. No le gustan mis pantalones rojos. ¿Cómo los llamó la chica de la tienda, ahora que ya tiene confianza conmigo? Ah, sí, rojo putón.
La confianza da asco.
La escalera que baja hasta el Metro es ancha, pero poco iluminada. Debe ser por la campaña de ahorro de energía. No recuerdo que hubiera esos azulejos tan horribles. Verdes. Pero no de un verde relajante, primaveral. No. Ese verde es tan agresivo como puede serlo el rojo de mis pantalones.
El último tramo desemboca en el andén F, sombrío y ruidoso, como cada mañana. Mientras desciendo apresurada, una mano invisible estruja mi pecho, mi estómago, mis tripas. Siento arcadas, y me detengo, con los ojos muy abiertos. Una intensa sensación de náusea me recorre el cuerpo entero, y me doblo sobre mí misma. No es un mareo. Es terror en estado puro lo que siento. A los ojos de cualquier espectador, bien podría parecer que voy a vomitar. Detrás de mí, unos pasos se detienen. Alguien se ha acercado para ayudarme, pienso. Levanto la cabeza para encontrarme con unos ojos oscuros. Arriba, a unos diez pasos hay un hombre, de unos setenta años, con el cabello canoso y encaracolado. Hay algo amenazador en su aspecto, aunque no sabría definir qué es. Parece tan corriente. Me apoyo en la pared y él desciende dos pasos más hacia mí. Alguien sube apresuradamente. Oigo maldecir al viejo, que da media vuelta y se aleja escaleras arriba, demasiado deprisa para lo encorvado que estaba hace un momento. Noto como la sensación de náusea va cediendo poco a poco.
Mareada y un poco ida, sigo bajando. Arrastro los pies. Sin embargo, algo no está bien. No soy dada a premoniciones, pero hay un escalofrío asentado en la base de mi cuello, y no desaparece ni siquiera cuando me subo al Metro. ¿Peligro? Yo no creo en esas cosas.

Las oficinas están en un edificio grande, lleno de puertas. A esas horas de la mañana muchas de esas puertas permanecen cerradas, pero de todos modos puedo oír bullicio en la planta superior. Son las chicas de la Asesoría Rivalta, que ya han llegado y cotillean con la puerta abierta. Su mayor diversión cada mañana es analizar la ropa que llevamos los demás, y a ser posible, calcular cuánto nos ha costado… Cómo no, se fijan en mis pantalones. Rojo putón. Hoy me toca a mí.
Nunca me había dado cuenta, pero estos pasillos de decoración anticuada se parecen un poco al edificio donde me crié, antes de que lo remodelaran. Horrible. Y tiene tan poca luz… ¿Es que hoy todos se han propuesto ahorrar en bombillas?
Y de repente, le veo. Es él. Y me está mirando. ¿Qué hace aquí ese hombre?
La sensación de peligro sube hasta mi garganta de golpe, y cierro con fuerza las mandíbulas para ahogar el grito. Sin detenerme un instante, corro a la oficina y me meto dentro. La puerta se cierra detrás de mi espalda. Entonces oigo su voz.
—Bien, bien… enciérrate.
Helada, doy dos vueltas a la llave y me aparto. Veo todo rojo, como a través de un velo. Por un momento temo que vaya a derribarla, o que la abra con ayuda de alguna triquiñuela, pero no sucede nada. Tardo en recuperar la compostura, y me acerco a la mirilla. No hay nadie.
Por si acaso, no la abro. Esto no es una película.
No hagas nada, quédate donde estás hasta que vengan los demás.
Cierro los ojos y trato de tranquilizarme concentrándome en mi respiración. No funciona, pero al menos pasa el tiempo y empiezan a llegar mis compañeros. La curiosidad me puede y les pregunto si han visto a alguien extraño en el corredor, describo metódicamente a mi acosador. Nadie parece haber advertido nada raro. Alguno incluso me mira raro.
Me esperan una pila de pedidos que no puedo retrasar, así que me pongo a ello. Una de mis compañeras hace un comentario sobre mis nuevos pantalones rojos, pero no respondo. No estoy de humor. ¿Por qué tarda tanto en cargarse este dichoso programa de facturación? Parece que los hagan ex profeso para que se ejecuten tan lentamente. No le conozco. No le he visto jamás. María me deja otro fax encima de la pila de pedidos. Chile. Y seguro que sin referencias. Podría ser cualquiera. Esto es un edificio de oficinas. Podría venir a hacer cualquier gestión. Estoy paranoica. Maldigo para mis adentros y comienzo a teclear. El logotipo de esta compañía destaca en la hoja como una señal de peligro. Rojo. Dos hojas llenas de cifras tan diminutas y estrechas que ganas me dan de tirarlas a la basura, ¿por qué no usarán una fuente estándar? Esa voz. No, no le conozco. Seguro que no le conozco.
Intento no pensar en el momento en que tenga que salir, para almorzar o para volver a casa. Me estoy obsesionando. Mientras tomamos el café, a media mañana, los demás me aseguran que es producto de mi imaginación. Nadie sería tan tonto como para seguirme a un edificio lleno de gente entrando y saliendo.
Me acerco a la ventana con la taza en las manos. Una parte de mí teme verle allí abajo, esperando. Pero no hay nadie. Eso me alivia. En el cristal, bastante limpio teniendo en cuenta la llovizna de los últimos días, me veo reflejada. Pálida, un poco deformada. Los dichosos pantalones rojos destacan incluso en el reflejo. Empiezo a arrepentirme de haberlos comprado, con lo poco que me gusta a mí llamar la atención.

