Ver la versión completa : Antigua Vamurta - Saga Completa
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Antigua Vamurta – Saga Completa ya está publicada en Amazon en formato ebook o libro electrónico. Vamurta es puro género fantástico, una de las novedades notables del 2013 en literatura fantástica. Y a su manera es una pequeña saga de fantasía. Es un relato de casi 800 páginas, un relato de aventuras, una historia épica, de amor y amistad.
Al fin y al cabo, Antigua Vamurta es la narración de unos seres que sueñan un mundo mejor. Unos seres que habitan un universo propio, distinto a otros que han existido, poblado de hombres grises, murrianos, sufones, hombres rojos, vesclanos y otras criaturas sobre las que guardo silencio. Un mundo fantástico convulso, violento, azotado por los vientos de un destino incierto.
En breve, Antigua Vamurta – Saga Completa estará también a la venta en papel. En concreto en CreateSpace, una empresa de Amazon. Cuando salga actualizaré esta entrada para dar toda la información sobre el libro en papel.
Si queréis comprar el libro en formato ebook os dejo los enlaces en esta lista:
• Amazon España: http://www.amazon.es/Antigua-Vamurta-Saga-Completa-ebook/dp/B00BSDJYDC/ref=pd_rhf_gw_p_t_1_CSYQ
• Amazon.com: http://www.amazon.com/Antigua-Vamurta-Completa-Spanish-ebook/dp/B00BSDJYDC/ref=sr_1_2?ie=UTF8&qid=1363170887&sr=8-2&keywords=antigua+vamurta
• En Amazon Gran Bretaña, Italia, Japón, Brasil, Francia, Alemania, etc., también estará disponible, con unos días de retraso.
Si os leéis el libro y os gusta y lo consideráis conveniente, cualquier comentario o recomendación es muy bienvenido. Publico por libre y realmente es muy difícil sacar la cabeza por la potencia de los grandes sellos editoriales.
curecrow
17/03/2013, 16:42
He empezado a leerme el primer capítulo del segundo libro de Antigua Varmuta (capitulo 31) que por cierto el hiperenlace de las paginas de índice me ha venido muy bien para poder ir directamente al 2º libro sin tener que ir probando página.
El capítulo sigue exactamente donde se acababa el libro 1 y me encanta.
Solo comentarte que en el Kindle sigue sin aparecer en el menu de ir a... la opción del indice, cosa que creo que le daría mas profesionalidad a tu libro (que creo que también hace aparecer en la parte de abajo en la barra de progreso un puntito en el % correspondiente a cada comienzo de capítulo). Como se crea el índice lo desconozco pero tal vez algún compañero del foro si que te lo podria indicar.
Un saludo!
Buenas Curecrow, me alegra saber de que ya has empezado a leer el libro. De momento, las opiniones que me llegan es que el segundo libro está mejor que el primero. Bueno, todo es relativo. Aunque es una misma historia sí me vi obligado a acelerar los tiempos en este segundo libro que cierra Vamurta, lo que quizá hace la narración más dinámica.
Pues sobre lo que comentas le echaré un vistazo. Incluí en el índice los hiperenlaces a los capítulos para que quien lo leyera pudiera desplazarse rápido al punto de lectura. Se nota que no tengo ebook, todavía, porque le di mucha importancia la texto y a las correcciones y no tanta a las ventajas técnicas de este formato.
Es muy buena idea lo que planteas.
Saludos.
Si estáis viviendo en Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Brasil, Alemania, Japón, Canadá, etc., el libro también está disponible en formato ebook.
Saludos.
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La Sinopsis
Las esperanzas de los hombres grises se desvanecen poco a poco. Vamurta está asediada. Los pueblos del oeste afianzan su poder y las nuevas tierras son disputadas por muchas razas. Antiguas fronteras que se resquebrajan, dioses que aúllan, magos que resurgen, mujeres que ostentan gran poder.
Por senderos y ciudades lejanas un puñado de guerreros, sin bandera ni tierra que defender, se adentran más y más en lo desconocido. Buscan un sueño en el que creer, anhelan el paraíso que una vez perdieron.
A lado y lado del Mar de los Anónimos se desenvainarán las espadas y los arcabuces rugirán. Hombres y mujeres grises, murrianos, vesclanos y sufones desean un mañana mejor, una paz que no llega, un descanso que se difumina en cada amanecer de hierro.
Si decides adentrarte en la niebla será demasiado tarde para volver atrás.
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El libro Antigua Vamurta también está a la venta en papel desde hoy. Después de fiestas daré más detalles, mientras, dejo los enlaces para comprar el libro, que como sabéis, también está disponible como libro electrónico.
En Amazon España: http://www.amazon.es/Antigua-Vamurta-II-Saga-Completa/dp/1482713853/ref=sr_1_cc_3?s=aps&ie=UTF8&qid=1364200653&sr=1-3-catcorr
En Amazon.com: http://www.amazon.com/Antigua-Vamurta-II-Completa-Spanish/dp/1482713853/ref=pd_rhf_gw_p_t_2_NV6P
Sobre los avances del libro de esta novela de género fantástico. Publicaré pocos fragmentos y deliberadamente desordenados para no avanzar o dar pistas sobre la trama.
Dejo el primer avance del segundo libro y una ilustración inspirada en las nuevas tierras.
40
LA RUTA DEL OESTE
—Puede que sea un borracho y un fanfarrón. Eso es lo que decía mi madre —murmuró Dort Riala—. Pero, por todos los males que pueblan la noche: llegarás a Oquadé.
El hombro rojo había atado al murriano a la montura con una cuerda que rodeaba la cintura y el pecho de su compañero. Quería evitar que un desmayo fuera una caída fatal. Ambos renos rompían el camino, uno al lado de otro. Dort, con la gruesa mano izquierda, sujetaba las riendas de los dos animales que exhalaban, poderosos, grandes nubes de vaho. Era tal el frío que ni los gruesos jubones superpuestos a las corazas servían para dar calor. Incluso la luna, aupada sobre una nada negra, parecía un cristal helado.
El hombre rojo soltó una carcajada horrible, un trueno que resonó en la soledad de los campos y bosques que iban dejando atrás. Aldier abrió un ojo, recostado como estaba sobre el musculoso cuello de su montura.
—Ellos tampoco pueden espolear a sus bestias. ¡Esos insectos se romperían el cuello!, ¡esas cabezas calvas y puntiagudas! Como las de un puercoespín, ja, ja, ja. ¡Cabezas de coliflor, eso es lo que son!
El murriano sonrió, agarrándose al consuelo del coraje de su compañero.
—Te conozco, murriano. Crees que soy uno de esos hombretones que pasan sus días dando mamporrazos a todo lo que se pone delante y luego lloriquean sus desgracias agarraditos a una buena jarra, que por cierto, daría mi vida por una de ellas. Pero tengo ojos, estos —dijo, llevándose dos dedos sobre las profundas ojeras del que no ha dormido—. ¡Siempre te escondes! Pero te vi, te vi en esa isla.
No era posible hacer más. Desapacible noche para ser horadada. La luz de la luna manchaba el sendero convirtiéndolo en una traza. Espolear los renos equivalía a un suicidio, así que se limitaban a acortar la distancia que los separaba del campamento algo más rápido de lo que lo haría un hombre corriendo. El aire gélido cortaba las mejillas. El rojo cerró un poco la capucha de lana de su largo abrigo. Endureció las facciones, apretando los dientes. Sobre su barba hirsuta reposaba la escarcha. Bajo el cuero de sus guantes sentía el hielo que eran los muchos anillos con los que se adornaba las manos. Con su diestra, sacó algo de la alforja que colgaba de los traseros del reno.
—Tengo mis recursos, murriano. Los espíritus del viento no me doblegarán —Dio un trago del frasco de cerámica que sostenía con su mano libre—. No soy un Bálkida, ¡vive Tamboras!, pero tengo mis recursos. Ten, dale un buen lingotazo. Lo necesitas.
El cuerpo de Aldier botaba al unísono con el animal. Alargó el brazo y bebió con dificultad. Tosió. Aquel aguardiente de tubérculos quemaba. Sentía que la pierna seguía sangrando, a pesar del vendaje improvisado por el hombre rojo. Hilos de sangre que descendían por los muslos de acero hasta resbalar sobre la hendidura de su pezuña. Tenía tanto frío que solo deseaba que todo acabara.
—Sí, te recuerdo en la isla. Cuando esos gusanos de río, los llais, nos atacaron. Allí fuiste otro, magnífico a dos espadas. ¿Quién eres? ¿Ese, o el tipo parapetado bajo un jubón raído? Abriste una puerta para que pudiéramos escapar, aunque de todos solo quedamos nuestro estratego y yo… No queda mucho para Oquadé, murriano. Me he perdido las fiestas del Zintan y eso quiere decir que mis dioses no me favorecerán, al menos mientras dure el frío. ¿En qué creéis, los murrianos?
Aldier cabalgaba con los ojos cerrados. Dort frenó las monturas y se apeó. Los renos agradecieron la pausa. Notó el profundo silencio que los rodeaba. Nadie los seguía, al menos de cerca. Cubrió el cuerpo de su compañero con otra capa y lo aseguró a la silla.
—Bebe un poco más. —Únicamente sobresalía la cara romboidal de Aldier. Hasta sus bigotes caían a los lados—. Debes mantenerte despierto, amigo. Intenta estar derecho, como un dios.
El aire zumbaba en sus oídos, furioso. Lo tranquilizó no ver ni oír nada más que sus respiraciones y los bufidos de las monturas.
—Y oye bien lo que te digo, murriano. Tengo más de una buena razón para querer llegar a Oquadé. (....................) ¿cómo podría curarme, amigo mío? Soy un lobo hambriento que (......), soy un lobo que llora y ríe cada noche.
El hombre rojo emitió un aullido que acabó en una larga canción de risas y sollozos.
—Creo que si fuera lobo en estas tierras —El murriano tenía los dos ojos abiertos y sonreía, a pesar del dolor de la herida—, al oír el estertor de tus carcajadas procuraría no asomar la cabeza por aquí.
El hombre rojo respondió con otra sonora risotada. Exhortó a los renos en su lengua arcaica.
—Murriano. Las estrellas nos siguen y nos envidian. Llegaremos a Oquadé. Y lo haremos los dos, vivos.
Siguieron adelante. No había más remedio. Debían avisar al resto de la tropa de que los sufones volvían, que esta vez ni un milagro los salvaría.
