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- 18-06-2010 a las 21:52
Ahora que ya tengo hijos a los que intento descubrirles el placer de la lectura, me vienen de vez en cuando recuerdos de mis primeras lecturas, robadas de esas horas de siesta obligada en verano en ese pueblo de la alpujarra, en que el calor era sofocante y las cigarras ensordecían y atontaban los sentidos.
Después de comer mi madre solía hacer la ronda de dormitorios verificando que todos y cada uno de nosotros estábamos en nuestra cama, con las persianas echadas y el vaso de agua en la
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