A la hora del cierre, una de las chicas se ofrece a acompañarme hasta la entrada del Metro. Lo hace por cortesía, sé que no cree que nadie vaya a seguirme de nuevo. Ni yo misma lo creo. Así que la rechazo y me quedo en mi puesto, dejando que se vayan todos. Siempre soy la última, la que se queda hasta el final, apaga los equipos y cierra todo. Es una rutina como otra cualquiera.
Ella se despide desde la puerta. Ni siquiera soy consciente de ello, hasta que oigo un crujido, y se activan de nuevo todas las alarmas de mi cuerpo. De un salto estoy junto a la puerta, y hago girar la llave, dos vueltas de seguridad.
Una carcajada resuena en el pasillo vacío.
—Eso, eso… enciérrate.
Retrocedo. Mi respiración se ha acelerado, es más bien el jadeo de un animalillo aterrorizado. Vuelvo a ver a través de la neblina roja. A tientas, cojo el móvil y marco el número de la policía. No me atrevo a atisbar por la mirilla, prefiero arriesgarme a que sea una falsa alarma y quedar en ridículo ante los policías que volver a acercarme a esa maldita puerta…
Y entonces me fijo en el picaporte. Está girando. ¿He cerrado la puerta o la he abierto…?
Un paso atrás, dos. Deprisa. Más deprisa. Tropiezo.
Veo todo rojo.
No suelo gritar. Soy una persona mesurada y contenida. Soy... Pero cuando la puerta se abre unos dos milímetros, suelto un grito desgarrador que taladra los tímpanos.

Caigo. Caigo. Caigo irremisiblemente en la cama. Abro los ojos con un grito terrible, con una voz que no parece mi voz.

Lo primero que veo, son esos pantalones, doblados sobre una silla, esperándome.
Voy a devolverlos.
Ya.

katxan
26/06/2014, 12:33
Roland Bou Vela

Estaba yo sentado en el banco del colegio. Nada nuevo de momento: el profesor de Lengua nos hablaba sobre la metáfora, la metonimia y otras cosas raras. Me despistaba a mí una avispa; a otros unos cromos. Había algunos, incluso, que casi dormían un sueño eterno.