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curecrow
03/04/2013, 21:33
Pues decir que ya me lo he acabado, he disfrutado mucho leyendolo y me ha encantado. El final y algún suceso de entre capitulos los he encontrado un poco previsibles pero aun así recomiendo 100% Antigua Vamurta a todos los lectores aficionados a los libros de fantasía épica.
Salu2!
Anda, pero que contento me has puesto.
Saber que te ha gustado, que has pasado un buen rato (espero que por momentos, trepidante), justifica muchas horas, ¡años!, de encierro.
Hombre, no puedo comentar muchas cosas del final por razones obvias. Eso sí, Vamurta iban a ser tres libros pero al final opté por dos, para cerrar, para asegurarme de que quien iniciara el viaje pudiera llegar al final. Quizá lo hayas notado en tramas que bien pudieran dar para más, en paisajes, civilizaciones y personajes sobre los que te hubiera gustado conocer más. El lado positivo es que no hay que esperar 3 años para conocer cómo acaba todo esto.
Un abrazo y muchísimas gracias por tu comentario. Es toda una alegría.
curecrow
05/04/2013, 10:02
Que se podría haber profundizado más en algún personaje, civilización o descripción de paisajes alargado algo más la trama pues sí, pero a mí me gusta tal y como ha quedado. También conforme ha quedado, si el libro en un futuro llega a tener éxito, y tienes fuerzas para profundizar en el universo que has creado, da pie a escribir alguna precuela/secuela o libros relacionados que profundicen en las diferentes razas.
Un abrazo!
Buenas Curecrow.
Lo cierto es que he profundizado mediante un puñado de relatos que puedes encontrar en el blog:
- El Canto de Ulam
- Un día y una noche, de la Ermesenda joven.
- Taonos o las Gargantas del Diablo, sobre el joven veguer de la Marca sur
- Y La Mujer de Nieve, sobre un magíster de las Colonias.
Están bajo la pestaña de "Cuentos Fantásticos". Quizá más adelante escriba algún otro, sobre el murriano, sobre el Doplo, sobre los sufones también me gustaría añadir algo. Eso, pues con los años. Ahora mi prioridad es trabajar, llegar a fin de mes, que lo tuve demasiado desatendido eso.
Es verdad lo que comentas sobre que da para más. Yo también lo percibo. Y si lo pienso mucho, hiervo, me puede la rabia. Cuando, tres años atrás, empecé a escribir el segundo libro de Vamurta me enfrenté al siguiente dilema: ¿Será capaz de acabar? Escribir es destinar grandes esfuerzos a algo que flota. Luego, me hice la siguiente pregunta: ¿hasta qué punto es justo dejar colgado a un lector a quien a lo mejor le ha gustado la historia? Me parece terrible eso, algo así como una estafa. Así que decidí comprimir dos libros en uno. Y llegar al mar, como los guerreros de la Anábasis alcanzaron el Mar Egeo para poder volver a casa.
Así que acabé la historia y ahora la he publicado. Te juro que hoy, a esta hora, y ayer a la misma, me veo incapaz de escribir algo así. Quizá en verano piense otra cosa, pero ahora me vería incapacitado para un tercer libro. Sería como si me pideran que subiera el Everst.
Bueno, lo del éxito. Un libro de éxito o bestseller en España requiere de una inversión de entorno los 700.000 euros (medios, publicidad, críticos, etc.). Estaría bien tener éxito porque sería comprar tiempo para escribir más. Mis previsiones son muy modestas.
Curecrow, es un placer. Además, con tus comentarios me has hecho recordar cosas importantes y me hacen pensar.
Un abrazo.
Antigua Vamurta (I y II) - la Saga Completa. Un largo y fascinante viaje por un mundo fantástico de cientos de páginas. Se cierra así este relato de aventuras que es también una historia de amistad, amor, guerra y esperanzas. Una epopeya, al fin, por un universo de fantasía antiguo y nuevo a la vez. Si os gusta la literatura fantástica el libro no os defraudará.
Antigua Vamurta I y II es uno de los títulos notables del 2013 en el panorama literario, aunque su éxito sea modesto. Es una novela “grande” por su envergadura, por su ambición —pues se erige todo un nuevo mundo—, por reformular el género de fantasía, que está algo anquilosado, y por la calidad de su factura, en cuanto a la propia narración y su corrección.
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Antigua Vamurta - Saga Completa, combina el realismo y lo fantástico. Se describen unas razas, unos pueblos y unos protagonistas a partir de una hipotética veracidad, de modo que al lector le parezca que todo lo narrado sucedió en verdad. Hasta a mí me lo parece. Ese es el gran reto. La trama funciona como una novela histórica, con la excepción de la aparición de la magia a partir del segundo libro. Aún y así, creo haber logrado una reformulación de los viejos tópicos, creando una novela de lectura aparentemente sencilla que arranca con el asedio al viejo mundo de los hombres grises.
Atigua Vamurta, la saga completa, es una autoedición. Como muchos sabréis, publiqué el primer libro con la editorial Grupo Ajec. Este sello de Granada ha desaparecido incumpliendo lo pactado. ¿Por qué autopublico y no busco otra editorial? Son muchas las razones y esta fue la primera de las decisiones, ir por libre. Me falta fe para buscar otra editorial. No sólo fe, también tiempo. Y, además, me hice la siguiente pregunta: sabiendo que el libro está acabado y la trama cerrada, ¿cómo me puedo justificar frente a aquellos que leyeron y disfrutaron del primer libro? Porque buscar otra editorial significaba publicar de aquí a un año, o dos o tres, en el mejor de los casos.
Lo de “Saga Completa” es para evitar confusiones. Para remarcar que la historia se cierra, que llega hasta el final.
En la portada figura mi seudónimo, Igor Kutuzov. Realmente quise salir con mi verdadero nombre, pero la diseñadora de la portada olvidó este detalle. Al ver los primeros resultados del diseño, al ver la fuerza que tenía “Kutuzov” le dije: “¡no toques nada!” Así, por accidente, sigo siendo Igor y no Lluís. Soy un escritor al servicio de la historia, del relato, de los sueños.
Disfruten Antigua Vamurta.
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Y ahora podéis descargar gratis en PDF los 5 primeros capítulos de Antigua Vamurta - Saga Completa. No se necesita darse de alta en nada, es descarga directa.
https://sites.google.com/site/antiguavamurtapdfgratis/
Disfruta Antigua Vamurta
Y otro fragmento para degustar...
Dos pequeñas sombras se desplazaban sobre la nieve. Una esperanza los impulsaba a continuar: ver en el horizonte la Ciudad de los Lagos. Alcanzaron los campos que circundaban aquel gran burgo cuando el sol era intensa luz naranja. Seguían adelante sin casi sensibilidad en sus extremidades, las manos escondidas en las mangas, la cabeza encorvada bajo las capuchas. Sara se frotó las manos y le pareció que palpaba un trozo de madera helada.
A medida que avanzaban, empezaron a coincidir con otros, gentes de los campos, que como ellos se dirigían hacia la seguridad de las murallas, tapados con ropas viejas y mantos cubiertos con polvo de nieve. Aquello significaba que se encontraban en la vía que llevaba a los lagos y eso ayudó a serenarlos. A sus espaldas, a lo lejos, vieron un grupo que se movía muy deprisa. Parecía una caravana. A medida que aquellos se acercaban, vieron que se les acercaban unas extrañas cabalgaduras.
—¡Renos! —gritó un hombre que los seguía. Acto seguido todos los que se encontraban en el camino se apartaron para dejar paso a aquella hilera de jinetes. Sara y el conde empuñaron sus armas con discreción, pero nada pasó. Un grupo de sufones montados sobre grandes animales de poderosa cornamenta retumbó sobre el camino.
Era la primera vez que veían renos, hermosos, sus enormes testas protegidas por frontales de cuero endurecido que se alargaban hasta las pecheras. El oscuro color de su piel y cabellos contrastaba con las corazas blancas de sus caballeros. El conde pensó en los ciervos de combate murrianos, pero aquellos animales parecían más temibles, dotados de largas patas peludas y cuellos anchos como un palo mayor.
Se quedaron sobre la nieve, inmóviles, viendo pasar la caravana como una exhalación, el relinchar de los renos, los vahos que emanaban sus grandes fosas nasales. Quince, veinte sufones contó el conde, todos armados con ballestas ligeras, lanza corta y espada. Los renos, al pasar, dejaron una nube de nieve en suspensión y profundas huellas en la calzada.
—¿Hay guerra aquí también? —preguntó Sara, impactada ante aquella imagen.
Ah, olvido siempre decir una cosa: el ebook de Antigua Vamurta (Saga Completa) está libre de DRM, creo que se llama así. De modo que puede pasarse el archivo de un dispostivo a otro. Me lo señaló un lector y creo que es más importante de lo que yo creía.
Saludos.
anabelee
27/04/2013, 11:10
Tengo que sacar tiempo para leerte, Lluís, ;)
hola Anabelee,
No te arrepentirás de cruzar las puertas de Vamurta. La niebla se levanta y el camino queda libre, para que lo explores.
Por cierto, fantástico el poema de Poe que te da nombre. Y gran versión de Radio Futura, ¡qué canción!
He aquí el segundo avance. Disfruten.
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«No muy lejos de allí, junto a la entrada de la ciudad, el antiguo conde de Vamurta se mordía el labio, prisionero de sus dudas. «¿Con cuántas lanzas cuento realmente? A muchos de los que hemos sacado de sus casas apenas los conozco de vista. ¿Cuántos sabrán luchar?». Miró la bóveda oscura del cielo y se dijo: «el vesclano tiene razón. Los mercenarios de Asch cuentan con renos, por mucha distancia que pongamos de por medio esta noche… Y nuestro rastro será como seguir a un buey herido en la nieve». Se encontraba rodeado de gentes de armas, pero también de tenderos, herreros, niños, curtidores y ancianos. No podrían escabullirse en el bosque y desaparecer.
—Lateas, acércate —dijo.
El viejo vesclano se aproximó, arrastrando su cola con cuidado. Sus grandes ojos redondos esperaban algo, chispeantes.
—¿Dónde se han atrincherado los vesclanos de Icet?
—En un almacén del muelle. Uno de los nuestros los vio resistir allí antes de que cayera la noche. Han fortificado el edificio, pero están rodeados. Hay arcabuceros de Asch parapetados en los edificios cercanos, esperando a la infantería al amanecer para lanzar el asalto.
—¿Cuántos son, vesclano?
—Muchos. Quizás sesenta de los míos y una nutrida compañía de mercenarios, hombres grises. Sin pequeños, prestos para luchar.
En las penumbras, Serlan podía adivinar la sonrisa esperanzada de aquel ser retraído, cuya voz parecía emerger de la oquedad. Con las fuerzas de Icet, la huída contaría con mayores garantías.
—¿Cómo podemos avisarlos, sabrán que vamos a ayudarlos a romper el cerco?
—¡Oh, Señor! ¿No lo sabéis? Claro. Usaremos el código de Sende, la voz de pájaro. Pero, ¿y los arcabuceros?
—Me atrevo a pensar que no saben que estamos aquí. Y de noche, con un enemigo que les llega por la espalda, las bocas de sus muchas armas de poco servirán —contestó Serlan—. Además, el murriano está creando confusión en su patio trasero.
Al otro lado de la Ciudad de los Lagos los incendios en el barrio sufón empezaron a formar una pared de fuego, una línea que crecía voraz. Desde la puerta se oía perfectamente el desconcierto causado por el murriano y los dos grises.
—Y, ¿cómo se saca a una rata escondida de su guarida? Ocúpate de ese canto de pájaro, vesclano, y agrupa a la mitad de los nuestros, a los de confianza. Que Sara y Eszul se queden aquí, asegurando nuestra retaguardia.
El conde se había girado para dar las nuevas a los suyos, cuando notó los dedos largos de Lateas sobre su espalda.
—En ese almacén están nuestros jóvenes —dijo el vesclano—. Algunos de los mejores de cada linaje. Mi pueblo no olvidará vuestro gesto.
En fila de a uno, pegados a las fachadas de la Avenida del Tardo que partía de la puerta, se adentraron en el barrio de los muelles, hasta ocupar en silencio los alrededores de los embarcaderos. Serlan había prohibido los filos largos; al igual que una pandilla de bandoleros, iban armados con dagas, cuchillos, puñales y hachas para no estorbarse una vez dentro de las viviendas. Les llegó el eco de un barullo formidable desde la otra punta de la urbe y el conde temió por Aldier o por el inicio de un ataque de las gentes de Asch.
Los vesclanos señalaron con gestos el almacén donde se habían hecho fuertes sus hermanos. Tal y como le había anunciado Lateas, era un edificio sólido de una única planta aunque su techumbre era de madera, lo que convertía aquella posición en insostenible en el caso de que los sufones lograran incendiar el tejado. Aquel depósito, muy cercano a la orilla y a los pontones, quedaba aislado. Enfrente, parapetados tras puertas y ventanas de un edificio, asomaban los vigilantes arcabuces del señor sufón. «Las armas de Leandra», recordó el conde, con un hilo de melancolía entretejido con la tensión del momento. Aquella amenaza se repetía en dos casas más, escogidas por sus muros de piedra. Viendo los cuerpos sin vida tendidos sobre la arena y sobre el empedrado del Tardo, resultaba evidente que los vesclanos habían luchado hasta ser forzados a buscar refugio, sin posibilidad de huída. Los sufones habían cerrado su puño de acero sobre aquellos desdichados.
—Escuchad, la sorpresa es nuestra mejor arma. Entraremos en tromba en el primer edificio. Metedles la daga entre las óseo-placas o cortadles las trompas. Los primeros en actuar, conmigo. Subiremos a la segunda planta sin descanso —ordenó el conde.
—¿Y los otros sufones? —preguntó Lateas.
—Liberando un flanco debería ser suficiente. Repetid la orden al resto y, vos, os lo ruego, empezad a cantar.
Se oyó la quejumbrosa voz de un búho sobre el constante romper del lago contra los embarcaderos. Una hembra pareció contestar y el macho replicó, con un canto que era alegre. El hombre rojo y dos grises, entre los más corpulentos, se habían situado delante de la portezuela lateral de aquella casa atestada de enemigos. «¡Ahora!», escucharon. Los herrajes saltaron por los aires y, con el conde detrás de ellos, penetraron en la casa como una exhalación, barriéndolo todo. Los sufones, sorprendidos y pendientes de los vesclanos que tenían delante, nada pudieron hacer para frenar la furia de aquella acometida. En el caos, Serlan acuchillaba con una daga en cada mano todo lo que tuviera un rostro blanquecino y una túnica roja. En las tinieblas de aquel interior el entrechocar de los aceros resonaba como mil martillos besando, incesantes, los yunques. Por un instante, rodeado en una esquina, el conde gritó: «¡Al primer piso!». Una cerrada descarga recibió a los primeros en subir, destrozando los cuerpos de un joven vesclano y Ventura. Pero aquella fue la única resistencia. La casa fue tomada en un abrir y cerrar de ojos, con tan solo dos muertos y un herido.
Al asomarse por una de las ventanas, Serlan observó a los vesclanos de Icet intentando abandonar el almacén para llegar hasta ellos, pero varias andanadas de los sufones apostados en los otros dos edificios les impidieron la salida. Entonces volvieron al interior del edificio e intentaron dañar a sus enemigos disparando sus arcos y ballestas.
Desde el fondo de la avenida les llegó el eco de un estrépito de cascos. No podían vislumbrar nada, pues las sombras devoraban la calle, pero pudieron intuir que algo se movía muy rápido. El conde distinguió un aullido, un sonido desgarrado que conocía».
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37
oquadé
Mientras se dirigían a la puerta de la ciudad, Eszul avisó al conde:
—Esas de allí, las que nos reciben. Son sacerdotisas, todas.
— Está bien. No tenemos nada que esconder, Eszul. Nos mostraremos tal como somos.
Siete damas de altura formidable aguardaban, rodeadas por una cohorte de guerreros sosteniendo el emblema negro y rojo de la ciudad, que flotaba sobre una gran asta. No era lo que tenían en mente, cuando les hablaron de Oquadé como una ciudad permisiva. Abrigadas con varias capas de tejidos finos de algodón negro, bajo los mantos se podían entrever una infinidad de argollas de acero que las aprisionaban. Sonreían, pero sus miradas eran gélidas como una mañana de invierno zaherida por el viento. Querían saber, eso el conde lo entendió enseguida. Los capitanes de la hueste caminaban lentamente, como si estuvieran en una ceremonia. Bajo los grandes aros, las sacerdotisas vestían una malla blanca que sobresalía en cuello y
mangas. Las largas uñas de las damas trazaron gestos extraños en el aire. ¿Los bendecían, los exorcizaban? No eran mayores, eran féminas de mediana edad y jóvenes también, pulcramente pintadas para la ocasión. Negro en torno a los ojos, morado oscuro en los labios, rojo chillón en las mejillas. Hermosas a su modo ancestral. Al llegar a su altura, observaron sin disimulo a la Bálkida, Eszul.
—Una mujer roja con gentes grises y vesclanos —dijo una.
—¿Para qué los seguirá? —preguntó otra.
—¿Por qué habéis venido a Oquadé, ciudad del límite? —inquirió una tercera.
Serlan dio un paso al frente. Antes de que pudiera abrir la boca, la más pequeña de todas ella, que era algo más alta que el antiguo conde, se situó frente a él. Cerró los ojos y apoyó sus palmas cobrizas sobre la frente del estratego. Se hizo un silencio absoluto, los hombres de armas de la aldea los vigilaban con atención.
—Podréis entrar en la ciudad —dijo la mujer, despegando sus manos del cráneo del capitán.
—Entrar pero no dormir —añadió otra.
—Y queremos saber. Saber quién es esa mujer roja, saber de la muchacha sin mano, saber. Saber sobre vosotros, los errantes. Sois nuestros invitados.
El conde asintió y les prometió contestar a sus preguntas. Sara las miraba, callada, sin que su expresión delatara lo que pensaba. Eszul, altiva, sonreía con malicia. Las sacerdotisas se hicieron a un lado, y los capitanes avisaron a la tropa de que se les permitía entrar.
Oquadé no se parecía al resto de ciudades libres. Se podría decir que solo existía una calle, tan amplia que por ella podrían transitar cuatro caravanas pegadas las unas a las otras, y el resto eran viviendas con fachada a estrechísimos callejones. Todas las casas tenían amplias ventanas para absorber la poca luz que llegaba del cielo y pequeños balcones floridos. En algunas azoteas se habían construido minúsculas jaulas de vidrio donde, acaso, alguien podía meditar o simplemente ver la lluvia caer sin mojarse. Lo sorprendente era que las fachadas estaban profusamente adornadas con bajorrelieves y pinturas de motivos alegres, desde estrambóticos conjuntos florales hasta animales y representaciones de los oficios. Unas imágenes que contrastaban con el acre olor a hierro fundido que se esparcía en el aire. Algunos propietarios de viviendas incluso plantaban árboles y flores sobre los tejados, lo que, a veces, daba la sensación de estar bajo un jardín. En aquella humilde urbe norteña, sus habitantes se preocupaban por ser felices.
La hueste avanzaba maravillada por la única avenida, abriéndose paso entre el gentío; los renos lanosos y malolientes, los mercaderes que se frotaban las manos viendo a tantos posibles compradores juntos ante sus puestos de venta. Los niños corrían entre sus piernas, admirándolos. Lemas, jugueteando con su cuchillo de matarife, pensaba que nunca los habían recibido con tanta cordialidad. Una de las callejuelas hedía a cuero curtido, la calle de los carpinteros a madera cortada y de la de los tejedores llegaba un caos de voces. Allí los aprendices cantaban mientras hilaban.
—Algo en vos les ha gustado a esas sacerdotisas, señor —dijo Eszul a Serlan—. Cuidaos de ellas.
A su lado, Éccate se intranquilizó. La pronta aparición de unos malabaristas que pedían la voluntad por su arte, lanzando aros de colores, los distrajo.
—De cualquier modo, cuidémonos de no disgregarnos por este bello laberinto —avisó Serlan a los mandos.
El griterío aumentaba. Llegaban a la plaza cuadrada, la única en toda la aldea, donde se aglomeraban las caravanas, el mercado y los dioses de todas las procedencias. Olía a especias y a metal, a pan recién hecho. Las estatuas de Onar y Sira convivían en armonía con las de Zintala, Osapa y Tamboras, de los hombres rojos. Lateas se alegró de ver un pequeño templo dedicado al Boadhais, cuya fachada estaba prácticamente forrada con musgo en toda su superficie, cuidadosamente regado y cortado.