Todos medio sentados, medio maltrechos. El día no auguraba nada bueno ni malo, sino la corriente normal de los hechos que día a día nos apubullaban con tantos conceptos extraños. ¡Si teníamos trece años!, Bueno, menos el mayor, de catorce. Éste era el más capacitado: por la edad, que se notaba mucho, por su forma altanera, aunque educada, de contestar; y por su belleza. Pero belleza escondida. El porqué de estar su belleza fuera de tono es algo que descubrí más tarde.

Esa primera noche, tras las clases, yo no podía dormir: ¿Quién era? ¿Por qué se presentaba tarde al cuso? Roland había sido presentado como un nuevo alumno. Un compañero nuevo, ya comenzado el curso. Como yo tenía muchas ganas de novedades, y los demás también, nos hicimos el paseíllo en los bancos para dejarle sitio.

Él se quedó quieto, observando el aula y los chicos.

Levanté la mirada con expectación. «Él tenía que ser mío», —pensé—. Mío para siempre. No había otro modo de capturarlo. Y no había otra forma que la de hacerlo mi sangre misma.

El Director le impulsó para elegir un sitio. Él seguía buscando ese sitio; momento eterno para mí.
De repente, para mi espanto esperado, él eligió un sitio a mi lado. Mi mirada quizá lo había cautivado; —no lo sabía.

Se sentó a mi lado izquierdo. «Según mis pobres deducciones, Roland quería mirar hacia la derecha...»

—¡Hola!, —le dije como todo afán. «Hola, amigo, debió contestar» Era tan suave su habla que ni le escuché.

—¿Cómo te llamas? ¿Cómo llegas tan tarde? —silencio absoluto.

Pasan las horas, llega el nuevo día. El colegio no había cambiado de sitio. La calle seguía verde. El parque se iluminaba con el sol otoñal. Yo no era el mismo,—y de eso doy testimono. En mí había un amor que me resultaba molesto...

Al día siguiente, me dijo que se llamaba Roland Bou Vela. Y que nos veríamos en el momento oportuno.
¿El momento oportuno? Éste es un gilipollas, —pensé.

Me fui de paseo por los jardines que hizo el arquitecto Sabatini, y tenía yo un presentimiento, como cuando una hembra lo tiene. Yo no soy hembra. Yo no soy Roland.

En el contraluz bestial del horizonte rojo, se me apareció una figura. esbelta, rodeada de luz, como alguien celestial, que se me acercaba. Era Roland. Vestía de blanco. Se acercaba, ¡Dios mío, se acercaba!...

Me dijo sólo:—Ya estoy. ¿Qué quieres?

—Quiero ser como tú.

—Eso es imposible, porque ya eres como yo.

FIN

katxan
26/06/2014, 12:34
ES TARDE, DEMASIADO TARDE


Suicida, absurda e inútilmente intento ganar minutos a la hora estimada de llegada que me indica el navegador de mi coche. Es tarde, demasiado tarde. Y en mi cabeza martillea una y otra vez aquella frase: “…una historia de las tuyas…”

No podía borrar de mi mente aquella escultural figura, tendida de lado, completamente desnuda sobre las sábanas de raso, que me miraba con ojos de pasión y deseo. No podía comprender como aquella deliciosa y apetecible mujer, que podría yacer con cualquier hombre al que pretendiera, me hubiera terminado embaucando y que incluso hubiera aceptado su dinero por follar con ella. Y me repetía “…y ahora quiero que me cuentes una historia de las tuyas …”

El resplandor de los faros de un coche que circulaba en sentido contrario me hizo tomar conciencia de donde estaba. Conducía por instinto, con una concentración nula. Las 6,35 de la mañana. Apenas 10 minutos de haberme marchado, pero parecía que aún estaba allí, con ella. Quisiera no tener que lamentar el llegar tan tarde a casa sin tan siquiera un aviso previo. Es tarde, demasiado tarde. Me retumbaba aquella frase “…te he pagado y ahora quiero que me cuentes una historia de las tuyas…”