—Aquellos son los edificios del Consejo —señaló el viejo vesclano—. Aunque parecen un gran bazar, si no fuera por esos guardias imponentes. Y aquel gran palacio es el de las sacerdotisas, llamado del Consejo, donde deciden junto a los prohombres de Oquadé. La plaza la llaman Las mil puertas, y es bien conocida por nuestros mercaderes.
Enseguida comprobaron que la colonia de hombres rojos era la dominante en la urbe y que su gobierno permitía y alentaba a cualquier recién llegado, fuese de la creencia que fuese.
Icet, que se había quedado atrás con sus vesclanos más próximos, lo observaba todo con su mirada taimada. En aquel gran mercado que era la plaza central de Oquadé, llegaban expediciones comerciales de todos los rincones de las colonias. Incluso podían encontrarse armas y artesanía que nunca antes habían visto: espadas exageradamente curvadas, arcos pequeños y manejables para jinetes, arcabuces de cañón esbelto, cerámicas esmaltadas de cuello alto y estrecho, tejidos con brocados y ribetes suntuosos.
VAMURTA, LIBRE DE DRM
Al publicar Antigua Vamurta – Saga Completa en Amazon tuve la opción de elegir entre “libre de DRM” o “con DRM”. Leí que esta licencia causaba muchas molestias en los lectores, así que escogí “libre de DRM” y así está.
Recibí un mail de un lector que se está leyendo el libro. Me puso contento. Dice así:
«Y aprovecho para felicitarte por la nueva distribución del libro. En mi caso ha sido relativamente sencillo, a pesar de que admito que no conocía como funcionaba en este aspecto Amazon. Y una vez visto cómo funciona, ¡Chapeau! Tienes los libros comprados en algún lugar en la nube y te los puedes leer y bajar en los dispositivos que tengas conectados. Por tanto, nunca los pierdes. Y además te guardan y recuerdan el punto donde te quedaste, y cuando abres el dispositivo que sea, aula, allí está Vamurta. Una vez experimentado, esté método es mucho mejor que el de las licencias DRM, sobre todo cuando has de cambiar o actualizar el dispositivo.»
Disfruten de la lectura, en ebook o en tapa blanda. Saludos.
Ermengol
Hay un personaje que me parece recurrente en la literatura fantástica y en la novela en general. Es el hombre cuerdo, racional en un universo convulso.
En Antigua Vamurta este papel lo desempeña Ermengol, médico de Palacio, amigo y consejero del Conde y antiguo sacerdote de Onar. Un hombre que busca.
En el El vizconde demediado del gran Italo Calvino este papel lo representaba un médico inglés, el doctor Trelawney, aunque me temo que éste tenía cierta inclinación por los cementerios y por todo lo excéntrico.
Se trata de ese tipo de personas que saben encontrar una luz en la tempestad o una puerta cuando el caos se adueña del mundo. Sus mentes son lógicas, su visión del mundo, estructurada, pero como todo ser inteligente, albergan dudas bajo sus máscaras de hombres de ciencia.
El destino de Ermengol no le será desfavorable, sabrá encontrar un lugar para seguir contemplando los suaves atardeceres, aunque una misión imprevista trastocará su fondo de aguas mansas y su fe. Una misión que lo perturbará. ¿Quedará algo de su aplastante racionalidad? ¿Cuáles son los caminos inescrutables que seguirá este hombre de buen corazón?
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Durante unos días voy a dejar gratis el primer libro de Antigua Vamurta de los dos que componen la historia. Y además, es la última versión, un poco más perfilada. Tenéis el libro en el siguiente enlace:
http://www.smashwords.com/books/view/249650
Para mayor comodidad en la lectura del ebook, lo tenéis en distintos formatos: epub, pdf, mobi, kindle, word, etc, etc, etc.
Si os gusta la historia, no dejéis de recomendarla. Es la única manera. El dinero necesario para promocionar el libro lo perdí en los casinos de Montecarlo.
Recordad que el primer libro de Vamurta son los primeros 29 capítulos de un total de 61.
Disfruta Vamurta y olvida el pasado.
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Hasta el solsticio de verano de 2013 os podéis descargar la saga de fantasía de Antigua Vamurta como ebook en pdf, epub, mobi, kindle, lrf y rtf. Lo hago por petición de interesados en el libro que no poseen el lector kindle, aunque hoy la mayoría de lectores electrónicos (smartphones, tablets, PC) aceptan el formato kindle que sólo necesita ser descargado desde Amazon (es gratis).
Os dejo el enlace de Smashwords para comprar la saga completa de Antigua Vamurta en epub, pdf, etc:
https://www.smashwords.com/books/view/324258
Tras el 21 de junio de 2013 no puedo comprometerme a que esta saga de fantasía que he escrito durante años esté disponible siempre, salvo que se produzca un alud de ventas. Sí lo estará de manera intermitente.
Donde siempre va a estar disponible es en Amazon, ya que esta plataforma, a día de hoy, es la más potente es España como distribuidora de ebooks. Tenéis también en Smashwords el primer libro de Vamurta gratis, sólo hay que bajarlo. Debo ganar lectores. Ya lo comentaré más adelante y con mayor detalle.
Cuarto y último avance de la novela Antigua Vamurta (Saga Completa), libro de fantasía, aventuras, venganzas y sueños en un mundo medieval fantástico. En este avance aparece Dasteo, un personaje que gustó a los lectores del primer libro de Vamurta. ¿Duda alguna vez Dasteo? ¿Siente el peso del destino? ¿Flaquea?
La Saga Completa está compuesta por seis partes, 61 capítulos y más de 800 páginas. Disfruta Vamurta.
En estos momentos, el libro sólo está disponible en Amazon.
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CUARTO Y ÚLTIMO AVANCE DE LA NOVELA FANTÁSTICA ANTIGUA VAMURTA – SAGA COMPLETA.
«No logro comprender lo ocurrido. Dejamos atrás la aridez del desierto y entramos paulatinamente en este mundo de hierbas altas y secas, de árboles ásperos, de matorrales envenenados que desconocíamos. El paisaje fue cambiando, adquirió tonos cobrizos y ocres. La brisa que recorría estos pastos era fresca hasta media mañana y lo volvía a ser antes de la puesta de sol. Tras salir de aquel océano de arenas calientes, nos pareció que la vida explotaba. De la nada pasamos a corretear tras miles de piezas de caza de unas bestias que no habíamos visto antes. Fue excitante. Creímos ser los primeros hombres. A lo largo y ancho de las tierras yermas, también en estas nuevas ricas tierras, Arisas y yo sabíamos dónde encontrar agua. Todos se sorprendían pero no nosotros. Era como descubrir otros caminos allí donde las decenas de hombres y mujeres huidos de Uherské, tan solo veían el páramo adusto. Hay trazos y ecos en la tierra. Señales. Entendimos que los dioses nos mostraban y nos guiaban. No hacíamos más que seguir las voces. Arisas y yo sabíamos dónde estaban los pozos de agua, las arterias bajo el suelo duro. Las voces del templo abrían y marcaban los caminos.
»No mucho después de penetrar en estas tierras ignotas, nos percatamos de que éramos vigilados. Pronto las sombras que desaparecían tras una loma o entre la silueta de unos arbustos lejanos, cobraron forma. Ya no nos vigilaban, nos seguían. Los llamamos las tribus, no sabíamos bien qué nombre darles y nos pareció que, vistos desde la lejanía, grupos de distintas procedencias se sucedían para mantenernos en alerta, para cansarnos».
Dasteo se detuvo. Examinó un cadáver. Uno más de los que habían luchado y seguido a Federico. El pecho aplastado a pesar de la coraza que lo protegía. Sangre esparcida, mezclada con el polvo amarillento del gran páramo. Las manos mirando al cielo como si en el último suspiro el esclavo hubiera querido dirigirse a Onar y suplicar perdón eterno. No había tiempo para despedirlos a todos. Los estaban esperando. Empezaban a estar nerviosos.
«Aquella especie de hombres salvajes, altos y nervudos, de tez tostada. Salvajes, que posiblemente jamás habían oído hablar de Vamurta y si habían oído alguna vez ese nombre no sería para ellos más que una palabra que el viento del norte susurra a veces, a través de los valles cerrados. En la profundidad de esa inmensa planicie sufrimos la emboscada de los salvajes. Federico se había erigido como cabecilla de todos nosotros. Era él quien comandaba a los huidos de Uherské, era él quien daba las órdenes. Quiso formar una falange, una pared cerrada. Pero no disponíamos de lanzas largas ni de soldados. Federico mandaba una falange esperpéntica de artesanos y campesinos. Amalia no se daba cuenta, quería a ese hombre. Lo amaba o tal vez se aferraba a su figura, a lo que ella pensaba que era. ¿Qué no puede hacer o creer alguien que se siente terriblemente solo? En secreto, dando instrucciones a media voz, había reorganizado a unas decenas de hombres y mujeres grises, a los veteranos. Soldados que habíamos luchado en las guerras del murriano, a duras penas una compañía. No hay que decir mucho a los que entienden. Nada puedo reprocharle a Amalia, mi querida Amalia. Si ella sonríe yo sé que olvido las desesperanzas que me asaltan en esta travesía sin rumbo».
Allí había uno de esos lagartos gigantescos. A su alrededor, como una ofrenda, encontró cadáveres de hombres grises despanzurrados por el peso del animal junto con los cuerpos acribillados de unos pocos salvajes. Las saetas de las ballestas habían sido la mejor arma para los grises. La portentosa cola del animal, la que tanto daño había hecho a la formación capitaneada por Federico, descansaba por fin sobre el suelo. Dasteo toqueteó la montura del animal y observó el arte de los salvajes para ensillar a aquellos mastodontes como si fueran ciervos de combate murrianos. Con unas pocas monturas habían destrozado la línea de contención dispuesta por Federico. La piel escamosa y dura del saurio se confundía con los colores de la planicie. Con la espada, el alférez del Batallón Sagrado movió la cabeza pequeña del herbívoro, no más grande que la suya. Una desproporción con el cuerpo pesado del reptil, largo y panzudo. Todavía no había encontrado el cuerpo de Federico. Debía estar por allí cerca. Los caídos se concentraban donde su antiguo amigo había situado a la falange. Gemían los heridos en una tarde sin viento. A unos pocos pasos, los hombres remataban con lanzas al segundo de los grandes lagartos caído durante el combate. Era extraño, la bestia abría la boca con desesperación para exhalar aire, pero no emitió ni un solo rugido cuando su blanco vientre fue atravesado. Sonó un disparo en la quietud asustada que llega tras la lucha. Eran los otros, aquellos hombres que con su inesperada llegada habían dispersado a las tribus y salvado las vidas a las gentes de Vamurta.
«¿A cuántos hemos perdido?...»
Primera, larga y profunda crítica a Antigua Vamurta en Proserage:
http://www.proserage.com/2013/08/antigua-vamurta-de-lluis-vinas-marcus.html#more
Os recomiendo leer directamente la crítica y obviar lo que yo diga para ahorrar tiempo. Si deseáis hacer un comentario, mejor en la web de Proserange. Estoy convencido de que la reseña de Proserange, a modo de rompehielos en mar de letras petrificadas, será una referencia y guía para posteriores comentarios del libro.
Se citan elementos positivos y negativos.
Entre los negativos, las erratas. Bueno, eso ya está solucionado desde hace meses.
El que es para mí el segundo elemento negativo más crítico, que a pesar de las 800 páginas, uno se queda con ganas de más, es de difícil solución.
Y un fragmento más...
http://1.bp.blogspot.com/-ZJWLf_djTeg/Tv2RIoiVbWI/AAAAAAAABls/gaRTUf9ghSw/s1600/narraciones-fantasia.png
21
Los esclavos
Durante todo aquel día de primavera no había dejado de llover. El agua había convertido el suelo arcilloso de Orcómeno en un inmenso barrizal, por el que transitaban penosamente los pocos guardias y esclavos que, llegado el crepúsculo, aún seguían con sus quehaceres. Dasteo y Arisas contemplaban, desde una de las torres, calados hasta los huesos, las obras que pronto serían concluidas. Ese inmenso y poderosísimo enclave en medio de los campos vacíos y cerca del mar, una punta de lanza para guarnecer futuras migraciones de los murrianos del oeste. Cubiertos con capotes y recortados contra un lienzo gigantesco de nubarrones y bancos de niebla, los dos hombres grises se preguntaban cómo podía ser tomado ese bastión, una vez dispusiera de toda su artillería, como se denominaban esas armas que habían cambiado la forma de hacer la guerra.
—Se hace tarde y estoy cansado. Bajemos y resguardémonos en casa, Arisas. Hoy queda poco por hacer.
Los dos descendieron de la torre y cruzaron el castillo a paso lento, empequeñecidos entre las moles que eran las esferas, encerrados por las paredes lisas y húmedas de las murallas. Cuando estaban a punto de alcanzar la puerta de su celda, escucharon un grito que desgarró la tenue melancolía del atardecer. Una voz que fue seguida por el crujir de la gran puerta al ser abierta. Resonaron cascos de ciervos en el patio, apareciendo tres murrianos montados y, en lo que dura un suspiro, Orcómeno despertó de su letargo.
Bramidos y órdenes llegaban desde todos los rincones. A pesar del aguacero, los murrianos que estaban de guardia empezaron a trotar de un lado para otro. Los primeros soldados salieron de debajo de los grandes globos en los que se alojaban, y tras ellos apareció un aluvión, armados, con las cotas y las corazas a medio abrochar. Dasteo vio al comandante correr como un poseso y dar instrucciones a los oficiales con gestos cortantes, casi violentos, a la vez que frente a la puerta ondeaban los primeros estandartes. El chapoteo de las pezuñas de aquel ejército en el barro, las salpicaduras y las imprecaciones, hacían que el golpeteo rítmico de la lluvia fuera una melodía olvidada.
—¿Es un ataque, Dasteo?
Dasteo observaba aquel rápido despliegue con preocupación, sabedor de que nada bueno para los suyos podía significar.
A pesar de que la visibilidad cada vez era menor, poco a poco se iban dibujando los batallones, formados en un sinfín de cuadros frente a la puerta principal. Los oficiales seguían dando órdenes a los grupos de arcabuceros, de infantería y de arqueros para conseguir que sus soldados trazaran figuras regulares sobre el barro. Tal como había empezado toda la jarana, esta cesó de repente, y la lluvia volvió a señorear en el bastión. Aquel bosque de lanzas parecía querer herir las franjas de nubes bajas, que corrían veloces por encima de cascos y emblemas mojados. Esperaron rígidos mientras la noche se posaba sobre ellos.
Antes de que la oscuridad fuera absoluta, les llegó un murmullo que pronto fue un retronar cercano. Bajo la puerta que miraba al norte, apareció una columna de murrianos a la carrera entrando en la fortaleza, y tras ellos, montadas en ciervos de gran envergadura, dos Reinas, a la cabeza de un pequeño escuadrón de jinetes. Descendieron de sus cabalgaduras con brío, a la vez que sonaban las trompetas para anunciarlas y darles la bienvenida. Desde sus pequeñas ventanas, los esclavos asomaban la cabeza para contemplar el espectáculo. El comandante corrió a recibirlas y hablaron brevemente.
—Creo que nuestro protector las teme tanto como las tememos nosotros —apuntó, sarcástico, Dasteo.
Sus largas cabelleras de pelo rizado, apelmazadas por la lluvia, destacaban entre la masa de aceros opacos de las tropas que las recibían. Cubiertas por una coraza sucia, y una túnica de grueso terciopelo oscuro, pasaron entre los soldados, con expresión marcial y circunspecta. Cuando parecía que iban a gritar algo, se escucharon risas, que respondían a alguna broma con que las Reinas obsequiaban a la soldadesca. No parecía preocuparlas que sus pezuñas se hundieran medio palmo en el lodazal y convirtieran sus calzones en dos estacas recubiertas de porquería.
Al poco tiempo, fueron encendidas todas las antorchas. Aquellas dos se disponían a visitar la fortaleza por sorpresa.
—Ya he visto bastante. Ahora sí, vayámonos a cenar y a secar nuestras ropas.
Estas son las correrías de Antigua Vamurta, el libro que he publicado, desde el principio de la creación hasta fecha de hoy. Este es un artículo que me pidieron en Stardust hace algún tiempo y he retocado con lo que hoy sé e intenta responder a la siguiente pregunta: ¿mejor publicar en papel o en ebook? Por si a alguien le sirve de algo, dejo esta historieta de la historia.
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En el diván. Paso 1.
En el año 2000 y pico acabé el primer libro de Antigua Vamurta. La escribí en catalán y la envié a editoriales en esta lengua. Tras el rechazo, o más bien el silencio de treinta y tantas editoriales, me sentí como un Quijote más ante los molinos acallados. ¿Qué hacer? Decidí publicar la novela montando una página web, gratuitamente. Para ampliar horizontes la traduje al castellano en un rarísimo ejercicio que no sé si recomendar. No sólo eso, también la amplié, mejoré e inventé nuevos personajes, comos Dasteo. Caramba, ya la tenía montada.
Por los campos de Castilla. Paso 2.
Levanté una web. Quería hacerlo bien, pagué un buen dinero a un diseñador, contraté un espacio en una afamada y cara empresa de alojamiento, pillé un dominio, vamurta.com, y me lancé. Aquello, creo, tuvo un cierto éxito.
Con media novela publicada online me adentré en el laberíntico mundo de los foros. Quería dar a conocer mi trabajo y compartirlo. En los foros acabas, con muy honrosas excepciones, sintiéndote como Machado cantando con áridas melodías en los campos de Castilla. Hablando solo, hablando en un páramo inmenso que te devuelve tu propia voz. O eso o te matas a ser activo. Aunque también es cierto que en Foros conocí a gente increíble, generosa y muy literaria. Gente de la que aprendí, y que en momentos de muchas dudas su apoyo y consejo fue crucial para no tirar la toalla y dedicarme a vender frankfurts por las calles empujando un carrito, como el amigo Ignatius Reilly.
Cambio de tercio. Paso 3
En un par de foros me llegaron mensajes privados, que más o menos decían: «pero qué haces, desgraciado, envía esto a una editorial». Y así lo hice. La envié a 15 editoriales de género y, con muchos retrasos, tres se interesaron vivamente por publicar la novela.
La página web que monté no pude seguir manteniéndola. Demasiado cara. Al dejar de pagar el dominio, éste fue vendido por la empresa de hosting (aunque desistieron y hace unos días conseguí recomprar el dominio). Decidí echar el freno de mano, montar un blog (es gratis) y enviar la novela, como he dicho, a las editoriales convencionales. A probar suerte, guardándome la opción de volver a publicar online.
¡Oh, Dios Mío! Paso 4
Sorpresa, una de las editoriales que se habían interesado dio el paso de firmar contrato. La editorial más rápida fue Grupo AJEC, con quien publiqué, y como algunos de ustedes saben, las cosas iban como la España de Aznar “va bien”, hasta que como la España de Aznar y Zapatero, la editorial entró en quiebra sin pagar a nadie.
Mientras, el blog empezaba a hacer chup-chup como un caldo que necesita horas (léase años) para entrar en ebullición. En Internet es muy viva la sobreinformación, la sobreoferta. Es como un bazar enloquecido donde entras para comprar unos calcetines y sales con un par de botas para ir a pescar truchas, sin ser capaz de entender qué ha pasado exactamente. Sacar un poco la cabecita requiere de un trabajo hercúleo. Los blogs sólo son recomendables si has decidido no ver más televisión. Devoran el tiempo como una termita insaciable del tamaño de un elefante.
3, 2, 1… Inyección. Paso 5.
El primer libro de Antigua Vamurta vio la luz, felizmente, el mes de octubre de 2011. Empezó vendiéndose sorprendentemente bien, ¡hasta demasiado bien!, durante un mes y medio. La gente que esperaba el libro lo compró. Y otros, pues estaba bien expuesto como novedad.
Luego, empezaron a llegar las buenas críticas. Y luego, el olvido. El gélido olvido. Descabalgado el libro de las novedades, desconocido para el gran público, los restos de la primera edición se esconden en estanterías de grandes almacenes y librerías. Llegaron otras novedades, pidiendo su sitio. El libro en formato ebook sigue allí, vendiéndose más o menos. Más tarde llegaría el golpe de gracia, la quiebra de la editorial que publicó el libro, como ya he mencionado.
Fin del cuento. Paso 6.
Dos años después, a finales de 2013, y meses después de haber publicado el segundo libro de Antigua Vamurta con el final de la historia, intento responder a esta pregunta: ¿contento con el libro en papel? Mucho. Una gran satisfacción personal que dudo, hubiera sido tan grande publicando mediante una web. Pero-pero-pero no pagué de mi bolsillo esa edición en papel.