Todo comenzó con un simple e-mail. No era la primera vez que una amiga me recomendaba a otra amiga. Siempre ignoraba ese tipo de correos. “Fulanita me habló muy bien de ti, me gustaría conocerte, mi teléfono… bla-bla-bla”. Lo raro, que consiguiera mi teléfono. Lo raro, lo directa que estuvo: “Me han dicho que follas de puta madre y necesito estar contigo…”. Lo raro, que yo la siguiera el juego. Lo raro, que accediera a quedar con ella. Lo raro, que correspondí a su petición. “… me han dicho que tienes una imaginación desbordante no solo en la cama, te he pagado y ahora quiero que me cuentes una historia de las tuyas…”

Mientras aparcaba el coche en el garaje intuí la necesidad de buscar alguna excusa pero mi mente era incapaz de desconectar de los momentos recientemente vividos y pensar con claridad en algo distinto de aquella velada de infinitas horas de sexo ininterrumpido que se me antojaron instantes, excepto por aquella historia que improvisé ante su insistencia. “… vamos, no te hagas de rogar, me han dicho que tienes una imaginación desbordante no solo en la cama, te he pagado y ahora quiero que me cuentes una historia de las tuyas…”:

Había un agricultor que año trás año ganaba el concurso al mejor maíz. Preguntado sobre el secreto de su éxito, este confesó que se debía a que compartía su semilla con los vecinos. Preguntado sobre si esto no mermaba sus posibilidades, contestó: "el viento lleva el polen del maíz maduro de un sembrado a otro. Si los demás cultivan un maíz de peor calidad, la polenización cruzada restaría calidad constantemente al mío. Si voy a sembrar el mejor maíz debo ayudar a que mis vecinos también lo hagan…".

Ella quedó pensativa, quizás decepcionada, claramente esperaba otra cosa y yo me regocijé de ello, pero finalmente con esto me dejó en paz, me sonrió y me dijo seriamente: “Es la primera vez en mi vida que digo esto, pero… estoy totalmente satisfecha de sexo, no puedo más… eres excepcional… me gustaría poder llamarte de vez en cuando…”.

¿Qué estaba pasando?. Mi llave no podía abrir la puerta de mi casa. Tendría que llamar al timbre, pero era tarde, demasiado tarde quizás.

- “No lo hagas, ni se te ocurra volver a llamarme. Esto acaba aquí. Eres extraordinaria, la verdad no entiendo que coño haces con un tío como yo. Eres joven, preciosa, perfecta, divertida, inteligente, sensual, apasionada…”

- “Los tíos de mi edad no tienen ni puta idea de follar y además no hay quien los aguante, ni antes ni durante ni después… y el resto nada que ver contigo, alguien como tú es lo que he buscado tanto tiempo, lo que necesito…”

- “No digas gilipolleces… mira, he accedido a tus propósitos, todo esto estuvo muy bien, te lo aseguro, pero no debe volverse a repetir… además sabes que estoy casado…”

- “He estado con muchos hombres, pero tu eres excepcional y lo sabes. Me has sorprendido completamente de principio a fin, imposible encontrar a alguien como tú… te lo habrán dicho mil veces…”

- “Y dale con las estupideces. Olvídalo, nunca más… ¿lo has entendido?. No estropees este momento y el recuerdo que me llevare para siempre de ti.

No tengo otro remedio que llamar al timbre. Dios. Oigo sus pasos. ¿Qué excusa pondré?. Es tarde, demasiado tarde. Y entonces oigo sus gritos desde el otro lado de la puerta: “Vete, lo sé todo. Enviaré tus cosas donde me digas pero no quiero verte nunca más, ¿lo tienes claro?. Yo te envíe a esa puta porque sospechaba de ti. Ahora todo se confirma. Termina de llamarme. Adiós para siempre”.

- “Aún estas a tiempo. Dime que me seguirás viendo o te arrepentirás.”

- “ ¿Que es esto?... ¿me amenazas…?, ¿tu crees que podría seguir una relación de algún tipo contigo después de lo que terminas de decirme…?. Adiós para siempre!!!”.

- “Perdóname. La verdad es que estoy desesperada, no se que hacer para que lo reconsideres. Verás, esto empezó de una forma… puedo explicarte… pero puede terminar bien…”.

- “Calla. No quiero oírte. Es tarde. Demasiado tarde.”

Los pasos se alejan. “Cariño, puedo explicarte…”. Oigo en la lejanía cada vez más bajo “Calla. No quiero oírte nunca más. Es tarde. Demasiado tarde.”

Desolado la llamo. Necesito una explicación. Una voz fría coge el teléfono y menciona una frase hasta que cuelga sin esperar tan siquiera oír mi voz, sin saber lo que quiero. “Es tarde, demasiado tarde… piiiiiiiiiiiiiiiii”

katxan
26/06/2014, 12:34
Anuncios clasificados

Yo compro el periódico todos los días, porque hay que estar informado... Y si algún día tengo mucha prisa lo que hago es leer sólo las páginas de contactos.

Sí, porque en las páginas de contactos está resumido el periódico entero:

1.- Sección internacional: Griego, francés, turco...
2.- También está la sección de música: Dúos, tríos, grupos...
3.-Meteorología: Lluvia dorada...
4-. Economía: ¿60 euros? Completo...

Bueno, y los mejores son los que ayudan a la gente con problemas. Por ejemplo, una señorita tiene un problema:
- Vanessa, muchas tetas, 120.

¡Ciento veinte! ¿No son demasiadas tetas?
Oye, pues lo anuncia y alguien le comprará veinte o treinta.

Los anuncios de contactos, al igual que el resto del periódico, hay que saber interpretarlos. Los hay que sirven para prevenir los riesgos:
-Jeanette: recibo desnuda.

Pues está bien que te avisen, porque imagínate que van unos testigos de Jehová, llaman al timbre y les abre Jeanette desnuda.

-Venimos a verte en nombre de Jesús.
¿Qué pasa?, ¿Qué vuestro amigo es tímido?

También para prevenir es éste otro que dice:
-Leticia: senos explosivos, cuerpo de infarto.

¡Senos explosivos! ¡Cuerpo de infarto!
Aquí sexo seguro no hay.
¡Como para llegar con la mecha encendida!

Otro es:
-Víctor. Superdotado. Largo, dos latas de Coca-Cola.

Oye, pues siendo superdotado ya podría haber estudiado el sistema métrico decimal.
Y lo de las dos latas de Coca-Cola, depende, porque si son de las que te dan en los aviones...

Y es que algunos anuncios dan qué pensar:
-Chicas universitarias, reciben las 24 horas.

Vale, ¿y cuándo estudian?

Y también éste que dice:
-Orientales. Disfrutarás haciendo un trío con nosotras.

Está claro: Un trío, Orientales...
¡Coño, los Reyes Magos!.

Dentro de los anuncios de contactos también encuentras a gente muy directa:
-Carla, azafata de vuelo, te hago de todo.

Y es verdad: te retrasa el avión, te pierde las maletas... ¡De todo te hace!

Hay otros, sin embargo, que son contradictorios:
-Jennifer, viciosa y discreta. Calle Bailén, 40.

Querida Jennifer: viciosa puede, pero discreta, no.

Y éste otro:
-Sumisa, llámame por las tardes.

Un momento: ¿No eres sumisa? ¡Te llamaré cuándo me de la gana!

Y luego están los que te hacen dudar:
-Famosa de la tele. Demostrable.

Bueno, si te lo tiene que demostrar, no será tan famosa.
Y además, aunque sea verdad, sólo con esos datos podría ser la oveja Dolly.