Grandes plataformas de ebooks han desembarcado o se están desarrollando en España, cambiando el panorama con la eclosión, ahora sí, de los ebooks. Hoy, más que ayer, es una opción. Y una opción con escaso riesgo, sin coste al lado de autopublicar en papel. Y, por si algún escritor ilusionado lo considera, nunca pagues por publicar. Me refiero a las editoriales de copago que son parásitos que viven de las fantasías del autor.
El futuro es en formato de libro electrónico, no hay duda. Aparto mis preferencias personales por el papel y veo un futuro absolutamente epub, pdf o kindle. ¿Alguien quiere una prueba? Sólo hay que hacer un par de viajes en metro. En el vagón el papel está en franca minoría, además de ser más caro.
A estas alturas y tras toda esta odisea, opino que el mejor camino para empezar una aventura literaria es mediante Internet. Acaso navegar en ambos ríos, pero si no tienes dinero para arriesgar, bienvenido al universo de los ebooks, que creo yo, se adapta mejor a las novelas de 200 páginas que a las largas novelas. En el artículo original de Satrdust (http://www.stardustcf.com/articulos.asp?arti=66) decía que no lo tenía claro. Ha pasado el tiempo y ahora sí que lo veo con mayor claridad. Adiós al papel, adiós a la industria tradicional, adiós al ayer que, a pesar de los excesos, tenía cosas muy positivas. El futuro, como la vida, siempre es incierto.
Gracias por tu artículo.... Tengo tu primer libro aunque no tengo el tiempo para leerlo, pero te deseo lo mejor, sobretodo por la franqueza con la que hablas.
Un abrazo...
blanca_luz
04/12/2013, 11:42
Yo compraba todo lo que iba editando AJEC, en papel mucho, casi todo, y en ebook llegué a comprar todo lo que editaban.
Curioso que tu novela no llegase a caer... :-s
Hace tiempo que tengo tu novela en ebook, y espera pacientemente su turno.
En mi (nuestra, porque seguro que más de uno está igual que yo) defensa te diré que tengo libros de autores hiper-reconocidos que he tardado más de un año en poner en lista (caso de «Lágrimas en la lluvia» de Rosa Montero, que tardé un año en ponerme con él desde la fecha de compra... y se convirtió en mi favorito de ese año).
Lo que pretendo decirte con esto, es que no sientas que la gente pasa de leerte, es que la avalancha de títulos es bestial, y las circunstancias que vivimos hace que no dispongamos de tiempo o ánimo para leer todo lo que queremos.
Hace poco, un amigo, se quejaba en una "conversación" a través de Facebook de que no podía leer lo que tenía entre manos porque muchos de los títulos eran en ebook y su lector ya no cargaba. Problemas con la batería. Yo le di una solución...
Y un escritor (que vende decentemente) le dijo (en plan broma, pero en serio): «eso a mis libros de papel no les pasa».
Mi respuesta fue inmediata: «Esto es como lo de vinilos y CDs... Dejémonos de tonterías y leamos. Yo trabajo con ambos formatos, pero un problema de la vista me abocó a prescindir del papel. Que cada uno lea donde más le guste, pero no criminalicemos formatos. Lo importante es el contenido, no el continente. Si tienes dinero y puedes pagar por ediciones de papel, adelante. Pero quien lee en digital puede hacerlo por distintas razones. Para un poco y piensa en ello».
No me contestaron y no me importa. Gracias a los ereaders he conseguido seguir con mi "vicio" y no dejarme la vista en el intento. Nadie mejor que yo para saber que no es aconsejable un tablet, pero que allá cada uno...
Mi opinión: larga vida a todos los formatos. Pero cuidemos un poco más los resultados de lo que ofrecemos en una autoedición.
Muchos escritores no están dispuestos a pagar por un servicio de conversión profesional porque piensan que quien lee en ebook se tragará el libro esté como esté. Y lo cierto es que la gran mayoría reconocemos cuándo un ebook está cuidado.
Y ahí pecan tanto editados como muchas editoriales...
Ánimo, que lo bueno que tiene el ebook es eso que comentas, el mínimo coste de mantenimiento, pero es cierto que no tener un editor detrás hace que te tengas que ocupar de todo. Y en muchos casos resulta complicado.
;)
Pues estoy muy de acuerdo con ahorso y con blanca_luz, tengo tu libro en la lista de pendientes, pero la verdad es que no para de crecer y crecer.
Me llama mucho la atención la historia y viendo como tu expresas, seguro que está muy bien escrito.
A ver si con un poco de suerte puedo darte una opinión sobre él relativamente pronto ;)
Y es que una de las consecuencias del ebook y la autoedición es "demasiada oferta". Cierto, hay que cuidar las ediciones en ebook, no vale todo, ni mucho menos, como tú señalas blanca_luz. Como en todos los fenómenos, habrá una criba tras la gran ola, en la que estamos inmersos. Lo de lecturas pendientes es algo muy común. Y, una de las ventajas del papel es esa, casi no existe la lista de pendientes, al menos en mi caso.
blanca_luz, me pasa lo mismo. Tengo mucho libro de bolsillo y cada vez me cuesta más leerlos. Uso gafas, cosa que antes no necesitaba. ¡Jopeta, el tiempo!
A pesar de auto-publicar, revindico la figura del editor. Del buen editor que mira, pule, aconseja, filtra, invierte en mejorar el manuscrito y luego es capaz de vender ese resultado. Una figura en vías de extinción. Haciendo un paralelismo con los medios tradicionales versus páginas de noticias web, los grandes medios de comunicación de ayer ofrecían la ventaja de ser bastante virtuosos en cuanto a calidad.
¿Qué puedo decir más? Que Vamurta es un libro entretenido, entre la aventura, la fantasía y una falsa novela histórica. Comienza de un modo y acaban en otro. Todo un viaje que acompaña y hace pasar bien el rato.
Saludos.
blanca_luz
06/12/2013, 11:14
Ya ha encontrado su hueco entre mis "pendientes"...
Sé que es extenso ;)
En mi caso no hacía falta convencerme, tu novela me la recomendó alguien que estuvo vinculada a AJEC :-\"
Pues genial. Vas a pasar un buen rato, y si es más, si alguna vez sueñas con Vamurta, mucho mejor.
¡Espero tus comentarios!
Saludos.
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Los mejores regalos son los no esperados. Desde tierras escocesas, vía Internet, llega la segunda reseña de Antigua Vamurta - Saga Completa publicada en el blog de Viaje a la Nada. Llega una crítica con sello de originalidad sobre esta obra de literatura fantástica. Lean ustedes el diálogo que sirve de sorpresiva antesala. Es una reseña sincera en estos tiempos fecundos en falsas críticas y recomendaciones:
http://viajeanada.blogspot.com.es/2013/12/antigua-vamurta-la-saga.html
Dejo un mordisco de la reseña, como siempre, lo mejor es acudir a la fuente:
«El libro empieza lento.Termina el primer volumen a un trote placentero, se mantiene a galope durante la segunda parte y acaba casi desbocado. (…) si la que suscribe se metiese a magnate del mundo editorial, sugeriría una poda salvaje del primer volumen de la saga hasta dejarlo tan liviano como el segundo. Después, media docena o más de novelas contando en detalle las biografías de los personajes secundarios.»
http://2.bp.blogspot.com/-48C8KLgXE4c/UxuDUILvNHI/AAAAAAAAECE/sxeDE4CdLDw/s1600/Porta+Nova+AV+Saga+Compress.jpg
Hace un año que publiqué Antigua Vamurta (la saga completa), así que para celebrarlo he cambiado, todavía no sé si definitivamente, la portada. La razón es que la primera portada tiene un aire dulce que no concuerda con el contenido de esta novela fantástica. Vamurta es un libro de guerra, amor y esperanzas. Una novela épica que retrata un mundo duro, realista. Quizá la primera portada, que muchos conocéis, parezca demasiado la carátula de una novela juvenil.
Así, he optado por diseñar una portada más austera y a la vez simbólica. Sencilla, ya que carezco de herramientas para hacer algo sofisticado. Además, aprovecho para seguir la línea de las portadas que estoy haciendo en “Guerras de Antigua Vamurta”, que no es más que dividir la saga en seis libros de cien y pico páginas para que puedan ser descargados como ebooks en los formatos que está usando casi todo el mundo (epub, pdf, mobi, kindle, etc).
En la versión de papel, que claro está, se está vendiendo mal al lado del ebook, mantengo la portada antigua por pura vagancia.
Puede que no sea éste un cambio definitivo y de momento solo será para Amazon. Si alguno quiere opinar, genial. No estoy seguro de lo que he hecho y cambiar la portada, otra vez, por la primera versión es cosa de cinco minutos. Incluso se podría hacer otra, con tiempo.
Además de esta novela de 800 páginas, Antigua Vamurta - Saga Completa, de la trama cuelgan una serie de cuentos no incluidos en el libro. En estos próximos días voy a publicar aquí tres de ellos, dos cortos y uno largo.
EL CANTO DE ULAM (1º PARTE)
—Ulam… Ulam, ¡despiértate! —dijo su padre.
Hasta por la mañana hacía calor ese verano. Oyó el revuelo de las gallinas cuando el viejo cruzó el comedor, en el que también dormían. La luz entraba limpia, muy clara, por la puerta que el hombre había dejado abierta al salir. Ulam bostezó y saltó del camastro, dispuesta a devorar el pan con aceite que le había dejado sobre la mesa. Dio un manotazo a una de esas gallinas atrevidas que había osado acercarse a su desayuno y con la camisola se secó el sudor de la noche. Cuando acabó la comida, salió al patio trasero para saber qué podía esperar de aquel nuevo día. Allí estaba, solo, sentado sobre una gran raíz, arreglando uno de los lazos que de vez en cuando les proporcionaban una sabrosa perdiz de bosque.
—Buenos días —saludó con voz soñolienta.
—Hija, hoy hay que ir al bosque. Casi no nos quedan hierbas.
Era verdad, en la despensa de la casa los ramos de plantas medicinales había ido desapareciendo, vendidos junto a los huevos y la caza en el mercado de Verdela. Debía volver al bosque a por más. Ulam no se quejó. A sus ocho años bien sabía que sin las monedas del mercado no había bocado en su casa. Y ella era hija única, desde que un mal parto se había llevado junto al dios Onar, a su hermano y a su madre, a la que no conseguía recordar.
—¿Podré jugar?
—¿En el bosque? No. Ya sabes lo que se cuenta. —Su padre guardó silencio, sus enormes manos intentaban cerrar un nudo de cuerdas delgadas—. Ya jugarás cuando vuelvas. Y acuérdate de la comida.