Claro que, para dudas éste:
-Yoli. Soy ninfómana. Lo hago por vicio. 60 euros.

¿60 euros de qué? ¿Los pagas tú, o te los paga ella? Porque si lo hace por vicio....

Hay algunos que, si te paras a pensar, promocionan el canibalismo:
-Ángela: cómeme enterita.

Y al lado otro que dice: S
ofía, me lo trago todo.

Pues ya está: ¡Ángela tiene que llamar a Sofía!

Pero para mí el más alucinante es ese que pone:
-Marlene, señorita discreta muy culta y elegante. Te ato a la cama, todas las posturas, francés bajo el agua en mi jacuzzi, griego profundo, lluvia dorada, penetración infinita, beso negro con ojos vendados. Completo, 30, una hora 60.

O sea, ¿que todo eso te lo hacen en media hora? ¡Qué barbaridad!.
Para mí que Marlene es Ramón García, porque eso es El Gran Prix.

Yo creo que al paso que van acabarán resumiéndolos aún más para no gastarse tanta pasta.

Y ya puestos, tengo algunas sugerencias: Por ejemplo, en vez de decir "griego profundo", podrían poner "Platón".

Y en vez de anunciar "francés bajo el agua", que pongan: "Cousteau".

Y sobre todo, en vez de "beso negro con ojos vendados", podrían poner "Stevie Wonder".

Algunas muestras gráficas… Prodigio de la naturaleza!!!! y... que miedo!!!!!!!!

http://i.imgur.com/KQLv2FZ.jpg

Y es que hay que ver la demanda que tienen últimamente los pisos de Fast-Fuck y
el overbooking que generan...

http://i.imgur.com/NiClODU.jpg

Y es que hay que ver como nos engañan con las fotos… yo no la echaba más de 120
años, Imaginaros entonces las profesionales del sexo...

http://i.imgur.com/kWBgFzw.jpg

Orgía total!!! Y a pelo!!!!!!!!!!!,

http://i.imgur.com/gqB5D8v.jpg

P.D.: esto es un pequeño resumen-recopilación de algunas cosas que he leído por ahí y otras de cosecha propia con el ánimo y sin más pretensión de levantar alguna sonrisa

katxan
26/06/2014, 12:35
El perfume


Después de algún tiempo había retomado la lectura. Empezaba el segundo libro de la semana, tan tocho e infumable como el anterior. En el andén del metro pasaba la página 32. Sin dejar de leer me introduje en el vagón y me senté a plomo terriblemente cansado. Quizás el peso del libro, quizás el peso de mi alma.


No pude concentrarme.


Una y otra vez releí el mismo párrafo sin enterarme de nada. Algo familiar me abrumaba sin que al principio fuera capaz de descifrar el motivo. Dejé de leer. Cerré los ojos y me dejé llevar paladeando las sensaciones.


Entonces la vi. Completamente desnuda, coqueta, orgullosa, me incitaba con una sonrisa pícara mientras me pedía que la dejara fumar un cigarrillo antes de besarla.


El perfume. Era el perfume. El vagón se había llenado de ella. Del olor de ella. ¿Sería ella la que a mi lado me hizo perder el sentido de la realidad?. Imposible. El preludio ceremonial con su “Que pasa niño!!!” no se había producido.


No la miré para evitar perder la magia y soñar…


La hice apagar el cigarro a medias. La reprendí por la ceniza vertida en las sábanas y la abrace con fuerza hasta que se quejó entre ñoñerías mimosas. La besé sin prisas. La besé tiernamente. Primero los labios, la boca, el cuello, la boca, la oreja, la boca, la otra oreja, la boca, los hombros, el cuello… la boca.


Por mis auriculares sonaba Amy Winehouse, Rehab y cerré aún más fuerte los ojos mientras me dejaba embriagar por la fragancia. Iba llegando a mi trasbordo y odiaba tener que romper este momento onírico.


Noté su máxima excitación y comencé a acariciar sus pechos. Primero suave y delicadamente. De uno a otro. De otro a uno. Luego los dos a la vez. La miré y tenía los ojos cerrados. Jadeaba. Entonces comencé a paladearlos evitando sus pezones que permanecía erguidos, desafiantes y poderosos. Mis manos acompañaban las caricias de mis labios, de mi barba, de mi lengua, hasta que me introduje un pecho casi completamente en la boca y mi lengua empezó a balancear su pezón. Succioné con fuerza y ella se estremeció.


Afortunadamente la fragancia se levantó y bajó en la misma estación que debería hacerlo yo. La gente se entremezclaba pero yo tal como un borracho la seguí. Prefería no romper el encanto mirándola pero entre la multitud pude verla a ratos parcialmente de espaldas. Era de su misma estatura. Su pelo era parecido y del mismo color aunque menos rizado. Llevaba unas mallas-medias y una falda vaquera muy corta. Llegamos al mismo andén.


Sonaba Back to Black de Amy en mi Ipod.


Se retorcía de placer y ansiedad. Sin dejar de acariciar sus pezones mi lengua jugueteó brevemente con su tripa, con sus caderas, con sus muslos y antes de que me pegara desesperada, llegué a su sexo. Su mano apretó más fuertemente mi pene. Sus pequeños contoneos guiaron mis movimientos lentos y traviesos al principio. Aumenté progresivamente el ritmo mientras mis dedos se turnaban con mi lengua en su vagina.


El aroma se desvanecía y no tuve más remedio que mirar. Se apeaba. A pesar de ser una estación antes que la de mi destino, me bajé y la seguí hasta la calle a una distancia prudencial en la que el estímulo fuera el suficiente para recordar/imaginar/soñar.


Su orgasmo llegó y yo tuve que reprimir el mío. Esto no hacía más que empezar. Sus espasmos, sus gemidos ahogados, su vibración, sus ojos perdidos, sus labios, su sonrisa, sus movimientos de cabeza, sus caderas, sus manos, su tensión, su sexo… traicionaron su discreción.


Yo me tumbé encima de ella y la besé. Pero sobre todo, la olí. La olí queriendo inhalar su alma y apoderarme de ella para siempre dentro de mí.


Salió a la calle y cogió una dirección totalmente opuesta a mi destino. Seguí mi camino sin haberla visto de frente. Tendría que andar algo más y apreté el paso. El perfume fue perdiendo fuerza hasta que desapareció por completo.


En mi Ipod oía Pink Floyd, Wish You Were Here.

katxan
26/06/2014, 12:35
Los gusanos

Algún día alguien dijo que el dolor es algo temporal, pero el olvido, es para siempre.
Un día, un hombre le dijo a la mujer que amaba:

-El amor es dolor, y yo estoy dispuesto a vivir todos los dolores de la vida a tu lado.

El hombre tomó de la mano a la hermosa mujer y con dolor le dijo:

-Si quieres quémame los ojos, si quieres conviérteme en el color gris, pero no dejes que nuestro amor se muera en el olvido.

Al pasar el tiempo el corazón de la mujer se transformó en piedra, y con una daga oxidada en la mano, convirtió al dolor temporal en un eterno olvido.

Un sombrío enterrador cavó una profunda tumba, y arrojo en el fondo a ese gran amor muerto.Y el enterrador dijo:

-Ahí va otro amor muerto, y ahora, nadie lo recordara.

Entre cortinas de terciopelo negro, el amor muerto lentamente se pudrió. Y con gran alegría los gusanos se lo comieron.

Y los gusanos dijeron:

-Adiós amor muerto, adiós para siempre, lindo y doloroso amor.

tumodaonline
02/07/2014, 23:14
Qué buena pinta tienen los relatos, habrá que leerlos todos :)

Saludos