Ulam volvió a la choza y se calzó sus duras alpargatas. Había que partir pronto, pensó, pues el calor del mediodía no le gustaba. Cogió su flautín y se despidió de su padre. Atrás quedaron las casas del pueblo, muchas abiertas para dejar pasar el poco aire de aquel verano. Siguió el camino del sur, estrecho y polvoriento. Atrás dejaba su pequeña aldea de casitas de piedra y cal, aplastadas las unas contra las otras, como un rebaño de ovejas. Casas de payeses y humildes artesanos del corcho y del vidrio organizados alrededor de la plazoleta del pueblo, donde sobre la arena se levantaba un sencillo altar a Sira, quien velaba por la bondad de las cosechas.
A su izquierda veía los naranjos cargados de fruta, y a la derecha del camino, los campos de trigo, a punto para la siega. Ulam se sentía feliz aquella mañana, para ella el bosque era un laberinto en el que a cada recodo podía hallar un pequeño tesoro. Luego, cuando hubiera recogido suficiente artemisia, hinojo, salvia y con suerte algunos tallos de lavanda, podría volver y preparar la comida. Cuando llegara la tarde, por fin, saldría a buscar a sus amigos para ir a la orilla del río, allí donde los baños alejaban por un tiempo el verano.
Ulam podía oler el bosque, que se extendía hasta donde no llegaba su vista, hacia el sur y hacia el norte, en territorio murriano. Un enorme bosque de pino y encinas, de matojos duros y suaves lomas de laderas gastadas, que hacían que la arboleda pareciese, vista desde lejos, un mar dormido.
Entró en él, empezando a recorrer sus cámaras invisibles a la búsqueda de hinojo. Al abrigo de las encinas, el sol era clemente. Brisas surgidas de la nada recorrían su húmeda piel gris, refrescándola. Anduvo de aquí a allí, dando tumbos, pendiente de entrever las llamas lilas y amarillas de las flores sobre el manto aguado de los matorrales. Cerca de un pino viejo, consiguió un ramillete de artemisia, pero aquel día la suerte le era esquiva. A media mañana, con el sol alto filtrándose entre los ropajes de los árboles, apenas había reunido unos pocos tallos. Se había aventurado lejos de los confines de la fronda y no sabía exactamente dónde se hallaba, aunque resultaba claro cómo volver a casa, siguiendo el camino opuesto al sol. Cansada de tanto andar, se sentó sobre una roca que irrumpía desnuda desde el suelo. Miró a su alrededor, dejando vagar su mirada entre ese ejército mudo de troncos rectos y brazos abiertos de un verde oliváceo. Acercó el flautín a sus labios, mojando un poco su madera seca. Las primeras notas se elevaron suaves entre las hojas, perdiéndose en el corazón del bosque. Tocó, hizo que la caña de su flauta vibrara con dulzura, tocó, enlazando las melodías que se sucedían unas detrás de otras hasta que el tiempo desapareció a su alrededor.
El sol del mediodía alcanzó su cenit. Se dio cuenta, al abrir los ojos, que volvía a sudar. Dejó su pequeño instrumento apoyado en la roca y levantó la cabeza. La miraban entre las encinas que tenía enfrente. Ulam se incorporó de golpe y agarró su flautín como si de una daga se tratara. ¿Qué eran? Antes de que sus piernas empezaran a alejarla de allí sonaron, alegres, las notas de otra flauta. No sabía qué hacer. Se disolvió aquella melodía y de entre aquel grupo brotó un nuevo cántico, y otro lo siguió a continuación. Veía, ante ella, una hilera de seres, de animales cubiertos con túnicas de color tierra y collares de cuero de diferentes gruesos como único atavío. Animales de piernas parecidas a las de los hombres, erguidas. Debía salir corriendo pero la curiosidad la retenía. Sus cabezas eran en algo similares a los cráneos de las gacelas meridionales, pero prácticamente carecían de pelo y sus labios eran finos y sonrosados. Se apagaron las flautas y, aún de pie, sin entender muy bien el motivo, Ulam respondió con su flautín. Mientras su música discurría suave como un riachuelo, aquellos parecían escucharla, fascinados. ¿O se lo imaginaba así?
Cuando calló, los otros guardaron silencio hasta que uno de ellos la replicó, rompiendo la tensión repentina que sintió Ulam. Los observó un poco más, dándose cuenta de que en algo recordaban a los murrianos que alguna vez había visto pasar cerca de su pueblo, en la frontera. Manos de tres dedos muy anchos, duros, cuerpos alargados y estrechos, unos pocos mechones de cabello negro cayendo hacia atrás, la frente alta. No parecían agresivos ni Ulam vio arma alguna, quizás fueran aquellos de los que se hablaba en la plaza del pueblo, en las noches de verano, cuando los vecinos se reúnen y beben naranjadas para ahuyentar el bochorno … Tras unas breves réplicas, Ulam recordó a su padre y todas las plantas que no había recogido. Hizo un gesto rápido con la mano a modo de despedida y volvió sobre sus pasos, casi corriendo. ¿Los volvería a ver? Nadie parecía seguirla, a sus espaldas le llegaba el tenue murmullo del calor en el follaje. Su cabeza hervía con tantas preguntas, estaba tan excitada que casi no se dio cuenta que ya había salido del cobijo de la arboleda.
Al llegar a casa juró no decir palabra a nadie, ¿quién la creería?, y menos a su padre, que no la entendería y del susto no la dejaría volver a aquella floresta nunca más. Quizás ahora hubiera encontrado unos que amaban la música como ella, y con quienes no necesitaba hablar. Antes de cruzar la puerta de su casa se preguntó si los seres del bosque sabrían utilizar las palabras. Incluso se preguntó si lo que acababa de vivir no lo habría imaginado. Bebió el agua fresca del cántaro y puso patatas y calabacines a hervir. Pronto llegaría su padre del huerto, y llegaría hambriento.
(FIN PRIMERA PARTE)
Segunda Parte y Fin
Días después se aventuró, de nuevo, entre los árboles. Tras recoger un buen puñado de tomillo, se adentró. ¿Cómo volvería a encontrarlos? Tuvo una ocurrencia, era la única forma. Hizo sonar su flautín mientras iba avanzando, sorteando zarzas y matorrales. Pronto, oyó a lo lejos unas notas que respondían a sus señales. Había una alegría, un latir, en esa música. Ulam tocó y tocó hasta que las melodías se fueron enlazando entre los árboles y el cielo. De pronto los vio. Se volvió a asustar al ver aquellas cabezas de gacela tan cerca, pero la música hizo que su miedo se fuera disipando.
A ese hallarse siguieron otros, en los que Ulam aprendió a confiar en ellos. A veces eran tres o cuatro, a veces más, hasta diez contó un día. Ya no tocaban separados, se sentaban en círculos, aceptando a la niña, y en ocasiones hacían resonar flautines y flautas junto a pequeños tambores, quebrando el silencio agostado del bosque. Cuando Ulam tocaba, los hombres gacela parecían atender, mirándola con sus ojos de agua negra y sus hocicos derechos, hasta que uno repetía las notas y el siguiente las volvía a repetir introduciendo variaciones, marcando un timbre o alargando un pasaje, hasta que el canto de Ulam se transformaba en la voz de muchos, que era la voz de los montes y claros, de los campos al amanecer, del río que murmura en las noches junto al soplo de la brisa que discurre sobre las llanuras.
Su vida continuó con su secreto, aunque a muchos en su pueblo les extrañó que aquella chiquilla de trenzas apelmazadas hubiera aprendido tanto en el intrincado arte de la música.
Ulam jamás olvidaría el último encuentro. Aunque a medida que pasaron otros inviernos, más le parecía todo aquello que vivó algo al filo de la irrealidad, donde sus recuerdos se funden con los sueños y con un tiempo desaparecido. Fue a principios de aquel otoño, cuando los campos de trigo habían sido segados y faltaban pocos días para las fiestas que despiden los vientos cálidos del sureste y abren la ventana a los del norte. Ulam, como otras veces, había encontrado sus extraños amigos haciendo sonar su flautín, pero aquella vez le había costado mucho tiempo obtener una respuesta, así que tuvo que adentrarse en la espesura, hasta lugares que pocas veces frecuentaba.
Al encontrarlos, Ulam se sorprendió que aquella vez fueran tantos. Doce contó, sentados en la huella de lo que había sido una antigua laguna, escondidos de una mirada fortuita. Dejaron sitio a la niña gris, quien no había dejado de emitir breves juegos de notas. Cuando se sentó entre ellos, las respuestas se aceleraron y Ulam tuvo que hacer un gran esfuerzo para seguirlas, cada vez más rápidas, hasta que los trece instrumentos sonaron al unísono, como si iniciaran un rito ancestral y las melodías fueran invocaciones a lo que existe más allá del mundo visible, en algún lugar y en todos, sobre la piel en la que palpita una música inaudible. Ulam se estremecía, sin poder dejar que sus dedos saltarines bajaran y subieran sobre el suave tacto de la madera, sintiéndose ida, tocada por algo que no entendía, una circunferencia que giraba a su alrededor, que la separaba del mundo hasta hacerla comprender cosas que jamás hubiera pensado, viendo brillar en su ceguera rutas, luces, conexiones sin equivalentes, sintiendo que se alejaba de su propio cuerpo y empezaba a flotar en ese espacio de frontera en que las copas de los árboles se enroscan con el azul del cielo, y más allá…
Cuando despertó, era casi de noche. Al principio ni se dio cuenta de dónde estaba, ni tan siquiera se acordaba de sí misma. Había dormido sobre el suelo, protegida por un manto de flores, que al incorporarse se marchitaron, desvaneciéndose. ¡Ahora recordaba! Su padre ya la estaría buscando, acompañado de todos sus vecinos y los ruidosos perros de caza. Su corazón se asustó. ¿Qué les podría decir? Se levantó y empezó a andar deprisa hacia su casa. Por un momento sintió ira hacia sus amigos del bosque que la habían entretenido el tiempo que tarda el sol en cruzar el cielo. Si caía la noche se extraviaría y no sabría volver. Corrió entre las penumbras sin pensar en nada más que no fuera llegar lo más pronto posible a su pequeño hogar. La impaciencia la impulsaba, la hacía ser veloz, sorteando la masa de árboles que a momentos parecía cerrarse sobre ella, como si quisieran absorberla.
Tras una marcha que le pareció interminable, Ulam salió de la arboleda para alcanzar la senda del sur. El aire olía a grano quemando, a humo, a madera chamuscada. Inició, rápida, la ascensión del camino para llegar a la parte alta donde vería los campos sembrados y, en lontananza, los cubiles abigarrados de su aldea. Al llegar arriba divisó su pueblo en llamas, llamas que ascendían hacia el añil oscuro que antecede al crepúsculo. Jadeando, llegó hasta su casa, que era una pira centellante entre los muchos fuegos. Buscó y buscó sin encontrar a nadie. Incluso los pozos de los silos ardían, convertidos en enormes braseros a ras de suelo. Vio flechas y lanzas partidas por el suelo, clavadas en alguna pared que se había salvado del incendio, pero ni rastro de los suyos. Olor a muerte, silencio. Ninguna pista de su padre, nada. Los murrianos habían golpeado y desaparecido.
Ulam, presa de una infinita desorientación, volvió cerca de su choza. Allí se sentó sobre los hierbajos y empezó a tocar, sin importarle el tiempo, sin importarle lo que hacía. Lo que siguió, apenas lo recordaría. El tintineo de múltiples aceros en la noche, las voces graves de los hombres atraídos por la música de los ángeles. El destello de las llamas sobre las corazas de aquellos hombres grises que la contemplaban como a un milagro.
—¿Por qué la habrán perdonado? –preguntó una de las sombras.
Un hombre muy joven, derecho frente a ella, con furia y asombro en su mirada, marcaría su destino.
—Llevadla a Palacio, a Vamurta. Alguien así debe estar protegida, a salvo. Llevadla junto a Ermesenda, mi madre.
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Efectivamente, estos cacharros diabólicos (ipads, iphones y tablets) aceptan los formatos en los que estoy editando Guerras de Antigua Vamurta. Llega la tercera entrega. Ésta de pago. La próxima será para descargar gratis, como la 1 y la 2. Y siempre estará disponible Antigua Vamurta (Saga Completa), la historia completa en papel y en kindle, epub, pdf, mobi, etc., como ebook.
https://www.smashwords.com/books/view/419179
Guerras de Antigua Vamurta (3) narra el periplo de un puñado de personajes por las nuevas tierras, enfrentados a su destino. Algunos emigrarán, ensanchando los escenarios del orbe de Vamurta hasta sus confines, hasta bosques mal explorados, ciudades de frontera y grandes lagos sobre los que ninguna de las distintas razas que dominan el mundo conocido no ha conseguido clavar una bandera. En Guerras de Antigua Vamurta 3 se cierra la primera parte de la odisea de Serlan De Enroc, Sara, Álvaro Telan, Leandra y Dasteo. Surgen nuevos personajes y nuevos horizontes para dar paso a la segunda parte de la saga.
El próximo mes de mayo publicaré Guerras de Antigua Vamurta 4, que ya pertenece a la segunda parte del libro.
Cuando la odisea parece estar llegando a su fin, cerca de los grandes y misteriosos lagos que son frontera entre sufones, grises, vesclanos y hombres rojos, el camino de los héroes de Vamurta se abre hacia nuevos senderos. En esta novela de fantasía épica, Antigua Vamurta, lo reinvento todo para no cambiar nada. Eso sí, quedan en sus páginas otros aromas, a lo mejor son los de siempre: la aventura, el esfuerzo y la lucha de un puñado de seres lejos de sus hogares, el amor y la venganza como fuerzas vitales. En los Lagos, las distintas civilizaciones han sido incapaces de dominar sus aguas, acaso atemorizadas por las antiguas leyendas que rodean todo lo que tiene que ver con este profundo abismo sobre la tierra.
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«Volvieron al salón donde ardía aquella gigantesca fogata. El viejo preguntó por Sara, por su familia. Aquel patricio había perdido mujer e hijos hacía muchos años, durante el naufragio de una de sus naos de tres palos que hacía la ruta entre Vamurta y las colonias. Desde entonces, había recorrido mundo. No, no había intentado fundar un nuevo hogar. Había visitado las ciudades zigurat de los sufones y las ciudades fortificadas de los vesclanos. También había conocido tribus de pescadores que prosperaban en las costas, al sur de las colonias, y había visto las tierras de los hombres rojos.
—Orgullosos, salvajes y obcecados. Muy capaces de cumplir con la palabra dada, un don que los grises hemos perdido —dijo de ellos.
Había conocido las tres ciudades de los puros, pero hacía tiempo que no había vuelto por allí. Se había establecido en la Ciudad de los Lagos cuando esta era poco más que un conglomerado de casas y factorías. Los avisó de que la ciudad estaba regida por dos señores más, Asc, el sufón, los aventajaba a él y al tercer señor en hombres y riquezas. Un sufón, decía el viejo, que no dudaba en estrangular o en dejar a pagar deudas si el otro no era lo bastante poderoso como para reclamárselas.
De los lagos dijo que eran una tierra virgen. Nadie había sido capaz de establecerse en las lejanas islas centrales. Enfermedades y leyendas rodeaban la desaparición de quienes lo habían intentado. Se hablaba de muchos desparecidos. Tripulaciones enteras y familias, de las que quedaban sus cabañas derrumbadas, escondidas en la casi permanente niebla y la densa vegetación.
El Alma Blanca era el centro de aquellas aguas, el centro de los lagos, una superficie enorme donde no se distinguía la línea tortuosa de las riberas.
—Explica una leyenda sufona que allí, las aguas son tan profundas que se comunican a través de túneles eternos con los mares. Se dice que abajo, muy abajo, habitan los primeros sircads, que ningún ser de nuestra tierra puede herir. Dice la leyenda que esas fosas abisales son el hogar de algún tipo de cíclopes marinos, un tipo de bestias gigantes, capaces de engullir y arrastrar hasta la más absoluta oscuridad una gran barca de pesca. Yo os puedo decir que cerca de allí he visto tiburones azules como el cielo y espricones largos como cinco hombres. Todo un mundo, todo un mundo…
Creo, y debéis recordarlo, que los lagos son las aguas de todos pero también son aguas de corsarios, y sí, nadie sabe bien qué hay en el Alma Blanca, ni qué hay en sus entrañas, muy abajo, donde no llega el calor del sol. No son aquellas buenas aguas para navegar.
El viejo patricio se calló de repente, haciendo una mueca extraña, como el que recuerda un mal pasaje del pasado. Se levantó y antes de marcharse los citó en la taberna de las Dos Anclas, a la mañana siguiente.
Serlan y Sara volvieron a su nuevo hogar. Pasaron la tarde acondicionándola y sacando polvo. Antes que llegara la noche, cuando las cosas guardan silencio. Se abrigaron y salieron a pasear. El conde no sabía cocinar, así que tras lavar las dos truchas y la carpa que habían pescado en el lago, dejó que Sara las hiciera en el rudimentario horno de arcilla, mientras él la observaba, bebiendo breves sorbos de vino.
Aquella noche, los dos sufrieron pesadillas. Algo los hundía en un remolino del que no podía salir, hacia el fondo de las aguas del lago, hasta el negro absoluto.»
Pues así, y, tras leer esta pequeña noticia, eres el segundo sorprendido/a. Unos tipos han montado una empresa en la zona alegal de la red que se dedica a crear y difundir audiolibros gratis de un montón de autores, teles, radios, programas, etc. La empresa se llama ivoox. Cualquier cosa que genere tráfico, supongo, y sus correspondientes ingresos publicidad mediante. Unos anuncios del BBVA, de Habitaclia o de Ford que no os podéis saltar en este mundo gratuito de Internet.
Ente los miles de audios está la historia de fantasía épica de Vamurta completa, dividida en 18 audios, narrada a una sola voz por una máquina con acento de Barcelona, me pareció, lo que no deja de resultar un tanto irónico. Una voz monótona y robótica. ¿No se podrían haber gastado la pasta y hacer algo un poco bien? Con sonido ambiente, bien leído, con voces distintas para los distintos personajes y el narrador. Y las pausas. Un relato sin pausas no es más que una cacofonía similar, en variedad de ritomos, a la monótona musicalidad de una fotocopiadora. No, todo barato, ¡es el tráfico lo que importa!
Y todo muy cómodo para los smartphones y sistema similares gracias a las “apps para dispositivos iOS y Android”, lo que quiere decir algo de suma importancia, aunque yo no lo entienda. Pues nada, si alguien, por alguna razón esotérica, le interesa escucharlo os dejo el enlace: http://www.ivoox.com/vamurta_sb.html?sb=vamurta
Un breve apunte para comentar que ha salido una concisa crítica a la saga de fantasía épica Antigua Vamurta, de Igor Kutuzov, que como bien sabéis es el seudónimo que vengo utilizando, lo que ya es en sí una buena noticia.
Supe de ella por el portal Good Reads, (Goodreads - AV), donde los lectores reseñan, comentan y puntúan los libros que han leído. Desde aquí os animo a que puntuéis el libro en Good Reads, Amazon u otras plataformas de ebooks.
La crítica a la literatura fantástica de Vamurta se puede leer en el blog de Libros de Olethros (Leer Crítica). Desde aquí agradecerle al señor Olethros, que creo es un viajante de la historia y en particular de la historia militar, además de un fino crítico literario, haber transitado y escrito sobre el mundo de Vamurta.
«Fantasía más “medieval” que estrictamente “fantástica” (al menos durante buena parte de la trama), con ecos “históricos” en su forma de narrar y en lo narrado propiamente», sostiene Olethros. En algunas críticas me dan buenas ideas y motivos para leer. Por ejemplo, en la presente, se afirma que Antigua Vamurta tiene momentos homéricos, algo que puedo corroborar, y remite a la saga de fantasía de Las Monarquías de Dios, una saga que no he leído pero que seguro leeré después de leer esta referencia y porque dicha colección de historias está muy bien valorada en los círculos de lo fantástico y ciencia ficción. En fin, la crítica es concisa y señala con sinceridad lo que le ha gustado y lo que no, algo que siempre resulta constructivo.
Desde diciembre, también en Google Play...
https://play.google.com/store/books/details/Llu%C3%ADs_Vi%C3%B1as_Marcus_Antigua_Vamurta?id=Qq 2gBQAAQBAJ
La novela de Antigua Vamurta (Saga Completa) está también disponible en la plataforma Lektu a 0.99 €. Lektu es una plataforma española de ebooks, ya era hora, que vende los ebooks sin sin DRM para descarga directa y con compatibilidad 100%.
Os dejo el enlace: https://lektu.com/l/igor-kutuzov/antigua-vamurta/4829
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